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Xolotlcalli: ajolotes en la capital queretana

“La casa del dios Xolotl” es un biomuseo que abrió sus puertas a través de la cafetería Ndali Centro de Conexión para llevar distintas especies del anfibio endémico mexicano a la ciudad de Querétaro, con el fin de desmontar sus mitos y concientizar sobre su naturaleza. Este se ubica en la calle José María Pino Suárez número 46.

¿Cómo surge Xolotlcalli?

Jesús Alejandro Pérez Andradre, titular de la iniciativa, concluyó su formación en Biotecnología en Arkansas State University Campus Querétaro (ASUCQ), y egresó con dos ajolotes propios. Sin embargo, tenerlos como mascotas “no cumplían un rol de difusión ni de educación ambiental”, que era el propósito que tenían en la escuela a través de un proyecto, indicó Pérez Andrade.

Con el deseo de seguir con tales fines, convenció a Juan Carlos Orraca Corona, quien es Biólogo por la Universidad de Guadalajara, de permitir un espacio dedicado a estos anfibios en su cafetería Ndali Centro de Conexión. Para completar el apoyo, Habacuc Vera, fundador y director ejecutivo de Zenbit, empresa de tecnologías de la información de código abierto, invirtió en el biomuseo para que pudiera abrir.

Como parte del equipo, también se encuentra Fernanda Legorreta, estudiante de Biotecnología en ASUCQ y directora general del Xolotlcalli; así como Guadalupe Martínez, bióloga por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) y encargada de mantenimiento de los ajolotes.

Más allá del billete de 50

Hasta el momento, cuentan con tres especies de las 17 que hay en México: ocho ejemplares de Ambystoma mexicanum, originarios de Xochimilco; dos de Ambystoma dumerilii, de Pátzcuaro; y uno de Ambystoma andersoni, de Zacapu, Michoacán.

Para tener estos 11 ajolotes, el equipo adquirió los especímenes en centros autorizados, o no clandestinos, donde los Ambystoma mexicanum pequeños llegan a costar 100 pesos, y los adultos, entre mil 500 2 mil 500. Así mismo, el biomuseo señaló que las especies dumerilii y andersoni llegan a ser más caras por considerarse “exóticas”.

Los ajolotes, según Guadalupe Martínez, son considerados eternos jóvenes, pues son salamandras que, en su edad adulta, mantienen sus características branquias, que son propias de su estado larval. Por otro lado, el equipo apuntó que el color natural de los Ambystoma mexicanum es el pardo, y no el popularizado rosa, que es el “resultado de una mutación genética o selección artificial por parte del humano”.

Actividades colaborativas

Para compartir el trabajo de conservación de los ajolotes, Xolotlcalli busca hacer colaboración con el grupo “Origen taller de barro” para crear ajolotes con la guía de personas que tienen discapacidad visual. Igualmente, ofrecerán talleres de hidroponía, que es el cultivo de plantas, principalmente, a base agua, para que lo cosechado se use en la cocina.

También planea hojas para que las infancias coloreen y, a la vez, conozcan “datos curiosos sobre cada especie” de ajolotes. Así, “el niño se lleva esta actividad creativa y un poquito de conciencia biológica”, recalcó el equipo del biomuseo.

Xolotlcalli también tendrá “actividades culturales relacionadas con la protección del medio ambiente” con apoyo de la Secretaría de Cultura del Estado de Querétaro (Secult). Además, buscará realizar eventos fuera del biomuseo a través de escuelas públicas y privadas, esto en colaboración con la Facultad de Ciencias Naturales (FCN) de la UAQ.

Para presentar los resultados de sus labores, Jesús Alejandro Pérez Andrade adelantó que se llevará a cabo el Festival y Congreso Internacional del Ajolote en octubre de 2026. Este incluirá la difusión de investigaciones sobre el género Ambystoma y presentaciones artísticas, como danzas, dibujos y fotografía científica. El Festival será apoyado por la Secult, la Secretaría de Turismo del Estado de Querétaro (Sectur) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

“La desinformación causó su extinción”

Por ahora, xolotlcalli.mx, como se encuentra en Instagram, cuenta con recorridos para conocer las especies, y están gestionando, junto con la FNA, la adquisición de cuatro ejemplares del ajolote Ambystoma velasci, que habita en la Reserva de la Biosfera Sierra Gorda de Querétaro.

Para ello, solicitarán permiso a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y a la Semarnat. Los ajolotes velasci serán exhibidos y reproducidos, y una vez que hagan la biorremediación de su hábitat, los reintroducirán de manera controlada y evaluativa, dado que su población ha disminuido.

“El género Ambystoma es importante en los ecosistemas, y el ir moviendo la mira hacia otras especies, es importante para los temas de conservación”, expresó la bióloga Guadalupe Martínez, quien verifica que la estancia de los anfibios sea de 16 grados centígrados y que siempre funcionen los filtros de agua.

El ajolote “recibió mucha atención de muchos lados, pero la desinformación causó su extinción más rápido”. Con las actividades del biomuseo, las personas conocerán “qué hacer para conservar esta especie que tanto gusta”, concluyó la directora general de Xolotlcalli, Fernanda Legorreta.

Christopher Chávez Gómez

Periodista en formación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ. Interesado por la Lingüística y las redes sociales. Cuando menos se lo esperó, un orgasmo de tinta corrió por él; y después de un arranque textual, bien supo cual era el punto final.

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