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#YoSoy132 carece del potencial de “ninis”: Arturo Yamasaki

“Los ninis son un elemento que está en potencial rebeldía, falta que tengan la claridad para llevar a cabo eso”, expresó el investigador de la FCPS

Foto: Mariana Díaz

Por: David Eduardo Martínez Pérez

A 44 años de la masacre de Tlatelolco, los jóvenes del movimiento #YoSoy132 carecen del potencial para generar movilizaciones sociales de grandes proporciones, potencial que sí tienen los llamados “ninis”, afirmó Arturo Yamasaki Cruz, investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) de la UAQ.

 

“Los ninis son un elemento que está en potencial rebeldía, falta que tengan la claridad para llevar a cabo eso… a diferencia de los actuales movimientos estudiantiles como el #YoSoy 132, que están muy desestructurados, despolitizados y desvinculados de los problemas y de las estructuras sociales”, aseguró el especialista en Desarrollo Socioeconómico por la Universidad Iberoamericana.

El académico también explicó que existen múltiples diferencias entre el movimiento #YoSoy132 y las protestas estudiantiles de 1968.

“El movimiento #YoSoy132 surge de una inquietud de democratización pero en el marco de demandas no muy radicales, sino demandas inmediatas para medio restaurar el régimen democrático o político.

“No son reformas enfocadas a igualdad social o el remedio de las grandes carencias. Sus demandas son mucho más endebles que las del movimiento del 68”, manifestó.

El autor de varios libros sobre desarrollo regional en Querétaro remarcó que ambos movimientos están originados en contextos sociales y problemáticas muy diferentes.

Señaló que el movimiento de 1968 se gestó en un entorno donde tras años de crecimiento económico, el panorama para los entonces estudiantes se tornaba negro debido a una inminente crisis dentro del capitalismo y debido a un régimen que “no satisfacía las necesidades de una sociedad democrática”.

“La sociedad mexicana pasó por un proceso de desarrollo a partir de 1940 (…) en el marco de ese crecimiento surge la inquietud estudiantil en términos de que exigían determinadas prerrogativas no satisfechas por el régimen, entre otras, una mayor libertad política y necesidades que requerían ser cubiertas”, recordó.

Consideró que el hecho de que el movimiento #YoSoy132 esté originado en una coyuntura electoral limita su posibilidad para analizar ciertas problemáticas sociales con la fuerza con la que debería.

“(#YoSoy132) es un movimiento contestatario que surge en medio de una coyuntura política y no viene de una organización social que reclame la satisfacción de necesidades no cubiertas”, advirtió.

 

“Los jóvenes del #YoSoy132 no son una amenaza para el régimen”

Para el académico, situaciones como la reforma laboral deberían transformarse en un detonante para radicalizar las demandas del movimiento.

Indicó que la situación de crisis que hay desde 1970 ha dejado muy desprotegidos a los trabajadores y que el grado de respuesta de los universitarios en ese sentido es ‘muy inferior’ al que se experimentó entre los inconformes del 68.

Yamasaki Cruz aseguró que el #YoSoy132 no representa una amenaza para el régimen vigente y que por eso no se ha dado una respuesta violenta del mismo nivel que la aplicada por el gobierno de Díaz Ordaz en contra de los manifestantes.

“El #YoSoy132 no es una organización estructurada ni clara, es muy circunstancial, es contestatario a un régimen para el cual no representa una amenaza por ningún lado”, dijo.

Aun cuando no negó que exista presión en contra de #YoSoy132, el investigador, quien estudiaba la preparatoria en el Distrito Federal cuando sucedió la masacre, matizó la respuesta que da el régimen a los movimientos actuales con lo que sucedía en la ciudad de México a finales de los sesenta.

“Uno detectaba cosas graves, uno veía soldados con tanques en las calles, había grandes balaceras, muertos desde antes de Tlatelolco, era un ambiente de mucha tensión y se vivía como algo que salía del rumbo de la vida cotidiana de la ciudad. En las noticias se comentaba mucho la indolencia de los estudiantes y la justificación del Estado”, señaló.

Consideró, sin embargo, que hay un sector de la población que puede transformarse en detonante de un estallido social debido a que sus demandas no han sido del todo satisfechas.

Aseguró que aunque los científicos sociales “no son futurólogos”, se puede hacer un pronóstico sobre los efectos a corto plazo de acontecimientos que ocurren en la actualidad.

En ese sentido manifestó que él advierte un foco de rebelión entre los siete millones de jóvenes que ni trabajan ni estudian.

Yamasaki Cruz garantizó que es tan fuerte la exclusión experimentada por este sector que actualmente representa una amenaza más grave que la que generan movimientos sociales a los que “se ve muy apagados”.

“En un futuro no mediato no hay mayor posibilidad a una respuesta estudiantil frente a las grandes carencias. Donde sí veo posibilidad es en esa gente joven que anda en la calle, no tiene trabajo y se enfrenta con un horizonte de nulas posibilidades”.

“(…) Por ahí pudiera esperarse algo de una cierta organización político juvenil en el caso de que llegaran a entender las formas dinámicas de lo que es lo político, lo económico y lo social”, concluyó.

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