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A 50 años del halconazo del jueves 10 de junio de 1971. 1968-1971. Organización estudiantil y represión


El 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971 se empatan por la infamia, por la manera en que actuó la autoridad de entonces; en uno y otro episodio fueron utilizados métodos violentos, se trató de operativos de Estado para desaparecer la inconformidad, en los que actuaron coordinadamente fuerzas policiales, militares y paramilitares. Ambos episodios se empatan porque sus víctimas, junto con otras más que se han sumado con el paso del tiempo continúan sin recibir justicia, como sociedad se trata de heridas aun abiertas en la memoria colectiva.

Suele interpretarse que el movimiento estudiantil de 1968 finalizó en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, y es más, esa interpretación mimetiza el movimiento de protesta estudiantil con la emboscada de la Plaza de las Tres Culturas, lo cual es impreciso, incorrecto e injusto. El M68 tuvo una duración de cerca de medio año, desde el 22 de julio hasta el 5 de diciembre cuando fue disuelto el órgano de dirección el Consejo Nacional de Huelga y sin embargo no concluye ahí, porque la experiencia organizativa y de toma de conciencia y acción de toda una generación se esparcirá en los años venideros hacia distintas esferas de la sociedad mexicana.

Caso parecido sucede con el llamado Halconazo, ocurrido el 10 de junio de 1971 en las inmediaciones de la Ribera de San Cosme. El jueves de corpus de 1971 oculta la organización y movilización estudiantil de los Comités de Lucha de distintas escuelas. El año de 1971 está marcado por el Halconazo por la represión a la manifestación estudiantil, integrada por estudiantes de las escuelas medias y superiores del Distrito Federal que mostró en más de un sentido claramente el perfil autoritario y sanguinario del gobierno de Echeverría, que por más que trató de distanciarse de Díaz Ordaz a nivel discursivo, mostrando cierto perfil de progresista y enunciando una apertura a la oposición.

Sobre los motivos de la marcha, en los testimonios de sus participantes bastante se ha dicho, todo apunta a mostrar apoyo al movimiento estudiantil de Nuevo León y a demandas de los Comités de Lucha. La manifestación que sería la primera en efectuarse en el espacio público de la ciudad, luego del 2 de octubre de 1968, y que por lo tanto representaba una victoria simbólica porque nuevamente se ejercía el derecho a la libre manifestación, porque nuevamente se ganaría la calle. La marcha suponía el inicio de un nuevo ciclo en la movilización luego de Tlatelolco, pero irónicamente reafirmó la tendencia autoritaria del régimen. El ataque del grupo paramilitar de los “Halcones” dejó un número indeterminado aún de personas lesionadas, fallecidas.

A pesar de los paralelismos, hace falta entender qué procesos sociales, políticos, organizacionales y hasta represivos están presentes y conectan a ambas fechas.  Propongo poner atención en un seguimiento más puntual lo que ocurre entre 1969, 1970 y 1971, para abonar a un entendimiento más claro. Ni la movilización estudiantil ni la represión terminaron en 1968 y volvieron a aparecer como por generación espontánea en 1971. 

Me referiré a dos realidades:

  1. La violencia de Estado, digamos la represión a movimientos sociales de oposición y
  2. La organización social popular, es particular la movilización estudiantil movimiento estudiantil post 1968, para con ello establecer claramente las continuidades y abonar a explicaciones integrales. 

Con la aprensión de los principales líderes del Consejo Nacional de Huelga en la prisión de Lecumberri, la organización estudiantil, diezmada pero aun presente, queda a cargo de los brigadistas, que como base en 1968 ahora, obligados por las circunstancias maduraron y tomaron la dirección de los comités de lucha. Mientras se exige la libertad de los presos del movimiento de 1968, se les visita en el Palacio Negro, también se resiste a los ataques represivos de las autoridades educativas que bien expulsaban o no dejaban inscribir a estudiantes que habían participado en el movimiento. Las autoridades patrocinaron a grupos porriles para amedrentar y en una mancuerna con las fuerzas federales, inscribieron a jóvenes militares y agentes, mismos que nunca lograron pasar por estudiantes comunes y fracasaron en su labor encubierta para reportar sobre la movilización estudiantil en las distintas escuelas. Entre 1969 y 1970 hubo movilizaciones estudiantiles en la Ciudad de México pero dentro de las instalaciones universitarias o politécnicas así como eventos de solidaridad internacional.

En 1969 se combatió lo más que se pudo al candidato Luis Echeverría Álvarez (LEA), se sabotearon eventos de su campaña y se mantuvo una incesante labor de arrancar propaganda y quitar toda su publicidad. Todavía como candidato Echeverría cobraría la osadía, en las vísperas del año nuevo de 1970 un grupo de presos políticos del movimiento estudiantil que permanecían en huelga de hambre fue atacado, las autoridades del penal instigaron a los presos comunes para que los asesinaran, algunos fueron atacados pero terminaron hiriendo y golpeado a algunos y robando las pertenencias de todos. Este acontecimiento tuvo eco en los comités de lucha que mantuvieron la exigencia de su liberación.

En noviembre de 1970 en un mitin en el Casco de Santo Tomás, los comités de lucha se enfrentaron con grupos de choque que impidieron que la manifestación saliera del espacio politécnico, algunos asistentes del evento coinciden que se trataba de algunas células de los Halcones, pero que en esa ocasión no llevaban armas de fuego, y que los estudiantes los superaban en número y coraje: “hicimos correr a los Halcones”.

Respecto a la represión, que no se detiene luego de 1968 y que se aprecia claramente con los Halcones, basta decir que desde los días del movimiento estudiantil existían grupos parapoliciales como el de los Halcones, como el de Los Boinas Rojas de Netzahualcóyotl. O el grupo “Zorro” que se dedicó a hostigar y atacar las guardias de las escuelas en paro y que posteriormente provocaron la explosión de artefactos en oficinas públicas para escenificar la existencia de extremistas a finales de 1968 y durante 1969. El grupo Zorro tomó su nombre del apelativo de su jefe el coronel Manuel Díaz Escobar denominado “Zorro plateado” y quien posteriormente será la cabeza de los Halcones.

En el año de 1970, por recomendación del jefe del Estado Mayor Presidencial Capitán Luis Gutiérrez Oropeza y artífice de la emboscada del 2 de octubre, se formalizó el grupo, con el objetivo de vigilar las instalaciones del metro, del sistema de agua y drenaje y del tendido eléctrico de actos de vandalismo y de sabotaje. Al mando de este grupo se encontraban oficiales del ejército mexicano entrenados en los Estados Unidos en tareas de contrainsurgencia y control de multitudes, como Díaz Escobar. Estos oficiales reclutaron, entrenaron y organizaron a su vez a grupos de jóvenes proletarios miembros de pandillas o desertores del ejército que empezaron actuar desde ese momento y hasta por lo menos el 10 de junio de 1971.

En la década de 1970 proliferarán grupos paramilitares al amparo de autoridades militares y de la secretaria de gobernación. El esquema de los Halcones se replicó con los “agentes confidenciales” que tenían los jefes de Zonas Militares. Al igual que los Halcones eran civiles entrenados, armados y protegidos. Entre 1974 y 1976 los agentes confidenciales en Monterrey, Guadalajara y Acapulco efectuaron asaltos y secuestros simulando que los habían cometido grupos armados revolucionarios, alimentaron el miedo de empresarios y gente adinerada, a la que se ofertó protección. Amparados en la impunidad también comenzaron a controlar otras actividades ilícitas como el narcotráfico.

 

*Historiador por la UNAM

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