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Arizmendiarreta: La vocación solidaria de los vascos

Euskal Herria mantiene una tradición industrial desde el desarrollo de la industria del hierro, durante los siglos XVI y XVII. Buena parte del territorio entierra importantes yacimientos del mineral. Además, su posición geográfica permite aprovechar el mar para la salida de los productos de esta explotación hacia el exterior. Estos son algunos de los factores por los cuales en el siglo XX, la industria floreció en la región.

A medio camino, entre Vitoria-Gasteiz y el golfo de Bizkaia, se encuentra Arrasate-Mondragón, un pueblo guipuzkoano que inició su desarrollo industrial desde el principio del siglo XX, por la misma vía del aprovechamiento del hierro. De hecho, el acero de la zona todavía es reconocido a nivel mundial. A inicios del siglo XX, el acero de Arrasate-Mondragón era aprovechado sobre todo por tres empresas privadas, las más grandes dedicadas a la cerrajería.

Con la llegada del tren vasco-navarro a la ciudad -en 1919- las empresas pueden vincularse de mejor forma al desarrollo regional, uno que se ve frenado con el estallamiento de la revolución obrera y luego la Guerra Civil entre 1934 y 1937.

En los años posteriores y en medio de un panorama desalentador en Euskal Herria, el padre José María Arizmendiarrieta (1915–1976) es nombrado vicario de la parroquia de San Juan Bautista en Arrasate-Mondragón. A su llegada al pueblo, no fue bien recibido por su parroquia debido a sus misas confusas, incluso enviaron una solicitud al obispo para que lo transfiriera de parroquia. Sin embargo, se trataba de una persona de acción para quien las ideas, si no se materializaban, no tenían mucho sentido. Desde la acción parroquial, el sacerdote Arizmendiarrieta se convirtió en el fundador del que hoy es el mayor grupo empresarial del País Vasco y el mayor grupo cooperativo del mundo: Mondragón Corporación Cooperativa.

Todo inició con la fundación de una escuela fundada para preparar 20 alumnos con una formación técnica. Hoy en día esa escuela es conocida como la Universidad Mondragón. Con algunos de sus exalumnos formó la cooperativa ULGOR, empresa desde la cual se inició un cooperativismo que hoy reúne distintos perfiles industriales, entidades bancarias, previsiones sociales y claro, la enseñanza y centros de investigación tecnológica.

Con la finalidad de recuperar la obra del padre Arrizmendiarrieta, el pasado 7 de mayo, en el Azkuna Zentroa de Bilbao se presentó un documental que relata la vida y obra del ‘Hombre cooperativo’ (2018) título que lleva el largometraje. A la presentación acudieron el director y productor de la película-documental, Gaizka Urresti, ganador de un premio Goya en 2014; el director musical, Kepa Junquera, y buena parte de los realizadores. También estuvo presente el Consejero de Cultura del Gobierno Vasco: Bingen Zupiria; así como el profesor Fernando Molina, autor del texto en el que se basó la obra y quien realiza buena parte de las entrevistas presentadas a lo largo del largometraje.

En la presentación, Urresti rescató el papel que las cooperativas han jugado en el desarrollo del País Vasco. En buena medida, el señalamiento del director, me parece que ilustra lo que se puede percibir precisamente en la sociedad vasca y su tejido social. Las cooperativas son potentes impulsoras del desarrollo de este país. El sentimiento de pertenencia que es tan palpable en la convivencia cotidiana se traduce, en este caso, en la coordinación a nivel personal que alcanza a llegar al nivel empresarial.

Otros invitados al evento destacaron la participación del sacerdote en la historia de Euskal Herria. Sencillo e idealista fue capaz de traducir la solidaridad y el cooperativismo que resultaba natural entre los habitantes de los pueblos vascos hacia un emprendedurismo sustentado en valores. Desde su bicicleta con la que recorría las calles de Arrasate, logró sostener plazas de empleo aún en los tiempos más duros.

Al aprovechar e impulsar la educación como cimiento, fortaleció el tejido social como uno de los propósitos del trabajo. La base que sostiene el grupo corporativo Mondragón mantiene la filosofía de Arizmendiarreta: “soberanía del trabajo”, que significa entenderlo como “el principal factor transformador de la naturaleza, de la sociedad, y del propio ser humano”. Por lo tanto, el capital queda subordinado como instrumento del trabajo. Esto justifica extender a todos los trabajos una remuneración justa que no esté vinculada a los resultados.

Al mismo tiempo se describe la solidaridad como base de crecimiento. La intercooperación de las empresas al interior del grupo, con empresas vascas y hacia el exterior es y ha sido fundamental en el desarrollo. El fondo de su acción es fiel a la visión del sacerdote fundador: una voluntad de transformación social solidaria que se apropia de los valores del cooperativismo internacional construido desde la educación.

Arizmendiarrieta murió “con lo puesto”. Una de las anécdotas de la película describe que no contaba ni siquiera con un abrigo para los fuertes inviernos. Sin embargo, hoy la Corporación Mondragón reporta inversiones por más de 457 millones. Está compuesta de 268 unidades que emplean a 74 mil 335 personas de los cinco continentes. Cifras lo colocan como el primer grupo empresarial de Euskal Herria, con presencia de sectores productivos en todo el mundo.

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