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Cuando al Primer mundo le da gripa, al tercero le da pulmonía

Enfermedades, epidemias y pandemias. Excesos, procesos y negocios. En la historia de la humanidad siempre han muerto personas por todos esos y más fenómenos socio biológicos y desde que los medios se confirman en ese rol de vehículos de información y se consolidan como redes sociales, responden como un cuarto poder.

De diferentes maneras y bajo diferentes advertencias, he vivido supuestas pandemias: cuando cursaba la primaria, desde los libros de historia y el real vivido, aparecían monstruosidades, como la peste bubónica, la viruela loca, la viruela negra, difteria, paludismo, tuberculosis, todas ellas con carácter pandémicas (en la escuela nunca mencionaron la sífilis, no era política ni moralmente adecuado explicar en primarias y secundarias la dinámica de esta enfermedad).

Cataclismos, pueblos arrasados, el plus agregado en las clases de historia de la primaria: estas enfermedades en México no existían, fueron ocasionadas por “la conquista y los hábitos de los españoles”.

En la mente infantil, esta información no era menos que terrorífica; igual, en la historia de la humanidad ¿a quién le importa lo que la población pueda sentir y pensar?

Después, en unos tres momentos distintos, toda la población estudiantil, por lo menos en mi escuela primaria así ocurrió, fuimos vacunados contra el sarampión y tosferina primero, contra la polio, aquí el plus fue que teníamos un par de compañeros en silla de ruedas por haber contraído este gran mal de época.

Después, la reina de las vacunas, fue contra la tuberculosis, digo reina porque a diferencia de las anteriores que era como “raspadito” con un mini agujita -valga el diminutivo-, esta era con jeringa y agujota inyectada en el hombro. Pasados los años, reflexiono y me pregunto: ¿cómo fue que mamás y papás autorizaron estas campañas de vacunación?

Después de que concluí la primaría, catorce tal vez, apareció en los medios, el retorno de la apocalipsis pandémica, ahora una enfermedad de orden moral, la sexualidad posmoderna, “hacer el amor y no la guerra” tuvo implicaciones, como consecuencia: el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) que primero y por mucho tiempo fue transmitido por vía sexual entre homosexuales.

Se expande y reconoce que personas sedicentes heterosexuales, tienen prácticas promiscuas, homosexuales sin protección, siendo así como el sida se transmitió a mujeres y criaturas en gestación; luego la contaminación se expandía de manera exponencial, entre comunidades de personas adictas que intercambian sus jeringas contaminadas, además del entonces usual, mercadeo de venta/donación de sangre.

Los medios, igual que ahora, tenían copado el tema. No se hablaba ni se opinaba de otra cosa, desatándose movimientos globales masivos homofóbicos y discriminatorios: otro tipo de pandemia, esta no viral y sí social.

Paralelamente se instaura una cultura paranoica de abstinencia sexual, de culpa moral, y condenación de almas impuras. En México surge la película “Sólo con tu pareja”; en el marketing, la gente no iba a dejar de tener relaciones sexuales, el enganche estuvo con la ecuación de “no deje de tener relaciones sexuales, use condón”; la venta de preservativos se disparó a los confines del universo consumista.

El sida fue el tema y objeto de mercadeo número uno del planeta por mucho tiempo, más aún cuando lo llegaron a padecer personalidades del mundo artístico, deportivo y político. El gran escándalo moral y la víspera a la época de las nuevas realidades de la humanidad. El sida cubrió todo el planeta y los medios se encargaron de aderezar la nota de las maneras más inverosímiles e inimaginables…

Hasta Querétaro tuvo su momento de fama internacional y con su milagrosa “agua de Tlacote” como remedio eficaz contra esa y cualquier otro tipo de pandemia, inmensas peregrinaciones hacia Tlacote el Alto en busca de su elixir de dioses… se cultivó el rumor de que la súper estrella del basquetbol, Irving Magic Johnson, una de las primeras celebridades mundiales declarada en público como afectado por el sida, había venido por su tambo de agua sanadora.

Lo que se cultivó finalmente fue una epidemia insalubre porque la gente no tenía dónde hacer sus necesidades y quedaban a descubierto sus heces fecales. Una cosa por otra. Cuando se industrializa el agua de Tlacote el mito se diluye y las peregrinaciones desaparecieron.

La contra parte de este movimiento homofóbico fue el del surgimiento y consolidación del movimiento homofílico y la convivencia explícita y aceptada del mundo no sólo homosexual sino LGBT…

Pasan otros casi 30 años y aparece otra nueva enfermedad pública: la Influenza. El presidente en turno recomienda no andarnos besuqueando, no saludar de mano, al toser y estornudar emplear el antebrazo como barrera higiénica de contención del malévolo virus, suspensión de clases en todos los niveles, cierre de todo tipo de comercios y lugares públicos; “lávense las manos cuantas veces puedan” “usen gel anti bacterial y cubre bocas de la mejor calidad”, ambos de venta en farmacias y tiendas de auto servicio.

Quédense en su casa, no salgan (¿?), es como si fueran la combinación perfecta de una medicina y antídoto baratos. Obviamente, el gel y cubre bocas se escasearon, compras de pánico. La promoción y venta de estos consumibles populares se viralizaron y se tornó en un éxito comercial arrollador e indiscutible; en el ámbito de las empresas transnacionales productoras de los medicamentos correspondientes, también, éxito multimillonario.

Doble negociazo. como consumibles también se dispararon haciéndose un producto consumible de éxito incuestionable. El legado de la influenza es la vacuna anual en infantes, mujeres embarazadas y personas adultas mayores. Por cierto, el mundo no se paralizó porque en México padeciéramos este padecimiento.

Enfermedades, epidemias y pandemias. Excesos, procesos y negocios. En la historia de la humanidad siempre han muerto personas por todos esos y más fenómenos socio biológicos y desde que los medios se confirman en ese rol de vehículos de información y se consolidan como redes sociales, responden como un cuarto poder. Quien tiene y maneja la información tiene el poder de movilizar a grandes masas.

Estas muertes ocurridas en los países de “primer mundo”, se han tornado en altamente preocupantes, se han tornado, sin querer queriendo, consumibles rentables, no hay futbol, ni basquetbol, ni conciertos; pero la tv, el radio, las redes no dejan de bombardear a la población para que compre, pero no racionalmente sino frenética, irracionalmente. Hoy es algo ya visto cuando, por ejemplo, la gasolina no fue distribuida puntualmente y la población estuvo en un pelo de caer en un ataque de histeria colectiva.

Se vive en el exceso, y no lo percibimos hasta que nos lo privan, sin embargo, los excesos no cederán ni un paso atrás porque no hay una cultura de cuidado de sí mismos, la ley implícita es consumir al máximo cualquier cosa y exprimirla.

Ahora, once años después de la influenza, aparece el consumible denominado Coronavirus; hoy, días después de la marcha de mujeres y el paro nacional “Un día sin mujeres”, supuesta y coincidentemente aparecen en Querétaro casos diagnosticados, la pregunta obligada ¿esto es un sabotaje mundial? ¿Quién será el ganón ahora? ¿Qué celebridad tendrá que “enfermarse” para que empecemos a llenarnos de ansiedad y no pensar de manera reflexiva y crítica?

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