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Ecología Profunda para transitar hacia una Convivencia pacífica

Hoy 16 de mayo, en el mundo se celebra el día Día Internacional de la Convivencia en Paz, decretado por las Naciones Unidas en su resolución 72/130, en donde se reconoce la imperiosa necesidad de eliminar todas las formas de discriminación e intolerancia, destacando que para lograrlo, es absolutamente necesaria la colaboración de la sociedad civil organizada, el sector educativo y el sector gubernamental; quienes deben trabajar en sincronía, alentando la creación de capacidades, oportunidades y marcos de cooperación, que exhorten a la sociedad a transformar las creencias estructurales y culturales, que favorecen acciones, comportamientos y conductas discriminatorias, tales como el racismo, la xenofobia, la homofobia, la discriminación por género, por religión, por discapacidad, por edad, entre otras. Estos prejuicios perpetúan desigualdades y marginación que violentan los derechos de las personas a vivir en una sociedad incluyente y a tener una convivencia pacífica.

Para hablar de convivencia en paz, es necesario hablar en principio, de aquellos factores en los que se basa la forma actual en la que convivimos: la violencia, la discriminación y la intolerancia. No cabe duda que la convivencia entre las personas, así como la que se tiene con el medio ambiente, se ha ido transformando de manera acelerada, destacando las conductas violentas y egoístas que promueve el modelo de desarrollo en el que nos encontramos inmersos. Consecuencia de esto, es el estilo de vida que tenemos y la búsqueda del concepto de “éxito” que nos venden constantemente los medios de comunicación. El consumismo que todos practicamos y, que beneficia a unos cuantos, fortaleciendo el modelo capitalista que, a su vez, nos lleva a generar estragos irreversibles en el planeta; nos esta orillando a cada vez, ser más individualistas y egoístas, alejándonos de nuestra propia naturaleza y de la consciencia de que somos parte de un todo, de que cada decisión que tomamos impacta en nuestro entorno, además de que la Tierra, es hasta el momento, el único planeta conocido que tiene las condicione para sustentar la vida como la conocemos.

Aunque este día, está enfocado al fenómeno de la convivencia entre humanos, por esta ocasión, quiero poner el foco en la convivencia de la humanidad con el planeta. Ésta debería estar contemplada como la primera relación de convivencia para reflexionar en este día. En la naturaleza podemos observar con inmediatez la violencia y el egoísmo, con que la humanidad se relaciona; es un tomar constante de recursos, para generar riqueza en beneficio de unos cuantos y empobrecer a la mayoría, es un deteriorar sin cesar del ambiente, para proveer condiciones de comodidad y estatus a costa de la vida de otras especies, es nuestro modelo de desarrollo actual, tal como lo ha venido expresando el escritor y activista Wendell Berry: «La economía es la explotación de la comunidad humana y del medio ambiente, para beneficio financiero a corto plazo de unos cuantos». Continuar en esta dinámica, reducida a la acumulación de riqueza para unos cuantos, nos coloca en una carrera entre educación y catástrofe global, puesto que como menciona el Dr. David Suzuki: “…en un mundo interconectado, el deterioro que estamos haciendo a la naturaleza y a otros seres vivos, eventualmente nos afectará a todos.”

Para este momento, la intensión de estos párrafos, ha sido dejar muy clara como la manera de convivir que hasta el momento ha tenido la humanidad, no solo entre sus semejantes sino con todo lo que le rodea, ha creado nuevas formas de pobreza y ha agudizado las desigualdades sociales. Aunque pareciera que todo empeora cada vez más, sabemos que la respuesta está en migrar hacia una forma de desarrollo sostenible, donde la convivencia con todo y con todos en el planeta sea de forma pacífica, enmarcada por la consciencia, el interés por el otro, la valoración a la vida misma, la solidaridad y la justicia. ¿Cómo podría suceder? Se dice que es necesario un compromiso colectivo, con acciones constantes desde lo local hasta lo internacional.

De manera reciente han surgido propuestas para acercarnos como humanidad, al camino que nos lleve a ese tan anhelado desarrollo sostenible, una es la Ecología profunda, propuesta por Arne Naess, a partir de 1972. La ecología profunda es una propuesta que destaca el hecho de que, para lograr una convivencia en paz entre los seres humanos, es primordial tener un respeto profundo por todas las formas de vida y, reconocer el valor inherente de cada organismo, independientemente de su utilidad para las personas. La ecología profunda tiene su origen en la idea de que todos los seres vivos, incluidos los humanos, son interdependientes y coexisten en un delicado equilibrio.

Quizás la reflexión más profunda y urgente que nos invita a hace la ecología profunda, es repensar nuestras acciones y cuestionar el estilo de vida, basado en el consumismo insostenible y la explotación sin límite de los recursos naturales. Es así que, la ecología profunda nos lleva a reconocernos como un organismo más de la naturaleza y no el ser dueño de la naturaleza con la autoridad de tomar lo que ella quiera. Es urgente transformar esta manera piramidal de convivir no solo con el medio ambiente, sino entre las personas; en una manera totalmente consciente de la dependencia vital que tenemos del planeta y de que se mantenga si no integro, en condiciones conservadas, así como, de privilegiar la cooperación en lugar de la competencia. En la esencia de la ecología profunda, está el reconocimiento de que la salud y el bienestar de la humanidad están intrínsecamente ligados a la salud y la integridad del medio ambiente.

Es así que, la vivenciación a nivel colectivo, de la propuesta que hace la ecología profunda, puede acotar el tránsito hacia una convivencia pacífica entre las personas, al fomentar una cultura basada en el respeto, la compasión y la cooperación con nuestros semejantes y con la vida que nos rodea en sus diversas formas. Con el mero hecho de reconocer nuestra interdependencia con el mundo que habitamos, nuestra fragilidad como seres vivos y el lugar que ocupamos en la naturaleza, podremos como colectivo, construir un futuro más equitativo, justo y sostenible donde la violencia en cualquiera de sus manifestaciones no tenga cabida.

Flor Alicia Rodríguez Vázquez

Coordinadora de Gestión Educativa para una Cultura de Paz UAQ

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