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El movimiento armado socialista: una historia de rupturas

Si el movimiento jaramillista, y su liquidación significa el final histórico-político y el fin del zapatismo histórico y del campesinado en este proceso de luchas; 1958 es el inicio de una ruptura histórica.

El final de un proceso revolucionario no significa necesariamente el triunfo de los actores. En la revolución mexicana, su conclusión no significa el triunfo de los sectores y las clases populares que participaron en esta lucha. Después de la revolución de 1910, y su aparente final en 1917, el conflicto social no termina, y la efervescencia permite que aparezcan organizaciones que desean continuar la lucha en el marco de la nueva legalidad, del régimen existente.

Aparecen diversas organizaciones tanto obreras, de artesanos, campesinos, entre otras, en todo el país, incluso en localidades alejadas de los centros urbanos. La disputa entre las facciones que participan en la revolución mexicana continúa durante varios años, a pesar de que se establece la vida institucional a través del Partido Nacional Revolucionario fundado por Calles, que es el abuelo del Partido Revolucionario Institucional.

El régimen post-revolucionario sufre modificaciones y aparece una institucionalidad que es defendida con toda fuerza, con el ejercicio de la violencia, del discurso político, de la demagogia; se consolida el bonapartismo mexicano, ese gobierno que aparenta estar al margen de las clases y ser un equilibrio entre ellas, pero que está el servicio del capital.

Aparecen otras organizaciones político-partidarias y organizaciones sociales independientes que deciden enfrentar al nuevo régimen. El Partido Comunista Mexicano, desde 1919, que en años posteriores jugaría un importante papel en las luchas de los trabajadores; posteriormente aparece el Partido Popular. Ambos dirigidos y orientados por el pensamiento estalinista. El Partido Popular, como apéndice del gobierno, aplaude en todo tiempo y en todo momento las decisiones del gobierno.

La contradicción las luchas de los trabajadores y sus demandas frente a un Estado represor, no encuentra alternativa en las organizaciones políticas y sociales existentes. A finales de 1950 se produce todavía un levantamiento por un caudillo zapatista, Rubén Jaramillo, quien después de firmar una tregua con Adolfo López Mateos, es salvajemente asesinado junto con su familia; 1962 es así el final de cualquier aspiración de confianza en el gobierno y de las organizaciones que pandean entorno de su política.

Si el movimiento jaramillista, y su liquidación significa el final histórico-político de querer continuar por la vía de las armas la revolución mexicana, y el fin del zapatismo histórico y del campesinado en este proceso de luchas; 1958 es el inicio de una ruptura histórica.

En ese año surgen diversos movimientos sociales con características similares, sectores urbanos, trabajadores de la industria y servicios, que pertenecen al nuevo proletariado y que realizan movilizaciones exigiendo el cumplimiento de sus demandas frente al gobierno que se declara benefactor y continuador de la revolución mexicana; otro elemento es que prácticamente todas estas movilizaciones, al margen de sus líderes impuestos, llamados genéricamente “charros”, buscan una dirección independiente desde el punto de vista político, lo que le da una connotación histórica a este proceso.

Telegrafistas, maestros, ferrocarrileros, tranviarios y otros sectores paralizan actividades, se movilizan a lo largo y ancho de todo el país, y nacen nuevas organizaciones de izquierda socialista y comunista que están en franca ruptura no tan sólo con el gobierno sino con las organizaciones de izquierda sometidas a las políticas del estalinismo.

En 1959 triunfa la revolución cubana, lo que constituye todo un hito mundial, sobre todo en América Latina; dos años después esta revolución que no siguió los dictados de Moscú, y que, por la vía armada, es decir por la vía revolucionaria se hace del poder, se declara socialista.

Este fenómeno inicia una oleada de discusiones en las organizaciones de izquierda en América latina, coloca en la mesa el debate entre continuar con la política de frentes populares y de alianzas con la burguesía nacionalista, y, por otro lado, de alcanzar el poder por la vía de las armas y la lucha por el socialismo. Para algunos sectores, la lucha por el socialismo por la vía revolucionaria y su ejemplo en Cuba, demuestra que la victoria es posible aún a pesar del mito de que la cercanía geográfica con los Estados Unidos sería un impedimento.

La lucha de ejidatarios y pequeños propietarios en Chihuahua se entrevera con la lucha del magisterio y de otros sectores de trabajadores, que encuentran en la UGOCM su expresión social, y en el Partido Popular su expresión política. La contradicción entre el objetivo de llevar estas luchas al triunfo y desde luego la instauración del socialismo como una política de un gobierno al servicio de los trabajadores lleva al rompimiento del grupo encabezado por Pablo Gómez con el Partido Popular y con lo UGOCM.

Nace el Grupo Popular Guerrillero en Chihuahua que realiza algunas acciones armadas, mal llamadas de autodefensa por algunos académicos, pues dichas acciones no son de autodefensa, son de carácter ofensivo, llegan a los puntos de enfrentamiento buscan la superioridad táctica a partir de una táctica militar de decisiones rápidas, y vencer al enemigo, representado por las guardias blancas que sean ejecutadas, caciques ajusticiados, puentes dinamitados.

El GPG no nace para la autodefensa, sino para la ofensiva, para el ataque, para intentar repetir la epopeya cubana y conquistar el poder e instaurar el socialismo. El GPG decide iniciar su propia historia asaltando su propio Moncada, se propone que sea un 16 de septiembre, para recordar a la independencia mexicana, pero deciden que sea justamente una semana después para iniciar un nuevo hito, el 23 de septiembre de 1965, cuando intentan tomar por asalto el cuartel de Madera en la serranía de Chihuahua.

El grupo no logra su objetivo y es mayoritariamente abatido, pero se genera un hito, nace una esperanza.

En 1967, en Guerrero, de manera paralela nacen dos organizaciones armadas que se enfrentan al gobierno, una de ellas es el Partido los Pobres liderado por Lucio Cabañas, el otro es la Asociación Cívica Revolucionaria dirigida por Genaro Vázquez.

El movimiento estudiantil y popular de 1968 se convierte en caldo de cultivo de estos nuevos impulsos; aparece una dirección del movimiento, de carácter representativo, que es el CNH, constituido por representantes de todas las escuelas; mientras tanto, los activistas se organizan en brigadas y comités de lucha, que llevan las tareas de agitación y de propaganda a todo el Distrito Federal, e incluso llegan a diversas partes del país.

El movimiento del 68 no se reduce al 2 de octubre, sino que deja múltiples enseñanzas y es el catalizador para el surgimiento de nuevas organizaciones armadas socialistas, pero las diferencias ideológicas no permite colocarlas a todas en el mismo tablero, y menos considerarlas similares, idénticas por el hecho de estar armadas y reivindicar en forma genérica un proyecto socialista.

Algunas como la Unión del Pueblo, antecedente de la PROCUP y del EPR, tiene una mezcla de demandas no socialistas como la lucha por la tierra por el campesino, las escuelas para los estudiantes, es decir una especie de reivindicaciones pequeño-burguesas desde la perspectiva marxista.

Los últimos años de la década de los 60 y los primeros años de los 70, nacen múltiples organizaciones, siglas y proyectos; pero no sólo entre el activismo juvenil se presenta la efervescencia, incluida la Juventud Comunista, sector juvenil del mismo partido en donde su principal dirigente Raúl Ramos Zavala rompe con el PCM y junto con otros militantes se escinden para iniciar la lucha armada.

En un recorrido diverso, otras organizaciones que tenían cierta implantación social, sus sectores dirigentes se radicalizan como algunos sectores de la Liga Leninista Espartaco, y con esto suman al trabajo que tenían en los sectores fabriles y campesinos.

El gobierno mexicano para 1972, prácticamente logra desmantelar, desarticular y aniquilar a la mayoría de las organizaciones que habían surgido, pero una idea estaba presente en varias de las organizaciones, formar una sola organización y nace la llamada Organización Partidaria como un primer intento de unificación.

El 2 de febrero de 1972 es asesinado Genaro Vázquez; el Partido de los Pobres y Lucio Cabañas declinan participar y decide no incorporarse. En marzo de 1973 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, de la OP nace la Liga Comunista 23 de septiembre como la expresión de unificación de las organizaciones revolucionarias bajo un solo proyecto, un solo programa; un curso accidentado en dónde los debates y las divisiones se presentan prácticamente desde su fundación; están presentes distintas visiones respecto de cuál debería ser el proyecto y con ello los elementos centrales.

La historia vista así, es una serie de rupturas y también de continuidades; hay una ruptura entre Arturo Gámiz y Rubén Jaramillo, pero también hay una continuidad en el sentido de representar los intereses de los trabajadores; la ruptura fundamental es considerar que, dentro del sistema, del régimen capitalista no hay posible mejora en las condiciones de vida.

Existe una ruptura entre Arturo Gámiz y las organizaciones que lo preceden, sobre todo una ruptura política e ideológica, que considera que el pensamiento reformista, de querer continuar con la revolución mexicana por la vía institucional, a través de los espacios legales o en alianza con el Estado benefactor y el nacionalismo revolucionario no es posible.

Hay una continuidad entre los grupos armados que aparecen después de la gesta de Arturo Gámiz, pues consideran que la lucha por la conquista del poder es una lucha que se ejerce por la vía armada, es decir violenta, hay una continuidad al reivindicar el socialismo como fin de este movimiento.

Sin embargo, hay una progresiva ruptura ideológica en donde no todos los grupos rompen con la ideología reformista, pues algunos se consideran una extensión del movimiento llamado democrático, mientras que otros, a pesar de no participar en la lucha armada, rompen ideológicamente con el pensamiento socialista dominante, en primer lugar con la línea dictada desde Moscú, denominada genéticamente soviética, y posteriormente con la línea llamada maoísta, derivada de la orientación del Partido Comunista Chino.

Los ecos de la revolución soviética, de la revolución china, y sobre todo de la revolución cubana impactan en las nuevas organizaciones de izquierda socialista en general y en particular de las que reivindican la lucha armada. La Liga Comunista 23 de septiembre se convierte entonces en un crisol, en donde todas estas rupturas toman cuerpo en una plataforma programática, ideológica, política e incluso militar.

Hay un claro deslinde en relación al pensamiento soviético y a las orientaciones maoístas; hay una ruptura total con el pensamiento reformista, hay una ruptura con el pensamiento militarista de las organizaciones que revindican el foco guerrillero y las teorías de Marighella para la lucha armada, además hay una clara afirmación de que el proyecto está dirigido a la creación de un partido revolucionario, comunista, y sin declararse trotskista, reivindica el proceso revolucionario en México como parte de un proceso revolucionario mundial y que la revolución debe ser de carácter internacional y en contra de la idea del “socialismo en un solo país” apotegma estalinista.

A la par hace suyos conceptos propios del Comunismo de Izquierda que es una ruptura primaria en la Tercera Internacional, y con ello rompe con la concepción de participar en la organización de sindicatos, en los parlamentos o procesos electorales; del Comunismo Consejista que es una continuidad y a la vez una variante del Comunismo de Izquierda, reivindica la lucha por el poder de los trabajadores que debe materializarse en la construcción de organizaciones representativas en la forma de Soviets o Consejos de representantes; reivindica que el partido debe tener no sólo una teoría política de vanguardia, sino también una política práctica y militar de vanguardia; por ello debe ser una organización político-militar embrión de un Partido y a la vez del Estado Mayor de un Ejército Revolucionario.

Desde esta perspectiva, la aparición del movimiento armado por el socialismo, y en particular la existencia de la Liga Comunista 23 de septiembre, no es tan sólo una ruptura radical en la izquierda en el ejercicio de una política armada, sino es la expresión orgánica, materializada, de una ruptura ideológica, política y teórica que constituye el andamiaje sobre la cual se soporta su proyecto político.

Al estudiar al movimiento armado socialista en México, y a sus organizaciones, hasta ahora, ni historiadores en general ni en la historiografía este aspecto de los proyectos políticos y su contraste se ha estudiado, y se aborda de manera genérica el fenómeno del movimiento armado socialista en México en su contemporaneidad, como un solo movimiento que se expresa bajo diferentes siglas y no como expresiones políticas concretas de proyectos políticos diversos.

Madera en 1965 un 23 de septiembre, es aún punto de partida de un profundo proceso el cual sigue pendiente de un estudio que esté a la altura de la magnitud de una de las más profundas rupturas en todos los órdenes en el pensamiento y quehacer en la izquierda socialista mexicana.

 

*Exmilitante de la Liga Comunista 23 de septiembre, expreso político y director del Archivo del Periódico Madera.

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