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Erradicar las brechas de género y la violencia hacia las mujeres en la educación superior en México

En el marco del 8M, es importante reconocer el avance que han tenido las mujeres en el acceso a la educación superior. De acuerdo a datos de la plataforma del Explorador de Datos del Estudio Comparativo de Universidades Mexicanas (ExECUM3) desarrollada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del 2014 a 2022 el porcentaje de la matrícula de mujeres en las Instituciones de Educación Superior en México ha aumentado 4%, tanto en licenciatura como en posgrado.

Durante 2022, las mujeres conformaron el 54% de la matrícula total de educación superior de nuestro país y 52% de la de instituciones públicas de educación superior. En el caso de la UAQ la presencia de mujeres inscritas en nuestros programas educativos para el mismo periodo fue de 58%.

A pesar de los avances registrados, resta mucho por hacer, pues el acceso de las mujeres a derechos, como en este caso al de la educación, no garantiza su goce permanente o el acceso a otros. Desde el ámbito institucional, aún resulta indispensable seguir modificando nuestras estructuras con el objetivo de eliminar todas las prácticas de discriminación y violencia que permanecen y que son sostenidas por una serie de estereotipos que encasillan a mujeres y hombres a solo un tipo de posibilidades.

Un ejemplo de lo anterior se puede observar en la matrícula de algunos programas educativos que registran una presencia bastante mayoritaria ya sea de hombres o de mujeres, debido a creencias sobre posibilidades sociales o cognitivas diferenciadas por sexo. De igual forma, la presencia de las mujeres en roles de liderazgo y en disciplinas científicas y tecnológicas sigue siendo limitada, además de enfrentarse durante su desempeño profesional con la brecha salarial, que para 2022 en nuestro país fue del 14%, de acuerdo a datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

A este panorama debemos sumar la sobrecarga y explotación de trabajos domésticos y de cuidados depositados de manera casi exclusiva en las mujeres, sin reconocimiento social, económico o político.

Las desigualdades mencionadas colocan en una mayor situación de vulnerabilidad a las mujeres en nuestro país, que de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía Inegi (2021), el 70% mencionaron haber experimentado un hecho de violencia a lo largo de su vida.

Para avanzar, resulta fundamental reconocer que tanto la desigualdad y la violencia de género, por su carácter estructural, se encuentran también arraigadas en estructuras académicas y administrativas y que requieren de atención urgente y estratégica para su eliminación. Por lo tanto, debemos reflexionar, cuestionar y transformar estos espacios para asegurar la equidad de oportunidades para todas las personas.

La eliminación de las desigualdades y la erradicación de la violencia de género requiere un compromiso firme que se refleje desde un ámbito macro en políticas, programas y acciones institucionales, así como a través de nuestras acciones cotidianas como miembros de la comunidad universitaria, ya que la igualdad es un tema que nos compete a todas y todos.

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