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ETA un largo proceso de lucha armada ¿El fin? Una opinión políticamente incorrecta

Ya no hay lucha armada, pero que el Estado español no siente en la mesa a dialogar y acordar los términos -como ha sucedido en otros conflictos- hace que este sea un final unilateral, con más voluntad y madurez política del lado de los terroristas.

Hablar del conflicto vasco supone tocar fibras muy sensibles en los habitantes de este país. Se ha sufrido mucho a causa de ello. En muchas familias hay historias que estremecen. Hoy en día uno puede pasear por los parques, entrar a cualquier bar a la hora que sea y pedir un ‘pintxo’ y un ‘pote’ de ‘txakoli bizkaino’: “el de Guipozkoa es más seco”, me dice un parroquiano. Tampoco hay restricción alguna por cuestiones políticas. No me imagino otro Bilbao más que este pero intriga pensar en ello.

El comentario generalizado que nos hacen siempre termina con un “esto no ha sido así, Bilbao era feo, gris sucio”. No me lo creo. Pero sí, así era Bilbao en los años setenta y ochenta. Con el pasado industrial, Bilbao tenía el puerto en el centro de la ciudad, la Ría Nervión olía a aceites, gasolina, petróleo y pescado; la lluvia y el humo de las fábricas marcaban el ambiente plomizo de la villa del Bilbao más industrial y del astillero más grande del norte de la península. A ese ambiente gris hay que sumarle la lucha armada que se libraba en las calles de las capitales vascas: aquí había que andar con cuidado, no entrar a determinados bares o caminar por algunas calles del Casco Viejo, había periodistas con protección, la ‘Ertzaintza’ (policía vasca) iba con la cara cubierta, mucha gente por la mañana revisaba el maletero o el bajo del coche. Hoy en día todo aquello parece pasaje de una novela negra.

Hablar del conflicto vasco supone hacer un recuento histórico de siglos, que se recrudeció en la dictadura de Franco. El dictador suprimió las libertades y el reconocimiento del pasado histórico del pueblo vasco: el idioma, las leyes (fueros) y las costumbres. Todo eso quedó borrado por órdenes del bando nacional. En ese entorno de represión por parte del Estado español, en 1958, nació la organización ETA (Euskadi ta Askatasuna – País Vasco y Libertad). La organización que se reivindicaba como socialista, revolucionaria, vasca y de liberación nacional, inició su lucha armada tres años después de su formación. Sin embargo, el que se considera el primer hecho con el que se visibilizó en el Estado fue el atentado en 1973 al almirante Carrero Blanco, presidente del gobierno español, en el barrio de Salamanca en Madrid.

Después de 45 años, todo ha llegado a su fin. Las cifras de atentados y muertos son estremecedoras: 837 personas fallecieron y se documentaron más de 4 mil casos de tortura policial. La mayoría de los medios cubren las voces de las víctimas del Estado español. Esas son las versiones que también se replican en México. Pero la historia no se cuenta de un solo bando, el pueblo vasco ha sufrido y aún están abiertas las heridas del conflicto. Se hace evidente que el Estado español no ha sido sensible al sufrimiento de una parte de las víctimas, hay gente que en verdad creía en los motivos de la lucha armada organizada.

El proceso de paz no ha sido para todos, me relatan: “Hay chavales que por incendiar contenedores de basura han sido detenidos, acusados de terrorismo y enviados a las cárceles de Huelva, a mil kilómetros de su familia”. Es inhumano.

El 4 de mayo de 2018 se cierra un capítulo en la reivindicación nacional vasca pero el conflicto prevalece. ETA cierra el libro, ¿pero qué sigue para Euskal Herria? “Ahora lo prioritario son los presos, ya no existe ETA, ni la excusa de ETA” es contundente el periodista Martxelo Otamendi. La política penitenciaria que ha aplicado el Estado es inhumana y vengativa, no tiene ya razón de mantenerse. Por otro lado, la relación con el Estado va a depender de las instituciones, el caso de Catalunya es evidente: si te portas mal, te va mal, si te portas bien, te irá bien. El Estado va a utilizar la fuerza y el dinero como medida de control.

Mientras esto sucede, las reivindicaciones por la autodeterminación prevalecen en un amplio sector de la sociedad vasca. De otras formas, en otras versiones, con otros colores. El domingo 6 de mayo la organización de la sociedad civil ‘Gure Esku Dago’ (Está en nuestras manos) continuará con una consulta ciudadana que realiza por los ayuntamientos y el 10 de junio organiza una cadena humana de 2 mil 19 km en favor del derecho a decidir.

A partir del 4 de mayo no hay lucha armada, pero que el Estado español no siente en la mesa a dialogar y acordar los términos -como ha sucedido en otros conflictos, incluidos los latinoamericano- hace que este sea un final unilateral, con más voluntad y madurez política del lado de los terroristas que por parte de Estado. Se intuye que esto causará que las heridas no terminen de cerrar. El reto ahora es la convivencia, la vuelta a casa de los presos políticos y la libre determinación de un pueblo que mantiene su lucha por existir.

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