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Felices fiestas

La vida sigue, los países continúan igual, el mundo no deja de rodar, hay hambre, delitos, muerte, desastres naturales. Todo eso merece respeto y atención, misma que no pretendo minimizar, pero es innegable que  ese sano esparcimiento al que tenemos derecho.

Resulta imposible renunciar a la felicidad. Resulta imposible no ilusionarse ante la posibilidad de felicidad. En muchos casos esa misma ilusión es la propia felicidad.

Ante mi escaso conocimiento psicológico en el tema, apelo sólo a los sentimientos propios, esos que a lo largo de la vida me han dejado momentos tan únicos como diferentes. La época navideña, la noche de Reyes, esos minutos antes de una cita, el inicio de un viaje… los días previos a una Copa del Mundo.

Algunas personas a las que les he comentado que incluso el aire en la calle huele diferente cuando faltan sólo días para el Mundial, como mínimo, me han dicho ‘loco’. Otras, un pequeño porcentaje, me han dado una palmada y me ha hecho saber que sufre de la misma enfermedad que yo. No es fácil de explicar pero existe una emoción en el ambiente que sólo se siente en las vísperas de este evento. Es una alegría generalizada entre los que medidos la vida en periodos de cuatro años.

Por supuesto que la vida sigue, los países continúan igual, el mundo no deja de rodar, hay hambre, delitos, muerte, desastres naturales. Todo eso merece respeto y atención, misma que no pretendo minimizar, pero es innegable que  ese sano esparcimiento al que tenemos derecho llega a su clímax en estas fechas para unos cuantos millones de locos.

Meses antes la televisión muestra plazas públicas en El Cairo, París, la Ciudad de México o Bruselas que hierven de felicidad ante la calificación de sus selecciones a la máxima justa deportiva. Con los días contados imagino niños en las calles de Nigeria, Serbia o Argentina que se ilusionan de la misma forma con una victoria de los suyos.

Por más partidos perdidos, por más estadísticas negativas, por más lógica y realidad esa noche antes de que todo comience, cuando has dejado tu zapato con toda la ilusión, cuando te colocas el cinturón en el avión, cuando has llegado a tocar el timbre a casa de la mujer de tus sueños, esa noche… puedes ver a tu Selección levantado la Copa del Mundo.

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