Gaslighting político

Me gusta comparar el tema de la polarización entre “cochistas”, “ciclistas y peatones” con la polaridad de ver la vida a través de la perspectiva de género y no verla desde esa perspectiva.
Y es que quiero pensar que la falta de sensibilidad viene de no salirse de una propia realidad para mirar la realidad de la otredad. Y esa realidad llega a ser tan ajena que no trastoca.
Así como el auto disocia naturalmente por la propia estructura, el privilegio hegemónico de ser hombre en una sociedad patriarcal, disocia al género masculino de la realidad de las mujeres.
Por eso y volviendo a la analogía con los autos, es común escuchar en 2024 cosas como “esos ciclistas ocupan toda la calle”, “por eso los atropellan por no usar el puente”, “esas ciclovías sólo quitan espacio y estorban”. Y es que no nos bajamos del auto para caminar por una calle, subir un puente o andar en bicicleta. Desconocemos la realidad del otro.
Muchas veces he sido testigo de situaciones que me dejan un mal sabor de boca, como por ejemplo, ir a una comida de una autoridad municipal o estatal y que en la mesa principal sólo haya hombres y que las mujeres estemos sentadas en mesitas más pequeñas a los lados, como en las bodas sientan a los niños. Y es que esas mesas, las principales, son para los adultos… claro, los adultos hombres.
Y cuando increpé al hombre organizador, la respuesta es: “es que ya no caben”. No lo dijo mal intencionado, le salió del alma; suena cruel, pero fue honesto y natural. Y eso es lo que más me preocupa, que no haya vergüenza y que esté tan normalizado el dejar de lado a las mujeres.
¿Cuándo van a mirar desde la perspectiva de género? ¿Cuándo van a cambiar su narrativa?, ¿Por qué la responsabilidad siempre es de las mujeres? Empodérate mujer, sal adelante, dí no, denuncia.
¿Cuándo va a será “Hombre: Incluye, se equitativo, no violentes, no abuses, no violes, no mates”?
Y efectivamente es 2024 y en Querétaro hay muchos lugares donde todavía no cabemos las mujeres. En política por ejemplo, la paridad se quedó en un concepto. Y las mejores posiciones son para los hombres, para las mujeres interinatos, puestos temporales poco trascendentes, regidurías, y diputaciones locales recicladas.
Qué vergüenza que aprovechando la inconstitucionalidad de la reforma a la ley electoral local, y sin ser obligados por ninguna fuerza externa, la pirinola caiga en la cara de “toma todo”… si eres hombre.
Me parecen patéticos sus “clubes de Toby”. Falta que pongan un letrero en la puerta que diga: “Guácala las niñas”. ¿Acaso no se dan cuenta que la mitad de la población somos mujeres? Nos faltan 119 años para conseguir terminar con la brecha salarial, que el sistema de cuidados cae sobre nuestros hombros, que estamos hartas del discurso cursi de “yo amo a las mujeres porque vengo de una”. Qué antigüos son y siguen siendo.
Una sociedad mixta, heterogénea y equitativa, es más rica, más saludable, simplemente más justa.
Por eso levantamos la voz siempre que se pueda, por eso no pedimos por favor los espacios, los arrebatamos. Por eso no pedimos perdón, porque ya no queremos mirar hacia el suelo ni reírnos de sus chistes misóginos, por eso ya no queremos aguantar sus manoseos, sus miradas lascivas y sus propuestas sexistas.
No queremos estar en guerra, pero necesitamos ganar todavía más batallas.
No hombres, no los odiamos, sólo estamos agotadas de tener que estar reclamando derechos que per se son nuestros y nos vienen tácitos.
Cierro mi computadora y me subo a mi auto, el cual no está diseñado pensando en una mujer como yo, sino para el cuerpo de un hombre. En ese momento, el vigilante me saluda con un «Buenas noches, muñequita. Que descanse». Observo mi cuenta bancaria, que es tres veces menor que la de mi novio. Suspiro y pienso sobre lo lejos qué lejos estamos, pero también cuánto hemos avanzado.



