Invitados

Hay que reconvertir el periodismo: Martxelo Otamendi

Martxelo Otamendi pide a los periodistas a que se formen, viajen, aprendan porque así es este oficio, lo mismo que estén muy al día en el desarrollo de nuevas plataformas y tecnologías. Cree que el periodista tiene cada vez menos margen para su iniciativa.

El debate sobre la libertad de expresión y el ejercicio del periodismo ha sido desde hace tiempo una prioridad para quienes analizamos las sociedades democráticas o en transición a la democracia. Euskal Herria ha vivido procesos políticos y sociales muy duros, acompañados de violencia, y éstos se reflejan no solo en la parte política sino en el periodismo y en la cultura.

Los años convulsos del conflicto

En febrero de 2003 un juez de Madrid determinó cerrar y detener a los directivos del diario en ‘Euskaldunon Egunkaria’ (El Periódico Vasco en castellano). Este diario era desde 1990 en único periódico del País Vasco que se editaba al 100 por ciento en euskera. Diez personas fueron detenidas en el mayor ataque contra la libertad de expresión por parte del gobierno central de España en contra de un medio de comunicación en los últimos años.

La falta de argumentos jurídicos y de comprobación de los hechos que se imputaban (acusaban que el diario de ser controlado por ETA y a la directiva del periódico de miembros de la dirección de ETA) fue en gran medida lo que provocó la indignación de amplios sectores de la sociedad vasca. Entre los procesados (y torturados por cinco días) en aquellos actos se encontraba Martxelo Otamendi (Tolosa, 1957). En ese momento era director de aquel diario y hoy dirige Berria (Novedades en castellano), en cuyas oficinas, ubicadas en el Martín Ugalde Kultur Parkea en Andoain (Guipozkoa), nos recibe para la entrevista.

Es el mismo lugar donde se encontraba Egunkaria. Es la misma oficina que la Guardia Civil española registró por más de cinco horas aquel mes de febrero de 2003, recuerda Martxelo cuando inicia nuestra plática: Son los mismos muebles, la misma mesa.

Resulta escalofriante el relato: “A mí me torturaron para obtener información de las entrevistas que hice a ETA en el año 98, 99 y 2000”. El escándalo internacional que provocó todo aquello fue mayúsculo: diarios y publicaciones de todo el mundo voltearon a este pequeño país para dar cuenta del abuso que el Estado español había cometido en contra de un periódico diario y periodistas en ejercicio de su profesión.

La libertad de expresión, era un tema sensible en los años más duros del conflicto: ETA mató periodistas, los GAL (grupo antiterrorista organizado por el gobierno español) también mataron periodistas, en ese periodo de más de 25 años, la libertad de expresión se defendía incluso con la vida.

Hoy, en Euskal Herria el momento es diferente; para empezar, no hay un contexto de violencia como el que se vivía en 2003 (ETA se desarmó en 2011 y anunciará su disolución en las próximas semanas). Le pregunto a Martxelo, ¿Qué significa ser periodista hoy en Euskal Herria? No duda en contestar que el panorama ha cambiado mucho en los últimos años. Hoy en día ya no se asesinan periodistas pero sigue habiendo, por parte del Estado o las empresas, inconformidades, molestias por el pleno ejercicio de la libertad de expresión: “A todos los gobiernos del mundo, a todos, de cualquier signo político, de derechas o de izquierdas, les molesta la libertad de expresión. Los mecanismos de presión ahora son diversos: puedes ahogar económicamente la publicación no insertando publicidad institucional, sugiriendo a los bancos no otorgar algún crédito, sólo que en España no se guardan las formas se hace a la brava, en Catalunya te machacan la cabeza si vas a votar y aquí (Euskal Herria) se cierra un periódico.”

No obstante, las presiones que pudiera haber o rezagos del franquismo que prevalecen en el gobierno de España “con Berria nunca ha habido problema, alguien se dio cuenta en España que cerrar un periódico fue una metida de pata”. Porque, claro, las manifestaciones de apoyo fueron enormes. Recuerda una en particular en Donostia – San Sebastián, tres días después del cierre de ‘Egunkaria’ se reunieron más de 30 mil personas reclamando justicia. Ese apoyo luego se transformó en alrededor de 5 millones de dólares para iniciar Berria. “Hoy mantenemos la misma línea editorial, se sigue dando prioridad a ser un periódico en euskera (tiene un tiraje de catorce mil ejemplares)”señala Martxelo Otamendi.

Apuesta por un periodismo de subjetividad honrada

Luego del periodo de violencia el panorama es diferente, las prioridades son otras pero la mirada hacia las causas sociales sigue siendo el referente para Berria bajo la dirección de Martxelo Otamendi. El periodista debe concebirse a partir de su función social, al menos así lo pienso; es contundente el entrevistado: “el periodismo no es objetivo. Existe la subjetividad honrada” afirma. ¿Cómo podríamos definirla? “hay que comentar las cosas como son, pero no inventar las cosas. Nosotros somos un periódico que tenemos una línea clara, un código ético claro. Por ejemplo, no nos gustan las centrales nucleares y lo decimos. No somos objetivos y menos si nos la van a instalar a 2 kilómetros, como pretenden hacerlo. No vamos a inventar consecuencias de las centrales nucleares que no estén demostradas científicamente pero sí podemos hablar con grupos ecologistas o científicos; en un conflicto laboral preferimos hablar con los obreros o trabajadores que con la patronal; nos gusta más la gente de izquierda que de derecha; preferimos publicaciones que hablen lenguas minorizadas (como el euskera) para que nuestros lectores conozcan la situación de las culturas y lenguas de minoría. Ese es el interés del diario. Entonces esto no es objetividad, el periódico asume la línea que compartimos y sobre eso trabajamos somos subjetivos y lo sintetiza en tres conceptos: calidad, rigor en la información y una línea editorial”.

La reivindicación de la libertad de expresión a partir de esta subjetividad honrada, para Martxelo, es ampliar el concepto y el entendimiento de la libertad de expresión hacia otros sectores. Recuperar en el amplio espectro el sentido de lo público referente a lo colectivo y el papel del periodista en su función social.

La libertad de expresión en Europa no puede ser lo que dijo algún famoso editor español hace muchos años: libertad de expresión es tener mil 500 millones de pesetas y publicar lo que te venga en gana, eso no es libertad de expresión, enfatiza Otamendi. La libertad de expresión es algo mucho más serio. Lo que sucede es que el ejercicio de la libertad de expresión, en España, ha sido por mucho tiempo un ejercicio muy exclusivo de grupos con propiedades y viabilidad económica. Ha sido un buen negocio, quizá hasta la crisis de 2008, pero no ha sido accesible a capas de población muy importante. Sin embargo, en Euskal Herria ha habido medios de comunicación de iniciativa social como el caso de Egin (cerrado por el gobierno español en 1998), Deia (periódico aún en circulación), Egunkaria en su momento y ahora Berria, pero no hay muchos más ejemplos de periódicos con estas características. La constante es que los medios de comunicación y el monopolio de la libertad de expresión permanezcan en grandes consorcios con intereses y dependientes de muchos factores, lo cual no permite en las redacciones el pleno ejercicio de la libertad de expresión a partir de la apuesta por la subjetividad honrada.

Hacia dónde se dirige el oficio

El futuro del periodismo es una de las preocupaciones que planteo al entrevistado: ¿Con el panorama que tenemos en la actualidad, qué tenemos en puerta? Es importante, sostiene, que existan consejos de redacción, manuales de redacción, manuales a los derechos del redactor para hacer frente a los corporativos, aunque esto es cada vez más difícil. Lo que sucede es que el periodista tiene cada vez menos margen para su iniciativa. Es cierto que no todos los medios tienen o forman parte de iniciativas sociales, pero el periodista debe sentir la libertad de no firmar alguna información si antes se la han marcado, si se la cortan.

Otro cambio que vislumbra es que cada vez será más difícil ingresar a un medio de comunicación como lo concebimos ahora, con una redacción, un sueldo, etc. En el futuro próximo no parece que las actuales estructuras mediáticas amplíen sus plantillas de trabajadores, esto es así no solo en Euskal Herria o en España, es una situación que se observa a nivel global; por tanto va a ser muy difícil que jóvenes periodistas se vayan integrando a los medios o sustituyan a periodistas que se van jubilando.

No obstante, hay que animar a los periodistas a que se formen, viajen, aprendan porque así es este oficio, lo mismo que estén muy al día en el desarrollo de nuevas plataformas y tecnologías. Lo que hay que hacer es trabajar, buscar tener una salida económica, que sea viable, apostar por la información. Con las nuevas herramientas tecnológicas con espacios cada vez más limitados, como un tuit, hoy en día tenemos que reinventar el periodismo para convertirlo en un periodismo efectivo, un periodismo que cumpla con la función de los periodistas. Contar lo que pasa y sobretodo no permitir los abusos de los poderosos, ese es nuestro objetivo. El reto actual del periodista, con estas plataformas y en lo inmediato de la información, para Otamendi, es ponerle cara al sufrimiento y a la crisis, visibilizar las problemática y seguir contando historias. Ese debe seguir siendo el trabajo del periodista. Sucede que todavía no sabemos cómo cumplir estos objetivos en las nuevas tecnologías, ahí está la apuesta para los jóvenes periodistas.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba