Invitados

Humectar la vida

Nunca pensé que la crema humectante fuera ahora un aliado en mi vida. De más joven odiaba ponerme crema; decía yo que me hacía sudar.

Nunca pensé que la tranquilidad que ahora siento al estar un sábado en casa sea un aliado en mi vida. De más joven sentía que si no salía me perdería las diversiones de una alocada noche.

Nunca pensé que el escuchar a mi madre, platicar, salir con ella era la vitamina más humectante que precisa mi ser, de más joven peleaba mucho con ella y era áspera la relación.

Nunca pensé que tener cerca a la gente que quiero y hacer de su día momentos agradables, me da dicha y felicidad. Igual cuando joven pensaba que nunca necesitaría ponerme crema, que envejecer no me pasaría a mi.

Nunca pensé que el talento que mejoré con el paso de la vida ahora sea el motor de mi día a día. Encontré la humectación perfecta para mis días, a lo consistente de la creatividad diaria, la suavidad de las relaciones emocionales, el olor permanente de la persona que amo.

Ahora humecto mis manos con mi crema favorita, manos que próximas están a salir arrugas. Sonrió y sé que estoy haciendo las cosas bien, ya no me preocupa nada, cuido de mí y de los demás. A veces pido crema humectante a mis amigas y sonreímos al ponérnosla. Mientras frotamos nuestras manos hacemos un acto de amor propio y platicamos sobre nuestras actividades que haremos en el día, es un inicio de un rito, el inicio de una sororidad.

Este no es un comercial sobre crema humectante, esto es mis poros abiertos, es mi piel al desnudo. No quería escribir sobre una crema, pero es lo que ahora me hace feliz.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba