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Importancia de la perspectiva de género en profesionales de la salud mental que atienen a mujeres cisgénero adultas

En la experiencia que tengo como psicoterapeuta de mujeres adultas cisgénero, me he dado cuenta de algunas situaciones que suceden dentro del consultorio, que de no ser tratadas de la manera adecuada corren el riesgo de replicar violencias hegemónicas y repercutir negativamente en la salud mental de quien consulta, me refiero a aquellas relacionadas con el género por parte de profesionistas de la salud mental, las cuales pueden incluir los siguientes aspectos: sesgos asociados al género, influencia del género en el motivo de consulta o en el malestar psicológico, así como en el diagnóstico clínico y la intervención (Vergara, 2018).

Lo anterior alberga sus raíces en distintos factores, los cuales pueden ir desde la falta de sensibilidad hacia el género, es decir; que las, los, les psicológxs no estén capacitados en el tema o carezcan de sensibilidad hacia la diversidad de género, la falta de conciencia; que implicaría una carencia de reconocimiento hacia la importancia de abordar las cuestiones de género en la consulta, los prejuicios personales; que se relacionan con aquellas ideas preconcebidas sobre el género, lo que afectaría directamente en la capacidad para abordar estos temas de manera oportuna, así como la falta de recursos; que engloba el aspecto de la poca o nula formación profesional en el espacio clínico, lo cual puede repercutir en la capacidad para abordar estos elementos (Cornejo & Vásquez, 2019).

Las consecuencias de no contemplar la variable de género en los procesos de salud mental han llevado a distintas disciplinas, entre ellas la Psicología, a interpretar y descifrar los trastornos mentales a partir de los supuestos que las sociedades han creado en torno a lo que entienden por feminidad y masculinidad, la primera por lo general concebida como el binomio: pasividad-subordinación, mientras que la segunda conlleva: la actividad-poder. La justificación se basa en el hecho de que el modelo biomédico está regido por la heteronormatividad, lo cual coloca a mujeres y hombres en posiciones distintas en cuanto a los procesos de salud-enfermedad (Calatayud & Amigot, 2020). Sobre este aspecto desigual las feministas de la segunda ola fueron las primeras en colocar una lupa, encontrándose con que gran parte de la población femenina reportaba algún padecimiento mental o bien era canalizada a un psiquiátrico o se le medicaba, lo que las llevó a cuestionarse sobre la veracidad de los datos, ya que los sesgos existentes eran muchos considerando que la mayoría de estudios sobre enfermedades mentales eran realizados por y para hombres, lo que implicaba que no estaban contempladas las características específicas tanto biológicas como psicológicas de las mujeres (Ordorika, 2009).

Lo precedente encuentra su explicación en la historia de los inicios de la psiquiatría moderna, que colocó entre sus principales fundamentos a la mujer-madre como la condición normal y sana, mientras que su contraparte mujer-prostituta y/o erudita se consideraba lo desviado, donde el control de los cuerpos de las mujeres constituía la estrategia para la dominación y mantenimiento del sistema patriarcal. La psiquiatría como parte fundamental del dispositivo médico conformaba una de las tantas instituciones encargadas del control y vigilancia de las mujeres, representado a través de aspectos como la locura y la degeneración (Caponi, 2019). Es por ello, por lo que como profesional de la salud mental veo actualmente una necesidad de implementar la formación en perspectiva de género en el abordaje terapéutico a mujeres adultas cisgénero, para tratar de manera efectiva sus experiencias, promover la igualdad de género y contribuir a su bienestar emocional y mental en un sentido más amplio.

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