Invitados

Javier, Marco, Daniel

A los cinco cuervos que quieren la presidencia se les debería cuestionar cuántos muertos planean tener durante su gobierno y el pueblo debería decir ¡Basta ya! No tendría por qué haber más. Ya son demasiados. No son tres somos todos.

Hace dos semanas se publicó en este espacio la reseña del documental ‘Ayotzinapa, el paso de la tortuga’ (2018) de Enrique García Meza, una crónica fílmica que brinda un panorama del ataque a los normalistas de Ayotzinapa, cuando elementos de la policía de Iguala asesinaron a un estudiante y desaparecieron a 43 más.

La semana pasada salió la reseña de ‘Hasta los dientes’ (2018) de Alberto Arnaut que da voz a las familias de Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo, estudiantes que fueron asesinados por miembros del Ejército al interior del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

Esta semana la pesadilla volvió, no en un documental, sino en un atroz crimen.

Tres estudiantes de cine fueron secuestrados el pasado 19 de marzo mientras regresaban de un rodaje de Tonalá Jalisco. Varios sujetos que se autoidentificaron como agentes de la Fiscalía, amenazaron con armas a los estudiantes y los obligaron a que se tiraran al suelo, según relatan los testigos. Cuando levantaron la cara ya se habían llevado a los muchachos.

Javier Salomón Aceves Gastélum, Marco Francisco García Ávalos y Jesús Daniel Díaz García, estudiantes de Universidad de Medios Audiovisuales CAAV, fueron reportados como desaparecidos por redes sociales y después sus familias denunciaron ante la Fiscalía de Jalisco, en donde negaron su participación y se deslindaron al decir que los miembros del crimen organizado suelen decir que trabajan para la Fiscalía.

El 23 de abril, por la tarde, Raúl Sánchez Jiménez, fiscal general de estado de Jalisco. Informó en rueda de prensa que se habían detenido a dos presuntos implicados, Gerardo y Omar.

“Resultados concordantes y unívocos” declaró el fiscal al referirse al informe de la investigación donde se detalla que los estudiantes fueron torturados a golpes, asesinados y posteriormente sus cuerpos diluidos en ácido.

Parece ser que en este país es aceptable que diluyan personas en acido, ¿qué estamos haciendo?, desaparecen y asesinan estudiantes, pero nadie responde. La justicia parece un cuento para dormir, irreal e imposible.

Es cuestionable que la Fiscalía asegure la muerte de los cineastas en tan horribles circunstancias, cuando el dictamen de ADN no ha sido entregado a las familias. Por eso hasta el cierre de esta edición las familias no han aceptado el informe de la instancia, ya que no han recibido las pruebas de que los rastros de material genético encontrados coincidan con el de sus hijos.

La comunidad de cineastas en México se manifestó y repudió los hechos. Los alumnos del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) y el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) marcharon el martes 24 en la Ciudad de México y en Guadalajara más de 12 mil personas se unieron a CAAV y las familias de los estudiantes para pedir que sigan con la investigación.

En las redes sociales del presidente Enrique Peña Nieto se podía leer el día 24 sus condolencias por el atentado en Toronto y no fue hasta la tarde del día 25 que escribió algo referente al caso de los estudiantes, cuando el informe se había dado a conocer la tarde del lunes 23. Claramente una postura que pretende proyectar una imagen al exterior de solidaridad que no existe al interior, donde se desaparecen y matan cineastas.

En los dos últimos sexenios, una guerra contra el narcotráfico y la ausencia del Estado. Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto han sumado 234 mil 996 homicidios dolosos hasta octubre de 2017. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) e instancias de seguridad.

Nadie debería ser diluido en acido, estamos ante un Estado que no existe y en su lugar se alimenta un monstruo genocida. La Fiscalía dice que fue el crimen organizado, más específicamente el Cártel de Jalisco Nueva Generación. Así de fuerte se extendió la podredumbre, que un cartel incluso tiene una nueva generación.

En estos momentos a los cinco cuervos que quieren la presidencia se les debería cuestionar cuántos muertos planean tener durante su gobierno y el pueblo debería decir ¡Basta ya! No tendría por qué haber más. Ya son demasiados. No son tres somos todos.

Tiene razón aquel hombre, que al terminar de ver Ayotzinapa el paso de la tortuga gritó “¡¿Díganos qué podemos hacer?!” ante la desesperación del horror. Nadie responde, nadie sabe qué hacer.

Estudiantes de cine, que con su trabajo hacían los ejercicios de la escuela; existen los canales con sus primeros videos, sus perfiles de redes con sus fotos del diario. No hicieron nada malo sólo fueron a un rodaje, en otros países lo peor que te puede pasar es que se acabe el dinero de la producción, pero en México puedes morir por ir a hacer una tarea.

Soñar con tener un país donde los cineastas no tuvieran que hacer el trabajo de las autoridades con documentales que sirven mejor que las “verdades históricas” y donde pudieran ir a un simple rodaje… y lo más importante, pudieran volver.

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