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La Dama y El Nopal

Era finales de mayo del 2009, las campañas políticas por la gubernatura de Querétaro llevaban 3 semanas, pero el equipo panista naufragaba en las órdenes, contra órdenes, en una absurda verticalidad en donde no se movía una hoja, sino era con el visto bueno del auto proclamado coordinador general de las campañas albiazules: Ricardo Anaya.

El responsable directo de la campaña de Manuel González Valle, parecía títere del entonces secretario particular del gobernador. Cuando se interpelaba al equipo anayista del caos de la campaña, respondían que no había nada por lo cual preocuparse: “la gente votará por la marca PAN” se ufanaban.

Después de ocho años parece que Anaya no aprendió la lección, sigue pensando en término de marcas; ahora al PAN le quiso agregar otra más, un mal llamado “Frente Ciudadano”, que de ciudadano tiene poco. Pero le fallaron los cálculos, si la gente votó por el PAN en las últimas tres elecciones presidenciales, entre otras cosas, era porque llegaba con candidatos emanados de unas aceptables contiendas internas.

Era sabido que el candidato de Fox para sucederlo era Santiago Creel y el de Calderón, Ernesto Cordero. Sin embargo, quienes se impusieron por votación de los panistas fueron el propio Calderón y Josefina Vázquez Mota. Ambos llegaron a las contienda con un halo democrático que conectaba con las ansias de la sociedad.

En otras palabras, se podía hablar de cierta “marca PAN” porque el partido tenía una vitalidad interna, la cual se encauzaba a través de votaciones entre los propios panistas, había espacios para los disensos, hay una sentencia que los albiazules viejos repiten: “Donde hay dos panistas hay tres opiniones” esto para señalar la intensidad con la que se debatía. Desde hace algunos años esta fluir de ideas y visiones ha estado cerrándose, el pragmatismo electoral se ha impuesto en las principales decisiones partidistas.

La llegada de Anaya aceleró este proceso, lo que ahora importa es solo el ganar elecciones, he ahí la única lógica de un frente que aglutina el agua y el aceite. Ahora estamos ante el partido de un solo grupo, donde, al viejo estilo priista, el que se mueve no sale en la foto.

Es así como se llegó al escenario donde Margarita (‘La Dama’) abandona el partido y Ricardo ‘El Nopal’ Anaya (pues cada día le encuentran más propiedades),se queda al frente de un Acción Nacional desconcertado, con poca vida democrática y donde los liderazgos de todos los niveles imponen sus criterios.

La renuncia de Margarita muestra la nula capacidad de lograr acuerdos, la poca inventiva para generar salidas creativas. Anaya fracasó como presidente, pues el verdadero líder no «controla», coordina, su misión no es cerrar puertas sino abrir espacios, el verdadero líder antepone los intereses personales al bien de la institución que preside, el verdadero líder más que controlar, es fiel de la balanza, debe buscar equilibrios antes que generar autoritarismos.

El voto duro de los partidos cada vez pesa menos, las elecciones suelen ganarse por el voto indeciso, un tipo de votante al que no le importan los colores sino las personas. Acción Nacional debe buscar un candidato o candidata que genere confianza en las personas, que comulgue, aunque sea en parte, con los principios ideológicos del partido, de no hacerlo no conquistará el voto indeciso y perderá una parte de su voto duro.

Es necesario cambiar la estrategia tanto a nivel nacional como estatal, asunto que a estas alturas es ya imposible. Los candidatos tanto a nivel local como nacional serán elegidos por “dedazo” de un grupo, por acuerdo entre las élites, y con esto se pierde completamente los ideales democráticos de los primeros panistas. La actual élite blanquiazul ha ganado gobiernos, pero ha perdido el partido, es decir lo ha perdido todo.

@Luz_Azul

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