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LA DECADENCIA

La barbarie que presenciamos en el estadio La Corregidora de Querétaro, el pasado sábado 6 de marzo del 2022, es una muestra de la decadencia a la que nos enfrentamos.

En la escena confluyen una serie de elementos que hemos venido presenciado desde al menos dos décadas y media atrás. Parece inédito por ser en un estadio de futbol y haber sucedido en un Estado cuyas autoridades se publicitan a partir del mito de la paz y armonía queretana que, ayer se hizo añicos en el césped del mundialista estadio.

Analicemos los elementos de la decadencia.

  1. Pensemos en lo que la violencia es y muestra. La violencia es la erosión de todo acuerdo social. Anuncia la erosión del orden o, lo que es peor, el establecimiento de un nuevo orden social, la barbarie, la brutalidad, el derecho del fuerte de aplastar, anular e invisibilizar al débil. De seguir por esta ruta, el Estado, esa institución que inventamos en la modernidad para garantizar el orden y los acuerdos sociales, no sólo pierde su sentido, sino que se enfila hacia su extinción.
  2. La violencia se ha generalizado en el país y parece que nadie puede – o quiere – hacerle frente realmente. Está presente en la música, en el grafitti ilegal que colma las calles y el transporte público, en las redes, en los claxonazos y mentadas de madre del tráfico, en la tala inmoderada de árboles, en los sueldos de hambre de cientos de miles de personas, en el acoso que diario sufren miles de mujeres, en los videojuegos, en los desaparecidos que se cuentan por miles, en las masacres del crimen organizado, en el silencio del gobierno, en el discurso vacío y mecánico de los políticos profesionales y de también de los autollamados políticos ciudadanos. Está presente en todos lados. En algunos sitios es explicita y brutal, en otros lados, sólo latente, pero, ahí está.
  3. Como sociedad debemos admitir que todos, en alguna medida y manera, formamos parte del problema y muy poco estamos haciendo. Nuestra indiferencia, nuestra falta de activismo, nuestra tolerancia y cercanía con estas prácticas produce y reproduce la violencia.
  4. Este hecho tiene un fuerte tufo a neoliberalismo que, es fundamental denunciar y reflexionar. El neoliberalismo promueve el cogobierno, pero ha llegado al aberrante extremo de quererlo hacer en materia de seguridad. La seguridad es un deber exclusivo del Estado, por lo que no se puede delegar. Entonces, es el colmo que el gobierno entregue la seguridad a privados ¿por qué el gobierno insiste en corresponsabilizar —o cogobernar— con los privados en esta materia? ¿se puede delegar la seguridad y además sin una vigilancia estricta como pasó en el estadio? ¿acaso es un traslado tramposo de la responsabilidad de la seguridad a los privados, al más puro estilo de Poncio Pilatos? ¿delegar la seguridad en manos privadas es la erosión del Estado?
  5. Lo que vimos este trágico sábado es una muestra de la negligencia de los gobiernos estatales y municipales. Ausencia total de protocolos de prevención y de reacción, corporaciones privadas absolutamente incapaces de dar seguridad y corporaciones públicas que brillaron por su ausencia. Autoridades buenas para dar discursos “duros” e incrementar los impuestos para, mentirosamente, darnos más seguridad. No tienen vergüenza. No se entiende porque no intervinieron adentro del estadio. Parecían meros espectadores de tan dantesco espectáculo.
  6. Presenciamos un gobierno que no sólo no puede garantizar la seguridad, tampoco puede hacer justicia. Hasta ahora no hay un sólo detenido, ni siquiera un imputado.
  7. Vemos una autoridad con una asombrosa vocación por la opacidad, buscando a toda costa ocultar muertes, que minimicen la tragedia. Las benditas redes dicen y muestran otros datos. Hay muchos testimonios, fotos, videos que indican que la tragedia es mucho peor y, sobre todo, que sí hay muertos.
  8. El discurso de la mano dura y la cero impunidad tampoco resuelve nada. Decir que “fue un grupo de inadaptados”, es querer tapar el sol con un dedo. De verdad ¿es sólo un grupo? O ¿son la representación de muchos sectores sociales sobre los que se acumulan injusticias, abusos, maltratos que, en un arranque de furia y arropados por el anonimato de la masa, hicieron estallar una violencia sin precedentes? No debemos olvidar, sin que suene a apología, que el violentador también ha sido violentado, o ¿cuál es la raíz de tanta furia?

Este discurso, en el marco de lo sucedido, no es creíble, pues si no había policías que atestiguaran y atraparan a los agresores en el momento ¿cómo los van a detener? Se viene una cacería de brujas que, difícilmente, se apegará al estado de derecho, pues lo que ahora demanda una sociedad asustada y enojada es castigo, aunque sea al margen de la ley. Esperemos que no paguen justos por pecadores, como en no pocas ocasiones ha pasado en nuestro país

Por otro lado, los discursos centrados en la idea de la mano dura y la cero tolerancia, tienden a ser cortinas de humo para ocultar problemas profundos, estructurales, y, a veces, para imponer estrategias que, sobre la base del miedo social, los gobierno aprovechan para restringir libertades y endurecer políticas.

  • Por último, no me quiero ir sin denunciar la pobreza y miseria de los partidos políticos locales. Morena con un discurso timorato y mediocre, claramente ausente de liderazgo. El PRI y el PAN con un silencio sínico y cómplice de la tragedia. Una vez más queda demostrado que son lo mismo. ¡Que se vayan todos!

Con todo, tengo esperanza. No son pocos los testimonios de gallos y atlistas vestidos de héroes, arropando a niños, mujeres, ancianos y visitantes. Por ellos, vale la pena seguir creyendo en que la decadencia siempre es reversible.

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