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La guerra actual por la Ciencia y la tecnología en México (I)

Por primera vez en muchos años tenemos en México un grupo de científicos cuya preocupación no es proteger empresas como Monsanto, Bayer, etc.

Desde inicios del año en curso se realiza una campaña mediática contra la nueva directora del Conacyt, la cual no abona en nada a la renovación sociocultural que México requiere.

Dicha campaña deriva de una serie de denuncias contra las administraciones anteriores: en primer término Arturo Sánchez y Laura Poy (La Jornada, 18.01.2019) denunciaron que el Conacyt entregó entre 2009 y 2017, vía el Programa de Estímulos a la Innovación, más de 20 mil millones de pesos a 512 corporaciones. Semanas después, Silvia Ribeiro indicó, con datos muy precisos, (La Jornada, 2.02.2019) que varias empresas (Monsanto, Bayer, Sanofi-Aventis, Dow, Ford, General Motors, Intel, IBM, Samsung, entre otras) extrajeron los limitados recursos de México vía “proyectos de investigación”. Poco después (24.02.2019) John Ackerman amplió la información en Proceso.

Esas denuncias ocasionaron que la directora del Conacyt —la Dra. Elena Álvarez Buylla, una brillante científica con licenciatura en Etnobotánica y maestría en Ecología tropical por la UNAM y doctorado y postdoctorado de la Universidad de California, el primero en Botánica y Genética evolutiva y el segundo en Genética molecular del desarrollo— detuviese varios programas que llevaba a cabo el Conacyt con la consecuente molestia de sus promotores, los cuales usan a la prensa para denostarla a ella y a sus colaboradores, como al Dr. Emmanuel González Ortega.

En primer término, Anabel Clemente, de El Financiero (20.02.2019), calificó al Dr. González Ortega como mero “activista” a la vez que elogiaba a otros científicos claramente asociados al poder corporativo (uno de ellos fue denominado “el príncipe Monsanto” por su apasionada defensa de tal empresa). Al respecto debemos recordar que fue precisamente el Dr. González Ortega (en un ensayo escrito en colaboración con Álvarez Buylla, Piñeiro Nelson et al en Agroecology sustantainable food systems, 2017) quien denunció que el 90% las tortillas que se expenden en México están contaminadas con maíz transgénico y Glifosato, el principio activo del herbicida Round Up de Monsanto.

Esto importa pues la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló, en marzo del 2015, que el Glifosato era cancerígeno. Tampoco debemos olvidar que en la India el negocio de los transgénicos obliga a los agricultores a suicidarse —por no poder pagar a las empresas que los encadenaron a las semillas transgénicas y sus herbicidas—, en Argentina —donde el Glifosato enferma a la población—, e incluso en Europa, donde se han prohibido los transgénicos en varias naciones. Tampoco olvidemos que el Glifosato está asociado al proceso de desorientación de las abejas, lo cual genera el fenómeno del Colapso de las colmenas y –tal y como informó la Sociedad entomológica alemana (01.11.2017)— la desaparición, en apenas 30 años, del 75% de los insectos del mundo.

Por primera vez en muchos años tenemos en México un grupo de científicos cuya preocupación no es proteger empresas como Monsanto, Bayer, Dow, Pionner, Syngenta, Novartis, Limagrain, por nombrar sólo a las de transgénicos, sino la economía y la salud de los mexicanos.

 

luis.tamayo@uaq.mx

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