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La interculturalidad: un desafío para la construcción de la paz

Últimamente se ha puesto de moda hablar de interculturalidad, aunque el significado del término aún resulta desconocido en buena medida. De manera muy general, la interculturalidad tiene que ver con tres cosas: 1) el reconocimiento de la diversidad cultural presente en la sociedad; 2) el respeto mutuo entre las culturas interactuantes; y 3) el diálogo entre las culturas para la construcción de nuevos saberes. Pareciera una fórmula fácil, sin embargo, no resulta sencillo llevarla a cabo.

A lo largo de la historia, la diversidad cultural ha sido un motor magnífico para el desarrollo de la humanidad, lamentablemente, también ha sido pretexto para la generación de conflictos entre naciones, entre adscripciones religiosas, al interior de los estados e incluso en los ámbitos regionales, locales y hasta familiares. Desde hace algunos siglos, Occidente ha avasallado promoviéndose a sí mismo como el modelo civilizatorio, Carmen Bel señalaba hace tiempo cómo la riqueza de la diversidad ha cedido ante la búsqueda de homogenización.

En las primeras décadas del siglo XXI, el contexto mundial ha estado marcado por la globalización que ha implicado la creciente integración de economías de todo el mundo. Pese a que la interacción entre personas, comunidades y naciones se ha expandido, la globalización también ha dado lugar a grandes desigualdades que se traducen en inequitativo acceso a los derechos y a los recursos. Ante esta situación, ¿de qué manera la interculturalidad podría ayudar a la construcción de la paz?

En su forma crítica, la interculturalidad se aleja de posturas que simplemente aceptan la diversidad y, bajo la simple enunciación de su riqueza, perpetúan la desigualdad. La interculturalidad se aleja de folclorismos, de esencialismos, de visiones paternalistas y romantizadas de la realidad. Al contrario, la interculturalidad es crítica, revisa las relaciones de poder. Es deconstrucción en el más amplio sentido de la palabra.

México es una de las naciones en el continente americano con mayor diversidad cultural. Paradójicamente, la población originaria padece perturbadores índices de discriminación que van desde insultos, burlas, frases molestas, pasando por la invisibilización y diferentes formas de violencia física, hasta la falta de acceso al goce y disfrute de derechos en igualdad de condiciones que otros sectores de la población. El reconocimiento de la diversidad cultural debe rebasar la absurda dicotomía que separa “indígenas” de “no indígenas”. Esta fórmula resulta bastante reductora de una realidad muy compleja y termina siendo una práctica excluyente y victimizadora.

¿Cómo explicar que en México las personas seamos tan racistas y tan xenofóbicas? Relegamos a quienes son portadores de culturas originarias, separamos a las personas afrodescendientes, segregamos a los provenientes de Europa, invisibilizamos a los orientales y, con estas prácticas violentas y normalizadas, negamos nuestro propio origen diverso. ¡Nos discriminamos a nosotros mismos!

En este escenario, la interculturalidad aparece como una herramienta para contribuir a la construcción de la paz. La interculturalidad implica un ejercicio de deconstrucción y asume que es necesario derribar los paradigmas en los que histórica y estructuralmente hemos sido formados, para reconocer que todas las personas somos portadoras de cultura. Es más, que todas las personas mexicanas somos portadoras de múltiples raíces.

La educación enfrenta grandes retos para poder dar pasos en el camino de la interculturalidad. En la UAQ, el Plan Institucional de Desarrollo en su modelo de responsabilidad social establece que se debe promover y garantizar una educación inclusiva, equitativa, integral e intercultural, así como promover oportunidades de aprendizaje permanente para todas las personas. Por lo tanto, los valores universitarios deben fomentar la igualdad, la perspectiva de género, el respeto por la diversidad cultural, el medio ambiente, y la erradicación de la violencia y discriminación. En concordancia con este modelo, la Coordinación de Identidad e Interculturalidad (CII) dependencia de la Dirección de Atención a la Comunidad Universitaria y de la Secretaría de Rectoría lleva a cabo un amplio programa en el que se atienden las tres fases.

En primer lugar, se lleva a cabo un diagnóstico de Diversidad Cultural con el que se busca el reconocimiento afirmativo de la diversidad cultural presente en la comunidad universitaria. También realiza actividades culturales como coloquios para presentación de propuestas, resultados y avances de investigación, exposiciones fotográficas, conferencias, publicaciones, entre otros.

En segundo lugar, la CII con la intención de fomentar el respeto mutuo entre culturas interactuantes, genera espacios de inclusión que permitan reconocer y consolidar la solidaridad entre los integrantes, tales como diplomados, talleres y concursos.

Finalmente, para que a través del diálogo se puedan construir nuevos saberes, la CII genera actividades como foros, paneles y conversatorios.

Ejemplo de ello es el evento cultural Memorias, Experiencias y Miradas para la Interculturalidad (MEMI 2024) que en mayo se llevará a cabo. Las actividades tienen lugar en distintos campus universitarios en los que el estudiantado de diferentes licenciaturas, así como personal docente y administrativo participan con la intención de visibilizar y fomentar el conocimiento de las culturas y propiciar un entorno respetuoso e inclusivo.

Es así como, desde el ámbito de la educación superior, en la Universidad Autónoma de Querétaro, la Coordinación de Identidad e Interculturalidad aporta su quehacer con la utopía de transformar la realidad, comenzando por nuestro entorno inmediato, la comunidad universitaria. Con la tercera edición del Evento Memorias, Experiencias y Miradas para la Interculturalidad (MEMI 2024) se busca generar un espacio de reflexión en contra de la intolerancia, la discriminación y la violencia, y de esta manera contribuir desde el enfoque de la interculturalidad en la construcción de la paz.

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