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La participación de las mujeres en el Movimiento Armado Socialista

No nos arrepentimos de lo que hicimos, rebelarse y arriesgar la vida, tomar las armas contra los poderosos que violan impunemente las leyes y los derechos humanos más elementales, no es un error, sino un derecho.

La que consideramos como la primera guerrilla socialista mexicana surgió en la primera mitad de la década de los años sesenta. Sus documentos: las 5 Resoluciones aprobadas durante el II Encuentro en la Sierra de Torreón de Cañas, Durango, celebrado en febrero de 1965, definen a esa guerrilla como socialista por los objetivos que se proponen. Sus dirigentes, Arturo Gámiz y Pablo Gómez, trataron de ser consecuentes con la necesidad de construir una sociedad socialista en México. Los dos cayeron en el intento de asaltar el cuartel militar de Madera, Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965, junto con otros 6 compañeros.

En Guerrero, desde principios de la década de los sesnta un movimiento cívico se manifestó una y otra vez contra las acciones de los gobiernos arbitrarios, represivos y corruptos. Genaro Vázquez Rojas, líder de la Asociación Cívica Guerrerense, es encarcelado en Iguala, Guerrero. Varias veces corrió la sangre del pueblo en las plazas y eso llevó a sus dirigentes a convencerse de la necesidad de organizar la resistencia armada de las masas. El 18 de mayo de 1967, en Atoyac, una pacífica reunión de profesores y padres y madres de familia fue disuelta a balazos por la policía, obligando al dirigente más visible a remontarse a la sierra para no ser aprehendido o asesinado; su nombre: Lucio Cabañas Barrientos, exdirigente nacional de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México y miembro del Partido Comunista Mexicano. Él constituyó el Partido de los Pobres y su brazo armado: la Brigada Campesina de Ajusticiamiento.

En Chihuahua, los sobrevivientes de la frustrada acción de Madera, se reorganizaron y volvieron a la sierra. Ya desde 1967 empezaron su accionar en diferentes puntos del estado. El Grupo Popular Guerrillero «Arturo Gámiz», constituido por jóvenes estudiantes, profesores, campesinos e indígenas; fue liquidado en septiembre de 1968. Óscar González, su principal dirigente y cuatro compañeros más, fueron fusilados por el ejército en Tesopaco, Sonora. Quienes le sobrevivieron crearon el Grupo 23 de septiembre, que más tarde se fusionaría con algunos miembros del Movimiento de Acción Revolucionaria, para formar el MAR-23.

En abril de 1968 se fugó de la cárcel el profesor Genaro Vázquez Rojas, apoyado por un comando armado. A partir de ese momento se constituyó una organización guerrillera que se llamó Asociación Cívica Nacional Revolucionaria, con sede en las sierras del estado de Guerrero. Vázquez Rojas desplegó sus acciones con un gran apoyo popular. Él cayó el 2 de febrero de 1972, pero su organización siguió en la lucha.

En julio de 1968, estalló un potente movimiento estudiantil, el cual terminó, prácticamente, con la matanza indiscriminada del 2 de octubre, en Tlatelolco. Los pocos grupos estudiantiles radicales que se estaban organizando para responder con armas a las agresiones de los granaderos o los policías, jamás calcularon el grado de violencia que iba a ejercer el Estado contra la masa estudiantil. Pero eso les dio, a muchos, la medida de lo que se necesitaba para desarrollar la violencia revolucionaria contra el régimen.

En Tlatelolco fueron asesinados muchos estudiantes; pero, por otra parte, ahí nacieron muchos guerrilleros que después de reflexionar, planear y organizarse, aparecieron realizando expropiaciones bancarias, para comprar armamento, vehículos, casas, alimentos, ropa y medicinas, para desarrollar la guerra de guerrillas, con el objetivo final de construir una sociedad socialista. Después se  darán a conocer con sus nombres de batalla, como: Los Lacandones, Los Guajiros, Los Procesos, Los Comandos Armados del Pueblo y el Frente Urbano Zapatista, que se sumarán a los sobrevivientes de Chihuahua y de Guerrero, y a los del Movimiento de Acción Revolucionaria (entrenado en Corea del Norte), al Partido Proletario Unido de América, al Frente Estudiantil Revolucionario, de Jalisco, a Unión del Pueblo, a los Enfermos de Sinaloa, a los Macías, a los sonorenses de las Fuerzas Armadas de la Nueva Revolución, a las Fuerzas Armadas de Liberación del noreste del país y a la Liga de Comunistas Armados, de Nuevo León, entre otros, quienes con sus propios motivos, y represiones sufridas, pero similares objetivos finales, escogieron el camino de la lucha armada.

La matanza del 2 de octubre, fue punto de referencia para el surgimiento de muchos grupos, para otros, fue la masacre del 10 de junio del 71. Allí conocieron a Los Halcones, un grupo paramilitar de reciente creación, especialmente preparado para atacar manifestaciones opositoras al gobierno. En aquella ocasión, la acción despiadada provocó el surgimiento de nuevos guerrilleros.

La historia posterior es de proliferación de grupos y comandos armados, a todo lo largo y ancho del país, proceso que va a desembocar en la creación de la Liga Comunista 23 de Septiembre, en marzo de 1973. Esta organización logró coordinar a la gran mayoría de los grupos guerrilleros del país. Contra ellos, el gobierno creó la Brigada Blanca, coordinación de policías políticas y ejército, que actuó violando todas las leyes de la guerra, para liquidar a los combatientes y sus bases de apoyo.

Entre los años sesenta, setenta y posteriores, operaron cerca de 40 grupos y organizaciones armadas y en los ochentas la mayoría inicia un proceso de rectificación cuando los sobrevivientes, algunos encarcelados y exiliados se acogen a la amnistía y pasan a formar organizaciones abiertas con el propósito de participar políticamente, algunos regresan al Partido Comunista, otros forman la Corriente Socialista, o se integran a grupos sociales y campesinos, entre otras vías de participación política y social. También se integran a las universidades y la academia.

En la mayoría de estas organizaciones se integraron mujeres. Destacan por el número de integrantes femeninas la Liga Comunista 23 de Septiembre, el Movimiento de Acción Revolucionaria y el Partido de los Pobres. La mayoría de las compañeras éramos muy jóvenes, entre los 20 y 30 años. En la guerrilla rural eran campesinas, maestras y estudiantes, pero en la guerrilla urbana destacan las estudiantes y hasta las académicas, profesionistas como por ejemplo profesoras y enfermeras, trabajadoras sociales. Eso lo sabemos ahora pues en la época de la clandestinidad se sabía muy poco del origen y hasta del nombre de las compañeras con quienes convivíamos, poco a poco se han venido conociendo historias de vida de algunas y de las sobrevivientes ya que no todas están dispuestas a contar su historia.

La guerra sucia del estado

En las décadas de los setenta y ochenta estas organizaciones fueron reprimidas brutalmente por el poder del estado, por cuerpos policiacos legales e ilegales y sobre todo por el ejército y la Dirección Federal de Seguridad comandada por Fernando Gutiérrez Barrios y luego por Miguel Nazar Haro, entrenados en la Escuela de las Américas en contrainsurgencia, junto con muchos organismos parecidos de países de América Latina. El saldo de esa represión fueron miles de militantes caídos en enfrentamientos o asesinados extrajudicialmente, perseguidos, encarcelados, exiliados y detenidos y desaparecidos en las cárceles clandestinas y no paró con ellos, la represión siguió con familiares y principalmente en el estado de Guerrero, con la población que simpatizaba o estaba cercana a los lugares donde operaban dejando pueblos arrasados y bombardeados y quemados con napalm.

Una muestra está descrita en el informe que presentó la Fiscalía Especial para los Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, se hace un resumen de algunos de los saldos conocidos de esa represión: 101 ejecutados extrajudicialmente; 2141 casos de detenidos torturados; 204 menores de edad fueron víctimas de detenciones forzadas, muertos o heridos en masacres, ejecutados y/o torturados; 1421 casos de detenciones arbitrarias por parte de los cuerpos de seguridad y fuerzas militares; 143 detenidos fueron ejecutados extrajudicialmente en cuarteles militares. Sus cuerpos fueron tirados al mar. Se trata de los “vuelos de la muerte”. Salieron de la Base Aérea de Pie de la Cuesta, Acapulco, hasta completar 30 vuelos; 212 personas, detenidas por el ejército, fueron trasladadas de Guerrero a las instalaciones del Campo Militar No. 1, de ellas 65 se encuentran detenidas desaparecidas; 166 presos de diferentes organizaciones político militares en Lecumberri (1972 a 1976); 41 presas en Santa Martha Acatitla (1972 a 1978). La Asociación de Familiares de Desaparecidos en México tiene un listado de cerca de mil detenidos desaparecidos.

Por la memoria y contra el olvido

Algunos compañeros y compañeras que participamos en el Movimiento Armado Socialista de diferentes organizaciones, nos hemos reunido desde el año 2000, para reflexionar, hacer balances y saber más de los compañeros con el fin de construir y reconstruir la historia desde el testimonio, el análisis, la reflexión y la autocrítica de los mismos protagonistas. Recuperar esa memoria es una tarea urgente, así como la reivindicación de nuestros ideales, de las razones que nos hicieron tomar las armas, de la perspectiva histórica que perseguimos, de nuestros errores y aciertos, de las consecuencias que tuvimos que afrontar. Tenemos un compromiso moral con nuestros compañeras y compañeros caídos y desaparecidos, para sacarlos del anonimato, tratar de reconstruir su historia y reivindicar sus ideales, para que no queden en la nota roja de los periódicos de la época o en las fichas policiacas del gobierno, para que se les recuerde como luchadores y luchadoras sociales, para que ocupen un lugar en la historia que ellos contribuyeron a construir. El Estado apuesta por el olvido, nosotros apostamos por la memoria.

Encuentros de mujeres ex guerrilleras

Durante el tercer encuentro de Exmilitantes del MAS, celebrado en Mazatlán, Sinaloa en el año 2003, las mujeres que participamos que apenas éramos cuatro, concluimos que la presencia y aportación de las mujeres no aparecía en la historia que se estaba construyendo y que era necesario convocar a más compañeras para reunirnos y reflexionar sobre la participación de las mujeres en los grupos guerrilleros. En diciembre de 2003 realizamos el primer encuentro nacional de mujeres exguerrilleras, donde apenas participamos una docena presentando testimonios e historias de vida, y recordamos a nuestras compañeras caídas y detenidas-desaparecidas con la participación de familiares y compañeros que aportaron semblanzas de las que ya pudieron hacerlo con voz propia. Uno de los acuerdos fue en hacer la publicación de la memoria del encuentro, la cual pudo publicarse hasta finales del año 2007. En el 2008 realizamos un nuevo encuentro donde se presentaron nuevos testimonios e investigaciones que se han hecho sobre el tema, este encuentro se realizó en Mazatlán, y en 2010 celebramos el día internacional de la mujer contando historias de vida en el encuentro denominado “De niñas a Guerrilleras” en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Hablamos de cómo nos integramos a la lucha armada y rompimos con el rol que la sociedad nos tenía asignado. Dejamos a nuestros padres, a nuestra familia, a veces a nuestros hijos o la perspectiva de una vida cómoda y nos integramos a actividades donde sabíamos que podíamos perder la vida y participamos hombro con hombro con nuestros compañeros en las diversas tareas de nuestras organizaciones político-militares. Se habló de la cuota de género que durante las torturas cobraron los torturadores del sistema, independientemente de que fueran mujeres, estuvieran muy jóvenes o muy grandes, enfermas, e incluso embarazadas, de los estragos que las torturas dejaron en ellas o en sus hijos y en el resto de familiares. Como fue el caso que contaron Minerva Armendáriz y Martha Camacho, a quienes el embarazo no fue un inconveniente para la tortura. El hijo de Martha cuando nació, se lo enseñaron con una metralleta apuntando hacia su cabeza. Por una mera casualidad viven ella y su hijo, los creían muertos y los tiraron en un lote baldío.

Reflexiones sobre la historia que nos tocó vivir

Esta historia la vivimos de manera apasionada y decidida, con intensidad, coraje, miedo, camaradería y solidaridad; estos acontecimientos nos marcaron para siempre, porque, aunque éramos un puñado de hombres y mujeres, nuestra lucha no era sólo personal, sino que luchamos por un cambio que trajera un mundo mejor, más justo, sin explotación, sin miseria para muchos y riqueza para unos cuantos. Apostamos a la acción y no quedarnos sentados en nuestras casas para ver pasar el cadáver del imperialismo, con nuestro esfuerzo quisimos impulsar la rueda de la historia.

Pertenecemos a una generación de luchadoras sociales que nos rebelamos contra la opresión de un régimen caracterizado por el terrorismo de estado contra los movimientos sociales que algunos luchaban por la defensa de los más elementales derechos humanos, laborales, económicos y políticos y que fueron reprimidos con sangre y fuego.

Luchamos porque estábamos convencidos que era nuestro deber, por defender nuestros ideales y nuestra dignidad, queríamos cambiar esta sociedad injusta por otra que favoreciera a la mayoría, a los más pobres y marginados, libre de la explotación de los poderosos y porque para ello, no encontramos otra alternativa dentro de los cauces legales y tomamos las armas en organizaciones revolucionarias que reivindicaban la estrategia guerrillera y el uso de la lucha armada y la vida clandestina.

En esta lucha cometimos muchos errores, estamos reflexionando sobre ellos, pero así se construye la historia con las acciones, con errores y aciertos y en ello apostamos lo más preciado, nuestra juventud, nuestra comodidad, la escuela, la familia, los hijos, nuestra propia vida.

No nos arrepentimos de lo que hicimos, rebelarse y arriesgar la vida, tomar las armas contra los poderosos que violan impunemente las leyes y los derechos humanos más elementales, no es un error, sino un derecho y un deber moral, pues los detentadores del poder, históricamente son los que han generado la violencia contra los pueblos, no sólo la violencia de las armas y la represión, también la violencia económica, con los salarios infrahumanos, la violencia política, los fraudes electorales, la falta de oportunidades para los jóvenes, la marginación y la miseria para el campo.

Hoy parece que nace una pequeña luz de esperanza…

 

*Ex militante de Los Guajiros y Vanguardias Armadas del Pueblo.

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