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La situación es seria. Tómenla también en serio

“No hay que caer en el pánico, pero tampoco hay que pensar ni por un instante que no depende de usted. Nadie es prescindible. Todos cuentan, se requiere el esfuerzo de todos nosotros”.

Tengo que aceptar que tomé al coronavirus muy a la ligera, como los demás.

En Alemania, desde el martes 17 de marzo se cerraron escuelas, la mayoría de los trabajos de oficina se hacen desde casa, se restringieron los eventos de más de 50 personas, y las grandes empresas están teniendo pérdidas millonarias, y ni qué decir de las pequeñas empresas o negocios.

Para el miércoles 18, ya se estaban restringiendo más los eventos sociales (ya no habría bodas religiosas, solamente entierros), se cerraron los parques infantiles, entre otras cosas. Que el gobierno alemán haya decretado esas medidas tan extremas (en las que prácticamente obliga a quedarse enclaustrado en casa), realmente merecía una explicación, más para la ciudadanía alemana que es tan celosa de su espacio y tiempo personal.

Ese mismo miércoles 18, Angela Merkel emitió uno de los mejores discursos que se han pronunciado sobre este tema. En él, relató lo mucho que estas medidas han afectado la vida diaria de los alemanes, como se había roto esta normalidad y se centró a relatar el por qué el gobierno decretó las medidas tan extremas: todavía no hay una cura ni una vacuna contra esta enfermedad.

Solamente hay un objetivo: “desacelerar la propagación del virus, extenderla por meses para así ganar tiempo… sobretodo, tiempo para que quienes enfermen puedan recibir la mejor atención posible”. Asimismo, y para finalizar su discurso, señala: “…Todas las medidas estatales no darán resultado si no utilizamos la herramienta más eficaz contra la propagación demasiado rápida del virus: se trata de nosotros mismos… En primerísimo lugar, tomando en serio lo que ocurre.”

“No hay que caer en el pánico, pero tampoco hay que pensar ni por un instante que no depende de usted. Nadie es prescindible. Todos cuentan, se requiere el esfuerzo de todos nosotros.”

¡Cuánta razón tiene! Este discurso, si bien fue dirigido a la población alemana, perfectamente puede ser utilizado para todo el mundo, ya que la propagación del virus ha sido muy rápida y merece que se actúe rápidamente, y debemos recordar el caso de Italia, que ahora supera el número de fallecidos en China-todo por haberlo tomado a la ligera.

Estamos en una guerra cuyas armas tenemos que tener con nosotros en todo momento, no perder un solo instante de consciencia y solidaridad con el prójimo, y hay que recordar que estamos en desventaja: nuestros enemigos son invisibles, son mortales y se reproducen muy rápido. Sin caer en pánico, lo importante es actuar de manera consciente evitando el contacto físico con demás personas, lavándonos las manos continuamente, mantener una distancia mínima de un metro y medio con los demás, no llevar las manos a la cara, evitar aglomeraciones, entre otras.

Y aprovecho para compartir mi parte favorita del discurso (y que creo ejemplifica el espíritu alemán):

Creo firmemente que saldremos airosos de esta prueba, si realmente todos los ciudadanos y ciudadanas la comprenden como su propia tarea.

Por eso, permítanme decirles: la situación es seria. Tómenla también en serio. Desde la reunificación de Alemania, no, desde la Segunda Guerra Mundial, no se había planteado a nuestro país ningún otro desafío en el que todo dependiera tanto de nuestra actuación solidaria mancomunada.

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