Lactancia materna: una mirada desde la perspectiva de género en la Universidad

Al hablar de cuidados, resulta inevitable que por mi mente atraviesen las palabras “lactancia materna” como una de las deudas históricas en materia de derechos humanos que se tienen para con las mujeres por ello, el objetivo de este breve escrito será dar cuenta de lo estrechamente ligados que están ambos temas, así como contribuir a poner sobre la mesa de las discusiones universitarias la pertinencia de abordar el tema.
Para quienes no están familiarizados, quiero compartirles que cada año, del 1 al 7 de agosto, se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Según la Organización Mundial de la Salud, se trata de una campaña mundial coordinada por la Alianza Mundial para la Acción de la Lactancia Materna con la finalidad de crear conciencia y estimular la acción sobre temas relacionados con la lactancia materna.
Este 2025, el lema de la conmemoración fue “Prioricemos la lactancia materna: construyendo sistemas de apoyo sostenibles”, haciéndonos una invitación a reflexionar sobre los desafíos y oportunidades en la promoción de entornos favorables para amamantar. En este sentido, resulta importantísimo señalar que promover la lactancia materna no solo beneficia a la salud de niñas y niños, sino que también tiene un impacto positivo en el bienestar de las madres, el medioambiente y la equidad social. Fortalecer su práctica requiere del compromiso activo de los Estados, las instituciones, las familias y toda la sociedad.
En otras palabras, la lactancia trasciende en la nutrición infantil y representa un tema de justicia social, sostenibilidad ambiental y salud poblacional que debe integrarse en las políticas públicas con respaldo normativo y entornos protectores.
A pesar de su importancia, muchas madres enfrentan condiciones sociales, económicas y culturales que dificultan o limitan su posibilidad de amamantar. De ahí la necesidad urgente de contar con leyes, y en el caso de la Universidad garantías institucionales, que protejan la extensión de licencias adecuadas, espacios de lactancia en el ámbito laboral y políticas públicas integrales que garanticen un entorno favorable para amamantar.
Si bien la Universidad Autónoma de Querétaro ha tenido a bien llevar a cabo acciones afirmativas como la instalación de cuatro salas de lactancia en diferentes campus, conversatorios que resalten la importancia del tema, espacios de difusión, investigación académica, etc., estos esfuerzos deben venir acompañados de un mayor compromiso institucional que devenga en la incorporación de un marco normativo que arrope cada esfuerzo y lo potencialice.
Un dato indignante es que, en México, sólo uno de cada tres bebés recibe lactancia materna exclusiva. Esto nos indica que, a pesar de lo que se viene diciendo, lactar es más una cuestión de privilegio que un derecho. Nuestro país tiene trazada la meta de llegar al 2030 con una tasa del 70 por ciento de lactancia exclusiva en bebés de recién nacidos hasta los 6 meses, pero esto no será posible sin políticas laborales sólidas que acompañen el posparto. Entonces, cuando hablemos de lactancia debe tenerse en mira que buscamos el reconocimiento y pleno goce de un derecho humano y no sólo una recomendación médica.
Además de las débiles o inexistentes políticas institucionales, otros retos a los que la lactancia como derecho humano se enfrenta son el impacto de las normas sociales, los tabúes en torno a la lactancia pública, la sexualización del cuerpo femenino y las ideas occidentales del desarrollo que busca que las mujeres produzcan todo el tiempo. Ante ello, desde espacios como las coordinaciones o unidades de género del espacio universitario se puede trabajar en la transformación de los imaginarios colectivos, visibilizar la lactancia en el espacio público y fortalecer el tejido comunitario.
La lactancia debe ser entendida como un acto colectivo, no una responsabilidad exclusiva de la madre. Si bien es cierto a nivel individual, factores como el conocimiento, motivación y emociones influyen en la decisión de lactar, también es determinante el grado de apoyo de la familia, la pareja y la comunidad.
No se deje de lado que los hombres en calidad de padres deben asumir igualmente sus responsabilidades con esta labor fundamental. Dicho sea de paso, el papel que los papás desempeñan en fomentar la lactancia está por demás carente de propuestas, investigación o aportes. Sea este un llamado para que tomen un papel más activo en el ejercicio de sus paternidades responsables.
Finalmente, es imprescindible el fortalecimiento de políticas públicas, redes comunitarias y estrategias institucionales que promuevan la lactancia materna como un derecho, una práctica de cuidado, y una acción clave para la salud pública, la equidad y la sostenibilidad ambiental. Cuando apoyamos la lactancia, no sólo vamos a nutrir un bebé; estamos sosteniendo la vida en el planeta.



