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Lesbianismo como un acto político

Para mí, identificarme como lesbiana va mucho más allá de esta idea superficial y genitalizada en donde se pretende describirme como un ser a quien le atraen los senos y las vulvas. Mi identidad sexual es más que decirle a las mujeres. Es decirle que no a los hombres, o mejor dicho, a la masculinidad hegemónica y sus diversas implicaciones. Es poner en entredicho el sistema de poder. No es la simple decisión de con quién me acuesto, sino la acción política de decir que no a lo que esta socialmente esperado de mí.

Ser lesbiana es un acto de resistencia. Ser lesbiana es un acto de feminismo. Ser lesbiana es un acto de revolución sexual. Es negarnos a aceptar vínculos preestablecidos, es la rebeldía ante la heteronorma, es el rechazo a los estereotipos de género.

Para muchas, el lesbianismo es ser eternamente virgen porque la construcción social de perder la virginidad solo puede ser a través de la penetración de un pene. Es el rechazo a la sexualidad como un acto centrado en el falo y la penetración. Es la exploración de una sexualidad más amplia que conlleve a diversas formas de placer e intimidad.

En el lesbianismo no hay espacio para la tibieza. Aquí todas somos intensas. No nos da miedo sentir, no nos da miedo expresar, amar, sentir, gozar ni vivir. Es una forma de no aceptar convenciones sociales y resistirnos a las violencias sistémicas.

Ser lesbiana es cuestionarse lo socialmente impuesto. Es un desafío constante a la institución, al sistema político y a las relaciones de dominio basadas en razón de sexo. Ser lesbiana es negarnos a aceptar la idea de que para realizarnos necesitamos casarnos con un hombre y tener hijos.

Ser lesbiana es decir: no te necesito a ti (hombre) para que me mantengas, para que me cuides, para obtener placer, ni para ser feliz. Ser lesbiana es un acto político que va cambiando el discurso de todas las mujeres y lo lleva hacia lugares preferidos en donde podemos vivirnos con mayor libertad y ternura.

Históricamente nos han nombrado de distintas formas: bruja, gitana, pecadora, enferma, criminal, anormal, inmoral, degenerada, pero nunca borraran que hemos sido y seguiremos siendo un acto político de resistencia. Somos quien amenaza al hombre hegemónico y quien lo pone a temblar. Somos la mancuerna del feminismo, especialmente del interseccional. Somos la obstinación al androcentrismo y al hombre como medida de todas las cosas. Somos la resistencia a la heterosexualidad como base del sistema capitalista. Somos quienes han venido a romper con el pacto patriarcal y el modelo relacional entre los sexos.

El lesbianismo se ha negado a la eterna premisa de que el cuerpo de las mujeres es siempre accesible al deseo de los hombres. Ya no cargamos con el apellido del marido, ya nos somos la esposa ni la señora de… Ahora somos la producción de nuevos conocimientos. Somos la distribución de otras experiencias. Todo desde otros lugares poco enunciados, pero siempre situadas lejos de la norma.

El lesbianismo es la amenaza a la sexualidad reproductiva y la politización de las relaciones personales al ser quienes cuestionan el status quo y retomamos el dominio sobre nosotras, nuestros deseos y nuestros cuerpos.

Ser lesbiana es un acto constante de resistencia. Es por eso por lo que, al ser lesbianas no somosuna mujer desde un lugar político, ni económico, ni ideológico. No somos un orgullo despolitizado durante el mes de junio, sino una vida de constante boicot a la normatividad.

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