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Los gurús de la excelencia y de la moral familiar explotan la crisis de identidad

Estamos en una sociedad que se encuentra en constante evolución; la información y los cambios se dan tan aceleradamente y tenemos conciencia de ellos tan rápido, que tal pareciera que el mundo se está achicando, aunque esto realmente se debe al avance de las telecomunicaciones y de las redes electrónicas de información.

Esto ha tenido sus repercusiones principalmente en los jóvenes de nuestro país. Si partimos de la teoría de que los jóvenes se encuentran en un proceso de formación, no solo académico sino de preparación para la vida misma, y que en este proceso buscan modelos con los cuales identificarse para conformar su propia identidad, este acceso tan grande a la información que enfrentan, ha propiciado que se desencadene una falta de identidad. Ante tantos modelos, los jóvenes, no saben con cual identificarse, y esto provoca una crisis en ellos.

Hace no mucho tiempo, cuando la información fluía, más lentamente y los cambios no eran tan acelerados, esta misma lentitud provocaba, si bien un atraso en países como el nuestro, al mismo tiempo nosotros nos identificáramos con valores, costumbres e ideologías propias de nuestra cultura.

Con los avances en las redes electrónicas de información, los jóvenes pueden darse cuenta de que existen valores, costumbres e ideas diferentes, y si intentar tomar como propias estas ideas y valores, chocan con las que sus padres les han transmitido, y eso provoca una nueva crisis.

La sociedad se ha dado cuenta de este problema y se lanza a buscar figuras con las cuales identificarse. Prueba de esto es la proliferación de una especie de gurús modernos que le brindan a los jóvenes la posibilidad de identificarse con ellos de una manera totalmente comercial. Dentro de estos personajes podemos mencionar a los excelentes Miguel Ángel Cornejo y Alex Dey; estos venden la idea de que con sus pensamientos y técnicas la gente se vuelve triunfadora, exitosa y trabajadora, lo cual es un mito en muestra sociedad.

Igualmente podemos contar a los líderes espirituales como Carlos Cuauhtémoc Sánchez, que, parapetado en una moral cristiana muy mal entendida, fomenta en los jóvenes unos valores que van en contra de su naturaleza misma.

Al mismo tiempo, han aparecido sectas religiosas que nos brindan la oportunidad de integrarnos a ellas y experimentar un sentimiento de pertenencia a su mundo, o por lo menos a su realidad. A mucha gente e crean el espejismo de que no están solos.

Los ejemplos más lamentables de estas organizaciones son los Hermanos Mason, la secta de los Davidianos, y últimamente la famosa, Puerta del Cielo.

Es importante aclarar que no estamos en contra de los avances tecnológicos. Pues, aparentemente, si los avances técnicos no se hubieran producido, no tendríamos los problemas que mencionamos; sin embargo, lo que es necesario que valoremos, es que la cultura está cambiando. No podemos juzgarlo, tenemos que asumir sin embargo que eso está sucediendo, y que el cambio no es completo; además los sujetos no se van a estructurar ni psíquica ni socialmente.

De la misma manera que, a principios de siglo, esto le dará trabajo a las Ciencias Sociales, —provocando que estas tomen mucha importancia porque si alguien va a ayudar a estructurar y explicar este nuevo orden van a ser los científicos sociales.

En esto radica la importancia de que, quienes nos dedicamos a las Ciencias Sociales, nos demos cuenta de estos cambios y asumamos el compro-miso que nos impone la historia.

* Alumnos de la Facultad de Psicología de la UAQ

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