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Maternidad: Un terreno escabroso en un sistema patriarcal

A propósito del 8M me he aventurado a compartir en este espacio algunas reflexiones vinculadas a un tema que es atravesado por la condición de ser mujer: la maternidad. Seamos o no madres, este es un tema en el que las mujeres nos vemos implicadas; porque existe un imaginario latente y manifiesto de que toda mujer en algún momento se convertirá en madre (como si fuera un destino), y a su vez la demanda de que al momento tendrá que ser una “buena madre”, por tal, considero que hablar de las maternidades en el contexto de la conmemoración de 8M desde una postura que convoque a la disidencia se vuelve un indispensable para pensar el movimiento hacia una sociedad más equitativa y libre de violencia para las mujeres. Así que, para sostener el cuerpo de este texto, abordare la maternidad desde dos supuestos:

  1. La asociación automática de las mujeres a la maternidad. La ficción del derecho a decidir.
  2. Maternidad Idealizada. La idea de las “buenas madres”

En relación al primer supuesto, ¿alguna vez has escuchado la frase “cuando seas mamá vas a entender” o “ser mamá es lo mejor que le puede pasar a una mujer”?, piensa en todas la niñas que conoces ¿Cuántas de ellas tienen en su caja de juguetes por lo menos una muñeca que simula ser un bebé?, si tu respuesta fue sí a la primer pregunta y casi todas o la mayoría a la segunda, ya puedes ir asomando cómo es que la maternidad habita en nuestra cultura como algo inherente al hecho de ser mujer, lo que la convierte en un mandato, negando así la posibilidad de no serlo “La maternidad ha estado ineludiblemente ligada al cuerpo de la mujer y en ocasiones se ha presentado en una ecuación determinista sobre una supuesta condición femenina universal fruto de la naturaleza: mujer = cuerpo = madre” (Lozano, 2001, pág. 131), es esta sentencia de mujer = madre, solo por el hecho de tener un cuerpo que tiene la posibilidad de gestar, lo que las feministas de la segunda ola nombraran como determinismo biológico.Si la maternidad para la cultura es el destino de toda mujer, se encuentra anulado el deseo de las mismas, como si fuera un callejón sin salida, donde elegir -ser madre- no es una posibilidad, y las mujeres que eligen no serlo, son juzgadas o parece que se encuentran en un lugar fuera de la intelección social. Una mujer que elige no ser madre, se encuentra de manera constante en la encrucijada de explicar las razones de su “rareza”; y es peor si elige abortar ante un embarazo no deseado o esperado, pues no solo conduce a un juicio social sino también legal. Según la Alianza Nacional por el Derecho a Decidir (ANDAR)[1] en México existen 8 causales por las que se puede abortar sin que sea delito[2]. Querétaro cuenta con dos causales aprobadas que no representan repercusiones legales: por violación y/o aborto imprudencial. Pese a que existen causales que no penalizan el aborto hay una brecha entre lo escrito en la ley y la realidad; por ejemplo, existen grupos que se manifiestan en contra y difunden información errónea basada en mitos, en Querétaro recientemente se propuso una “iniciativa a favor de la vida”[3] que entre líneas lo que pretende es sancionar a las mujeres que deciden interrumpir su embarazo. Que la maternidad sea un destino para toda mujer al grado de ser juzgada quien decide no serlo por elección y convicción o satanizada quien decide abortar por derecho y deseo nos permite observar que la libre elección a la maternidad es una ficción. Aquí no está puesta sobre la mesa las elecciones de las mujeres que deciden sí ser madres por deseo o por convicción, al contrario, es un punto afirmativo que las mujeres puedan elegir ser madres si así lo quieren, más bien lo que está puesto sobre la mesa es aquello que versan las compañeras feministas cuando dicen “la maternidad será deseada o no será”.

En relación al segundo supuesto, ¿quién no ha escuchado antes frases como “no hay amor más infinito que el de una madre”, “los hijos son lo mejor que le puede pasar a una mujer” “todas las mujeres tenemos instinto materno”?, sin importar que estemos de acuerdo o no con esas afirmaciones, todos y todas hemos escuchado en algún momento, sino estas frases, algunas otras que hacen referencia a que la maternidad es una condición que en buena medida hace a las mujeres más plenas o felices o nos completa o complementa de alguna manera. Estas frases y aquellas que se les ocurra pensar o recordar son imaginarios sociales que asoman ideas en relación a cómo se piensa la maternidad en nuestra cultura, y a su vez, reflejan expectativas dirigidas a las mujeres en general y a las mujeres madres en particular. Estas expectativas se convierten en mandatos o demandas que van sesgando la posibilidad de vivir la maternidad desde formas distintas a las propuestas por el imaginario social. Uno delos imaginarios que permanece presente con fuerza en nuestra cultura es el de la “buena madre”. Se tiene tan tan internalizada la idea de la buena madre que las mujeres pocas veces la cuestionan y muchas veces se abandonan a sí mismas por priorizar la maternidad, en esta internalización aparen juicios para sí mismas que llevan a insatisfacciones y culpas de sus prácticas maternas.

Profundicemos en esta última afirmación a partir de una investigación que recientemente realicé en mi formación como Especialista en Familias y Prevención de la Violencia. Tuve la oportunidad de trabajar con el Colectivo Tonanzin y 21 de las mujeres que pertenecen a una iniciativa de acompañamiento de madres entre madres, la cual lleva el nombre de “Malas Madres”, en esta colaboración se aplicaron instrumentos de captación (una encuesta a cada una de las mujeres y una entrevista a una muestra de las mismas), con la finalidad de determinar las implicaciones que tienen en la vida de las mujeres el imaginario social de la “buena madre”. Los resultados fueron contundentes para determinar que los imaginarios sociales que existen en nuestra cultura entorno a la maternidad generan en las mujeres madres una serie de consecuencias poco favorables para sí mismas: sentimientos de culpa, poco autocuidado, juicios internos, renuncias, frustración e insatisfacción. Por ejemplo, el 73% de las mujeres entrevistadas declara no tener la paciencia que les gustaría tener con sus hijos e hijas, lo que deviene en culpas y juicios severos “Sí me juzgo, en que tal vez no lo hago bien, que no sé cómo es que hay que hacerlo, a lo mejor hace falta más comunicación, o a lo mejor me falta descubrir diferentes cosas en mí que puedo hacer, sí me he juzgado de muchas maneras, no recuerdo ahorita cuantas veces lo he hecho, pero pues creo que bastantes. (Chema 36 años)”. El 63% aunque se declaran cansadas con las demandas de la maternidad, pero refieren que eso no correspondería a lo que se piensa como una “buena madre”, como sino habitaran un cuerpo que se agota como cualquier otro. El 66% declara que priorizo la maternidad antes que su trabajo, mismo porcentaje refiere priorizar las necesidades de sus hijos o hijas antes que las suyas “Sí, sí también, por ejemplo, en cuestiones de salud, pues ellos sí van, yo apenas acabo de iniciar el tratamiento. Por ejemplo, en zapatos, sobre todo en zapatos, porque luego crecen todos al mismo tiempo y nadie se queda con zapatos, y pues yo ni pedo, yo voy y compro usado. Pero ¿por qué me voy tan lejos?, en la hora de la comida, les sirvo y les digo déjenme, ni siquiera me sirvo a mí, o lo que no se comen ellos, es lo que yo me como (Mon 33 años). El 100% se cuestiona a sí misma sobre si estará realizando un “buen” trabajo como madre. Estos dos testimonios se asoma la culpa, el juicio, la renuncia, la falta de autocuidado, el sacrificio. La exigencia del imaginario social de la buena madre, coloca a la mujer en un lugar de desventaja en su relación consigo misma, pues hay una eterna insatisfacción porque nunca es suficiente para llegar a esa aspiración de la buena madre “hay un buen de demandas hacia las mujeres respecto al ejercicio de maternar y de hacerlo bien y que eso es agobiante y estresante” (Eri 38 años).

Repetitivos y reiterados son los discursos en donde la maternidad se enaltece, olvidando que detrás de la madre existe una mujer que tienen sueños, deseos y aspiraciones, las mujeres que se convierten en madres se invisibilizan a sí mismas y la sociedad deja de pensarlas como mujeres para pensarlas como madres y aunque una condición no tendría que anular la otra, es así como se ha venido configurando. “Así, la maternidad, eje aún de la identidad femenina para la mayoría de las mujeres, además de espacio de disfrute y realización personal, es también condición de presiones ocultas, vía sutil de control, de dominio, y en su connotación sacrificial, de autoanulación” (Fernández Rius, 2008, pág. 139)

La maternidad ha sido romantizada al punto en el que las mujeres que son madres tienen permitido hablar solo de las bondades de su maternidad y son sancionadas con el juicio social aquellas mujeres que deciden mostrar una cara distinta, lo negativo es prohibido enunciarlo, configurando un discurso permitido y uno no permitido. Es frecuente escuchar testimonios de mujeres que hablan de su maternidad como “lo mejor que les ha pasado” y en contra parte es poco frecuente escuchar los discursos de las madres que se quejan, que están cansadas, que no “disfrutan” amamantar igual que otras, etc. Lo que pone de manifiesta que las mujeres tienen libertad para hablar de los “claros” pero no de los “obscuros” de la maternidad “Entonces me juzgan por decir que estoy cansada de la maternidad, que estoy agobiada, que ya no quiero, ya no quiero maternar, pero ya no quiero en un lapso, porque esto va a ser toda la vida y yo lo decidí, yo lo quiero, me gusta, me gusta mi hija, me gusta verla, porque es mi compa, es mi extensión” (Alex 29)

Haciendo un ejercicio en el buscador más usado (Google), si nos aventuramos a teclear la conjugación de las palabras “mujeres embarazadas” encontraremos que la mayoría de las imágenes que nos abre el buscador, son abdómenes abultados con neonatos viviendo dentro de ellas, cuerpos cortados, y reducidos al vientre que sostiene una nueva vida, es como si existiera una escansión de la mujer por la subordinación de la maternidad. La invisibilización de las mujeres ante la maternidad una de las características de la maternidad idealizada y dejar de ser vista como un ser con sueños, anhelos y necesidades propias, es una muestra de violencia simbólica, que afecta de manera directa el disfrute de las mujeres de su maternidad.

Pensar la maternidad nos obliga a pensar en los contextos donde la misma se ha gestado, en tanto la cultura se sujeta a un orden patriarcal, nada de lo que este dentro de ella, está fuera del patriarcado. El reclamo de las feministas de la segunda ola en relación a la maternidad era justamente que la misma se había usado como herramienta del patriarcado para tener control sobre el cuerpo y la sexualidad de las mujeres (Molina Petit, 2000). En buena medida tenían razón, pues la maternidad era pretexto para relegar a las mujeres al espacio doméstico y al ámbito privado “El patriarcado recluyó a la maternidad en el hogar, en un puesto subalterno, y la utilizo como mecanismo de dominio sobre las mujeres” (Vivas, 2021, pág. 130), por eso es que las feministas de esa época asociaron la liberación de la mujer con salir a la vida pública y dejar de lado la crianza. Aunque si bien es cierto que ahora hay una ola que convoca a los hombres hacerse cargo de la crianza y cuidado de los y las hijas, en general y en el grosso de la población sigue permeando la idea de que a las mujeres les correspondería más que a los hombres; por ejemplo las mujeres que entreviste en su totalidad están de acuerdo en que la crianza y los cuidado de los hijos y las hijas es una labor que corresponde a ambos progenitores, pero en la práctica concreta observamos que no es tan equitativo, en su mayoría son ellas quienes preparan los alimentos (71%), quienes juegan con las crías (66%), quienes las duermen (57%), quienes realizan las actividades escolares con los hijos e hijas (63%). La socióloga Esther Vivas (2019) narra como a finales del siglo XVIII la maternidad trascendió la función biológica de la reproducción y se comenzó a sostener que eran las madres las que tenían que hacerse cargo de la crianza de los y las hijas como su función principal y como con ello se empezó un proceso que nombra “materialización de la mujer” en el cual  la condición de ser madre se vuelve no solo una identidad sino la única a la que las mujeres tenían acceso “exclusiva y excluyente”; el rol de la madre ya no estaba supeditado a la función biológica (gestar, parir) sino que ahora le competía un rol social (criar, educar). “Ser madre se convirtió en el eje central de la identidad femenina, al margen del origen o la clase social. Los argumentos religiosos, científicos y naturalistas buscaban convencer a la mujer para que dieran prioridad a la crianza frente a otros aspectos de su vida” (Vivas, 2021, pág. 89).

Es importante aquí señalar que la maternidad no es el problema, sino el sistema que hace uso de la misma para el dominio del cuerpo de las mujeres, el punto de asumir que la maternidad ha sido en buena medida una herramienta del patriarcado para el control de la mujer, es justo para pensar en nuevas formas emancipadoras de la misma, lejos del dominio patriarcal

Pensar la maternidad en el marco del 8M nos hace reafirmar la importancia de no bajar el dedo del renglón en cuanto a la lucha que como sociedad tenemos para disminuir actos u omisiones que a las mujeres nos coloquen en un lugar de vulnerabilidad o desventaja. La maternidad debe implicar responsabilidad, pero también satisfacciones, debe ser gozada en plenitud. La maternidad esclaviza cuando está se tornó una obligación social (Chema 36 años)

Las exigencias explicitas e implícitas- imposibilitan la mayor de las veces una maternidad libre de juicios, internalizados en ellas mismas lo que disminuye el disfrute de su maternidad y sobre exigiéndose ellas mismas. Esto provoca que las mujeres madres acumulen una serie de insatisfacciones y frustraciones sobre su maternidad, además de un recurrente sentimiento de culpa y tristeza que viven en la más tremenda soledad, ya que no hay con quien hablar de estos temas. Atender las exigencias para ser una “buena madre” deriva en sensaciones de hartazgo y cansancio por el incumplimiento de los estándares, difíciles de cumplir dada la sobrecarga de trabajo y la escasa corresponsabilidad. La culpa por no cumplir con las expectativas viene acompañada de severos juicios familiares y sociales sobre sus prácticas maternas, y en reiteradas ocasiones situaciones de descuido hacía sí mismas por la sobrecarga de trabajo, con poca participación/apoyo de parejas y familias nucleares y/o extensas en las labores domésticas, pero principalmente en el cuidado de los hijos e hijas, razón por la cual es indispensable abordar el tema de la maternidad estereotipada. Es necesario construir nuevas formas de maternidad que incluyan el autocuidado, transformar los valores imperantes y los imaginarios que sostienen a la maternidad desde estereotipos de género que reproducen las desigualdades, sólo de esta manera será posible que las mujeres tengan un mayor disfrute de su maternidad (en caso que decidan ser madres). La maternidad debe ser una decisión, no una imposición. Yo creo necesario un lugar para hablar de los temas de maternidad y crianza sin sentirse juzgada. Debemos hablar más libremente de las que amamos a nuestros hijos, pero no el trabajo de crianza sin que ello cuestione o ponga en conflicto el amor. (Bety 40 años)

Esmeralda Estela Mozqueda Rodríguez Especialista en Familias y Prevención de la violencia


[1] La Alianza Nacional por el Derecho a Decidir, ANDAR, se fundó en el año 2002. Son cinco organizaciones líderes en el campo de los derechos sexuales y reproductivos,

[2] Por violación, cuando afecta la salud de la mujer, cuando pone en riesgo la vida de la mujer, cuando hay malformaciones congénitas, por inseminación artificial en contra de la voluntad de la mujer, si el aborto fue provocado de manera imprudencial, cuando la economía precaria se agrava al continuar el embarazo y por la libre decisión. La única causal que está aprobada en los 32 estados del país es cuando el embarazo es producto de una violación.

[3] http://legislaturaqueretaro.gob.mx/la-diputada-elsa-mendez-presenta-iniciativa-de-ley-a-favor-de-la-vida/

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