Mi búsqueda de justicia legal

La abogada me permite contarle mi historia, desde mi primer ataque de ansiedad hasta el día de hoy en que estoy platicando con ella. Me dice lo que casi todas las personas después de que me escuchan: lo siento mucho, pero te felicito por salir adelante. Agrega que querer empezar el proceso legal es otra forma de sanar.
Entonces, me explica qué es levantar una denuncia. Me dice que no lo vea como un proceso revictimizante. O sea, sí lo es, pero lo importante es que yo lo resignifique. Que sea una confrontación que me sane, que me vuelva más fuerte y valiente, en lugar de más víctima.
Me explica que ella me acompañará a levantar la denuncia y que en todo momento estará a mi lado. Que a las niñas y a los niños les hacen una serie de preguntas porque es complicado que ellos lo cuenten todo de un tirón. Pero yo ya soy mayor de edad, así que me sentarán y me dejarán hablar. Cuando termine mi narración, ellos procederán a cuestionarme. Me van a tratar como si no fuera la víctima. Me van a hablar medio feo, van a actuar como si no me creyeran, como si fuera una mentirosa. Quizá, hasta me van a culpar.
No me lo debo tomar personal, ellos solo estarán haciendo su trabajo. Pero, en resumen, ellos no me van a creer y si no los convenzo de que digo la verdad, entonces no habrá delito que perseguir. Ahí se terminará mi búsqueda de justicia (legal). Para que crean que sí fui abusada sexualmente de niña, tendré que contarles todo, describir lo que me hizo y lo que no me hizo con todos los detalles.
Le explico a la abogada que yo no tengo los recuerdos ni tan frescos ni tan detallados. En realidad, a duras penas recuerdo mi infancia. El trauma fue tan grande que se bloqueó. Sé quién lo hizo (mi tío G), dónde lo hizo (en su casa y alguna vez, en la de mis abuelos), cuándo es un poco dudoso (duró años); pero no soy capaz de describirlo así de preciso como debe de ser. Mis recuerdos son borrosos, distorsionados y horribles.
Ya no hay pruebas físicas y quizá mi capacidad para enumerar todos los efectos colaterales que la violación ha dejado en mí, no sea suficiente. La abogada me dice que podría trabajar en terapia para recordar. Ya lo hice y terminé con estrés postraumático y mi suicidio planificado. También me dice que como el agresor trabaja en el Tribunal de Justicia, el juicio sería complejo, porque él sabe cómo y con quiénes defenderse.
Cuando la junta termina, yo pienso que esto de bloquear el trauma no es nada nuevo, es una reacción común entre los niños y niñas que somos abusadas. Parece que hay una enorme laguna en la ley. Podría sumergirme en ella, esperando salir nadando o ahogarme en el intento.
Parece que mis recuerdos y la justicia legal, me han abandonado.



