8MInvitados

Mujeres, voces que merecen ser escuchadas.

El día de hoy solo soy una portavoz de las historias que he visto, he escuchado y me han contado algunas de las mujeres con las cuales convivo día a día. Sé que no me compete contar sus historias y mucho menos mencionar sus nombres, porque cada una merece su espacio y que su voz sea escuchada. Lo que quiero mencionar y hacer, es llevar a una reflexión de lo que hemos vivido como mujeres.

Todas las mujeres con las que he convivido tienen su propia historia; han pasado por momentos que no siempre han sido gratos. Hace unas semanas, realicé un ejercicio de escritura en el que mencionaba a las mujeres que admiro. Lloré escribiendo ese trabajo, porque tuve que recordar que no solo las admiro por sus logros en la sociedad (académicos, realización personal, entre otros.), sino también porque han salido de espacios de violencia donde se han visto vulneradas; ellas han tenido el valor de salir de ahí, y por eso admiro su valentía, su fuerza y su capacidad de seguir adelante a pesar de que la sociedad, en muchas ocasiones, estaba en su contra.

El hecho de que todas ellas y yo hayamos tenido que atravesar uno o más momentos de violencia me genera muchos sentimientos, los cuales he decidido nombrar como negativos (tristeza, odio, rencor). Me duele pensar que la violencia sigue existiendo y que yo solo pueda reconocer algunos tipos de violencia que han vivido esas mujeres, porque desconozco cuántos más callan y lloran en silencio.

Como mujeres no deberíamos ocultar lo que nos pasa en nuestro transitar, sin embargo, muchas de nosotras lo hacemos y de lo que ocultamos muy pocos se dan cuenta y las pocas que lo hacen sé que son mujeres que han pasado por lo mismo o empatizan con nuestra historia. Confío en que un día todas podamos acceder a un espacio libre de violencia donde se respeten y hagan valer nuestros derechos, donde podamos hablar sin ser juzgadas y revictimizadas.

La lucha colectiva e individual suele ser muy complicada, porque estructuralmente se nos impide acceder al espacio público; sé que el camino para llegar a ello es igual (difícil), pero hay que empezar a tomar los espacios que nos corresponden, que nuestro turno para hablar sea el primero le guste a quien le guste, porque ya no pretendemos quedarnos hasta el final.

Por último me gustaría cerrar de esta manera, compañera que estás leyendo esto; espero que algún día no te de pena contar tu historia y encuentres el espacio adecuado para hacerlo, donde te sientas cómoda y sepas que te puedan apoyar de la manera correcta, recuerda que la pena la debe tener quien te hizo daño.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba