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Para el II Centenario sólo faltan tres años

A partir de la fecha de 27 de septiembre de este 2018, faltan 36 meses para que la sociedad conmemore, aunque no lo celebre como debiera, el II centenario de la consumación de la Independencia de la Nueva España, hoy México. En ese entonces en un asoleado jueves, alrededor del medio día del 27 de septiembre de 1821, entraron las fuerzas del ejército Trigarante, comandadas por el ya casi aclamado emperador de México, don Agustín de Iturbide y Arámburo, ante un gran regocijo general de los mexicanos de entonces, en la ciudad de México.

Todos los estudiosos de la historia de México saben que don Agustín de Iturbide no era partidario de la Independencia en la forma y en los métodos en que los proponía y ejecutaba Miguel Hidalgo en 1810, por lo que no lo siguió y sí lo combatió, desde el ejército realista, lo mismo que hizo contra Morelos y otros insurgentes hasta casi el término de la segunda década del siglo XIX.

Los aficionados de la historia no sabemos, a ciencia cierta, cómo y cuándo es que Iturbide fue madurando el plan efectivo de la Independencia de esta parte de Norteamérica. Lo que sí sé a ciencia cierta es que en el sitio opuesto al cerro del Cóporo, le manifestó al capitán Quintanilla, su subalterno, sus intenciones de realizar la Independencia con el concurso de todas las razas y castas de entonces. Lo más probable es que conociendo las costumbres de la disciplina castrense de entonces, Quintanilla sólo le dio el avión (o sea le dijo que sí, para complacerlo) y no volvemos a saber casi de ese subalterno.

Quizá con eso se deshace la leyenda del supuesto oportunismo de Iturbide y de que cuando este salió para combatir a Guerrero a fines de 1820 ya llevaba la consigna de unir a los insurgentes al nuevo plan de independencia, pues la nueva ley española agredía la religión y oprimía más a los pueblos con más impuestos y despojaba a los indígenas de sus tierras, por lo que más lógico era unirse todos para el nuevo plan.

Con esta idea, invitó a Guerrero con tan mala suerte que hubo muchos desencuentros al principio hasta que se entrevistaron a principios de febrero de 1821 en Acatempan, del hoy estado de Guerrero.

Así las cosas, se dio el plan de Iguala, se hizo un paseo militar por todo el país y por fin en septiembre, con el reconocimiento del español O’Donojú, se terminó la sangrienta guerra que duró 11 años y 11 días, con un imperio que abarcaba alrededor de 4 millones 500 mil kilómetros cuadrados.

Recuerda, lector (a), sólo quedan tres años para el Bicentenario.

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