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Repensar Querétaro es urgente y posible

Las recientes lluvias que cobraron vidas y provocaron graves daños en Querétaro evidencian la urgencia de repensar cómo crece e interviene la ciudad. No se trata solo de fallas técnicas, estamos ante una crisis que cuestiona los principios con los que se diseña el territorio y la forma en que participamos en ello. A los riesgos socionaturales se suman la gentrificación que desplaza comunidades históricas, la violencia localizada que cobra vidas y erosiona el tejido social, el tráfico y los accidentes fatales, sobre todo de peatones y ciclistas, así como la contaminación que afecta la salud de todas y todos. Estos síntomas revelan un modelo urbano agotado. Entonces ¿Hacia dónde va Querétaro? ¿Bajo qué principios queremos reorientar la ciudad?

Repensar la planeación implica más que reformar normas o instrumentos, exige abrir un proceso colectivo de reflexión que coloque el cuidado de la vida como eje, en su contexto espacio-temporal. El diseño urbano no es únicamente una disciplina técnica, es también una apuesta política y ética que define qué vidas se protegen, qué territorios se priorizan y qué relaciones se fomentan.

Proteger la vida humana y no humana debe ser el principio rector de toda política urbana. Inundaciones, sequías o contaminación no son “desastres naturales”, sino consecuencias de decisiones humanas como impermeabilización del suelo, urbanización de laderas, deforestación o canalización de ríos que vuelven frágil el sistema ecológico de la ciudad. Garantizar el cuidado de la vida también implica prevenir la pobreza y asegurar condiciones dignas de existencia, agua, vivienda, salud, educación, espacios públicos y movilidad segura. Cada carencia urbana es una forma de pobreza material, simbólica o emocional.

Conviene visibilizar al menos dos ejes de acceso a los bienes públicos. Por un lado, la movilidad, entendida como “meta-actividad”, pues es condición de acceso a todos los demás derechos. Diseñar corredores verdes, transporte digno y empleo cercano significa construir una red de vínculos que fomente el cuidado mutuo. La planeación urbana debe garantizar que todas las personas, sin importar edad, género o condición, puedan llegar de forma segura y asequible a los bienes comunes de la ciudad.

Por otro lado, el derecho a la ciudad obliga a ampliar la idea de lo público, no basta con ofrecer servicios, sino también cuidar cómo se accede a ellos y en qué condiciones. La belleza, la limpieza y la iluminación de un parque no son lujos, son expresiones de dignidad colectiva. La estética del espacio público es parte del bienestar. Revalorizar la belleza como dimensión política implica comprender que el espacio común no es un residuo de lo privado, sino el fundamento de una vida urbana plena.

Para la implementación de estos principios es fundamental reconocer que toda acción urbana se mueve entre horizontes distintos. El corto plazo exige respuestas inmediatas, como frente a las inundaciones, pero si no se acompaña de prevención y aprendizaje institucional, reproduce los mismos errores. El largo plazo requiere continuidad intergubernamental y diálogo técnico-comunitario. Sin embargo, es en el mediano plazo donde la participación ciudadana puede ser más fértil, los proyectos locales permiten construir corresponsabilidad entre gobierno y comunidad, reconocer procesos barriales en marcha y fortalecer la legitimidad de las decisiones públicas, evitando que se conviertan en medidas asistencialistas.

El gran desafío es pensar la ciudad a largo plazo, más allá de los periodos gubernamentales. Mientras los planes estratégicos, como el olvidado Q500, planeado al 2050, no sean vinculantes, seguiremos derrochando recursos en diagnósticos y planes trianuales o sexenales que no logran consolidar una visión compartida de futuro.

Todo ello requiere una enorme cantidad de recursos pero, la escasez no se reduce al dinero. En Querétaro, lo verdaderamente limitado son la continuidad institucional y la confianza entre ciudadanía y gobierno. Gestionar lo escaso exige decisiones éticas, priorizar lo que cuida, no lo que solo luce. No toda obra pública es progreso, muchas veces conservar y reparar vale más que construir. La planificación urbana no puede ser solo un asunto de recursos, sino de confianza y organización social. Las comunidades, las instancias gubernamentales y numerosos especialistas llevan años construyendo soluciones posibles. Falta que las decisiones políticas y los presupuestos estén a la altura de esa inteligencia colectiva.

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Un comentario

  1. Y cuál es la razón que no te pintas de guinda.
    Será que sólo venden espejos y se apoyan en las ayudas compra votos.
    Primeramente deben de ser abiertos y honestos. dejar a un lado ése poder que los tiene ciegos y ya no ven lo que la ciudadanía necesita.

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