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Rock: La música sufre por la pérdida de ídolos y de trabajos

Eduardo Luque Hudson

Este 2021 pasara a los anales cronológicos del rock como uno de los más complicados de su historia, pues contraria a su inercia natural evolutiva, sufrió un enorme retroceso, en definitiva, este año nos ha quedado a deber. Y es que la industria musical no solamente vive de la venta de sus álbumes, también de conciertos, festivales o pequeños clubes y toda esta infraestructura no se maneja ni mucho menos se mueve sola: detrás existen técnicos, promotores, agencias, etc. Son las agencias las más perjudicadas en este macro ecosistema musical, sin menospreciar otros oficios que en mayor o menor escala de importancia se ven asimismo afectadas como son los periodistas, fotógrafos, estudios de grabación, etc., haciendo que muchos de ellos cierren o migren a otros sectores y con ellos todo ese talento y experiencia, vaya desperdicio.

Por si esto no fuera suficiente, habría que agregarle la perdida física de grandes iconos musicales, solamente en lo que va de esta segunda mitad del año, han muerto 10 músicos de los que he tenido conocimiento, todos ellos con mérito de sobra en su círculo de influencia, entre estos destaco un par de nombres, el del legendario baterista Charlie Watts y el del icónico bajista Dusty Hill, miembros de 2 bandas que además de ser pioneras del rock, contaron con alineaciones muy estables durante su existencia, como son los Rolling Stones y ZZ Top respectivamente, esta última teniendo la dicha de festejar -con sus tres miembros originales- hace apenas un par de años atrás, medio siglo de existencia, pocas, muy pocas con esa fortuna, digna de ripley. Y qué mejor manera de celebrar como los grandes ese 50 aniversario que con el lanzamiento de su película That Little ol´ Band, filme que se convertiría un clásico instantáneo para la fanaticada.

Esta obra de arte cinematográfica se estrenaría un día 13 de agosto del 2019, entre sus invitados tendría a distintas personalidades del medio y a otras muy, muy alejadas de él, entre estos últimos, sobresaldría la presencia de su Zorro Plateado, entre la marranilla, pero sin achicarnos; en esa ocasión portaría mi playerota negra con el logo de la banda en amarillo, como dictan los cánones.

A las siete y media de la noche, estaría haciendo mi entrada triunfal a la sala, no sin antes dar mi vuelta al ruedo en la afamada alfombra roja, clímax en la liturgia debutesca. Para las 7:45 su Zorro Plateado ya se encontraba a sus anchas en el interior del cinema, esta vez no haría mi tradicional paseíllo de reconocimiento de territorios, iría directo a la fila “S” tomando de inmediato posesión de mi asiento “33”, casi en el centro, nada malo por cierto.

Mientras esperaba el gran momento, pasaba por mi cabeza como apenas 24 horas antes no tenía nada, ya me tocaba pensé, y es que estas ceremonias cuasi rituales son mi perdición, no puedo resistirme y más cuando se trata de hechos históricos rocanroleros.

A las 8 en punto inició la función; ya se imaginarán el intro, con fondo de la banda oriunda del sur de Texas de por medio, es ahí mis tres lectores, donde te invade todo tu cuerpo una sensación indescriptible, cuasi levítica donde se cae en un profundo trance, que duro poquito menos de dos horas, suficiente.

Al terminar, las infames prisas por regresar de vuelta a la realidad, en un dos por tres ya estay trepado en el chiflador de regreso tratando de conciliar un coyote necesarísimo que llegaría a medias, siempre acompañado de ese fantasma de la nostalgia de lo vivido que nomás no me soltaría hasta pisar tierra otra vez.

Me dicen mis allegados que cuando se trata de temas musicales, actúo por “impulso”, y si, de que otra manera se podría actuar, nada de lo que hago tiene un plan, una ruta crítica, todo es sin cronograma, es al tanteo pues y es que ¿cómo puedes planear un evento al cual no estas invitado si se encuentra fuera de tu país y con 24 horas de anticipación?

Pero así es la vida rocanrolera y es una maravilla. No en todas las hazañas rocanroleras se triunfa algunas no tienen un final feliz, pero hasta esas se gozan. Para otra ocasión les platico de cuándo y cómo es que el mismísimo Billy Gibbons líder de la banda hizo entrega personalmente a su Zorro Plateado de su boleto de cine, siendo su invitado especial, y de cómo conocí a los dos restantes integrantes de la agrupación. Por donde se le vea, han sido tiempos complejos para el gremio en lo económico, pero también para la fanaticada, pues como toda distracción, pasatiempo o afición, esta se convierte también en un estilo de vida. Esperemos que muchos músicos utilicen este impasse y le saquen provecho metiéndose al estudio, tiempo les sobra, esta sería la forma más valiosa de aprovechar esta temporada y no tomándose un largo periodo sabático, la fanaticada merecemos respeto.

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