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Ser naco a veces no es tan chido

“Chale valedores, a qué huele la ciudad, mai, la cuidad huele a la banda”

Si bien el origen del término es incierto, algunos autores como Octavio Paz lo refieren como una aféresis de totonaco, usado para generalizar a los indígenas que migran a la capital. Otras fuentes mencionan que proviene de los chinacos que combatieron a los franceses en el siglo XIX, y que usaban trajes de charros recargados de adornos.

Si bien ninguna es comprobable, se puede afirmar que el término comenzó a ser de uso popular en la ciudad de México, durante los años cincuenta cuando las familias acomodadas de los estados de la República inmigraron a la capital trayendo su buen nombre y acarreando con ellos también a los indígenas, dando origen a una marcada estratificación de clases.

Lo anterior dio origen a denominaciones como “naco” que se anexaba como conjunto a los términos “indios”, “plebe”, “pópulo”.

Este termino llegó a popularizarse gracias a la llegada de la televisión y la interpretación de “El Pirruris” (personaje encarnado por el actor Luis de Alba, que representaba a un júnior, estudiante de la Iberoamericana acomplejado, sobreprotegido y con un rechazo hacia los pobres y su conducta).

Así pues, la palabra se fue extendiendo y dejó de utilizarse solamente para referirse a los indígenas, abarcando a todo aquél que no se condujera sobre ciertas normas de conductas.

Es importante señalar que la connotación en México difiere de la que se le da en otros países de Latinoamérica donde simplemente se usa el adjetivo “indio” u “ordinario”. El naco mexicano podría compararse con el “gamberro” de España.

Guillermo Bonfil Batalla, en su libro México profundo, explica que: “si antes se les llamaba plebe, hoy se emplea otro término que ya alcanzó arraigo: son los nacos. La palabra de innegable contenido peyorativo, discriminador y racista se aplica preferentemente al habitante urbano desindianizado, a quien se le atribuye gustos y actitudes que serían una grotesca imitación del comportamiento cosmopolita al que aspiran las elites, deformado hasta la caricatura por la incapacidad y la ‘falta de cultura’ de la naquiza”.

Guadalupe Loaeza define lo naco como: “lo contrario al refinamiento, lo chafa. Es la falta de cortesía, de educación, de buen gusto, de modales; es querer chingar al otro. Es una falta de respeto al otro. Lo naco es todo lo que no tiene que ver con la cultura.”

Aunque cada uno tiene sus percepciones de lo naco, por lo general éstas incluyen lo vulgar y la falta de civilidad, diría Guadalupe Loaeza: “es aquél que llega a una piscina pública con su grabadora a todo volumen y música de Los Tigres del Norte, tira basura y hace ruido con sus bolsas de papas.”

Monsiváis remata este estereotipo: “Naco es una vulgaridad ofensiva, agresividad que una cuba o tequila conducen rápidamente al limite, mal gusto que la vestimenta cara no redime, bigote aguameliero y dicción permeada en tono de arrabal.”

Por otro lado, la naquez está íntimamente relacionado con lo popular y se encuentra en un constante roce entre lo corriente y lo aceptado. Juan Enrique Huerta Wong, comunicólogo egresado del ITESM, en su artículo El pollo y el zorrillo, publicado en la revista electrónica Razón y palabra, hace una referencia a lo anterior: “Todo cambia según lo que dicte el espejo trizado de las identidades de los agentes a los cuales el grupo y la ideología dominante dotaron de propiedades”. Basta ver las bolsas de pita, que eran clásicas de las señoras de clase baja que iban al mercado, poco a poco se fueron colocando en el gusto de los “Fresas”, y se venden en centros comerciales en cantidades que son de risión, por lo caro que se venden, cuando en un mercado las consigues en máximo 20 pesos.

Asimismo lo naco es una cuestión de racismo, como nos lo comenta Armando Vega-Gil, músico y escritor: “cuando le dices naco a una persona, se efectúa un reflejo del racismo de la sociedad mexicana sin darse cuenta. México es un país muy clasista desde antes del Virreinato, con el sistema de castas de la época prehispánica.” Fue Vega-Gil quien junto al grupo Botellita de Jerez, busco destruir este racismo usando el lema “naco es chido”.

El naco es también un gran consumidor de la sociedad capitalista, por que ser naco no tiene nada que ver con tener o no dinero, se puede tener millones y ser naco, se viene a mi mente la imagen de Güicho Domínguez, el pobretón que gana la lotería y trata de encajar en un estrato al que no pertenece. Este naco gastara lo que sea en mercancías que considere “in” con tal de encajar en el círculo social.

Dicho todo lo anterior podemos decir que el naco no es obligatoriamente el indio o aquel que no tiene dinero, naco podemos serlo todos, incluso nosotros mismos nos sorprendemos en ocasiones haciendo una nacada. Naco es el prepotente, el vulgar, aquel que no sigue las normas de conducta, el que tiene mal gusto, el ignorante, mal educado y falto de cortesía. La palabra naco asimismo contiene una connotación despectiva, busca calificar y dividir a quien lo dice de quien lo recibe, segrega a las clases, es una muestra de racismo hacia nosotros mismos, que no es más que una muestra de nuestro sentimiento de inferioridad.

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