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Sólo para nostálgicos… De muertos y embutes

Denegri fue hombre culto, sagaz, buen periodista y… misógino; pero esas cualidades las utilizó para crear un aura de poder y temor.

Hablar o escribir acerca de los muertos causa polémica. Por lo general se considera que hay que guardar buena memoria de ellos; sin embargo, hay quienes no descansan en su tumba por sus hechos. Ejemplos hay muchos, al menos en la historia reciente de México, se puede citar al presidente Gustavo Díaz Ordaz por su participación en el conflicto estudiantil de 1968.

Pero no solamente los políticos fallecidos han dejado mal recuerdo, también en otros ámbitos públicos; tal es el caso del periodista Carlos Denegri, personaje que durante décadas fue temido por la clase política, líderes sindicales y gobernadores.

Denegri fue hombre culto, sagaz, buen periodista y… misógino; pero esas cualidades las utilizó para crear un aura de poder y temor. Fue columnista de Excélsior de 1938 a la fecha de su muerte, el 1 de enero de 1970; día en que fue asesinado por su esposa, cansada de las humillaciones, malos tratos y golpes.

Su carrera periodística fue exitosa; entrevistó al papa Pío XII, a Franklin D. Roosevelt, al general Francisco Franco, a Kennedy y a Nikita Kruschev, entre otros personajes. En esa época, el periodismo era un arma que utilizaba el gobierno en turno para promover a sus aliados o atacar a sus opositores. No había medio de comunicación que no estuviera vigilado y censurado; lo mismo se apoyaba económicamente a un medio o periodista o era vetado y el comunicador acosado.

Carlos Denegri fue objeto de atenciones gubernamentales, era bien retribuido; publicaba Buenos días, columna de lunes a viernes; los sábados Miscelánea de la República, y los domingos Miscelánea Semanal’.

Dirigía el noticiario de televisión Ocho columnas, con duración de 15 minutos, y que se transmitía en el Canal 5 de lunes a viernes a las 23:15 horas; el gobierno pagaba un promedio de mil 850 pesos por cada programa. Sus columnas eran temidas por los políticos que lo aceptaban en sus reuniones públicas o privadas, era mejor tenerlo de aliado que de enemigo.

Carlos Denegri tenía dos ficheros, uno con datos positivos de sus protegidos y otro con información oscura y comprometedora para usarse de ser necesario. Unos de sus lugares preferidos para comer y beber era el restaurante Ambassedeurs, que estaba en la esquina de Bucareli y Reforma y formaba parte del edificio del periódico Excélsior. En palabras del periodista Manuel Mejido, quien trabajó con él, lo retrata de cuerpo entero; era la imagen del Doctor Jekyll y Mister Hayde: “Cuando estaba sobrio era una bella persona, fino en el trato, culto e inteligente, pero nada más se le pasaban las copas se convertía en un demonio”.

Carlos Denegri, al igual que otros periodistas, era objeto de apoyos económicos por parte de la oficina de Comunicación social de la presidencia de la república. En el Archivo General de la Nación existe una transcripción telefónica del 19 de diciembre de 1962, (sexenio de Adolfo López Mateos) en que se hace mención a un “regalo”; el interlocutor del jefe de la oficina de comunicación social, Francisco Galindo Ochoa, sugiere que hay que enviarle a Denegri tres mil pesos, pero Galindo considera que mejor cinco mil pesos.

Y los nostálgicos recuerdan las palabras del presidente José López Portillo: “No pago para que me peguen”, con relación a las críticas a su gobierno de la revista ‘Proceso’ y por eso le suspendió la publicidad.

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