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Un fantasma recorre Tolimán: es el fantasma de Cliserio Gaeta Jara

¿Quién puede negar la importancia histórica de la lucha armada de Emiliano Zapata y Francisco Villa? ¿No fueron ellos, a caso, los que combatieron al lado de hombres y mujeres para exigir mejores condiciones vida? ¿No fue la lucha armada la que los hizo ser escuchados?

Todas las fuerzas de la vieja ciudad declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el palabrero rezongón y sus escritos sin luz ni color, el tradicionalismo político y sus partidos, los reaccionarios del bajío y los defraudadores.

A 170 años de la aparición del ‘Manifiesto del Partido Comunista’ escrito por Karl Marx y a 2 años de tu partida, la historia de la humanidad hasta nuestros días –diría el ya mencionado filósofo alemán- sigue siendo la historia de las luchas de clases. Para un hombre como Don Gaeta, el Manifiesto, así como algunas otras obras de Marx, fueron parte importante de su formación revolucionaria. Ya comentaba él en alguna ocasión que, durante su vida en la guerrilla, la lectura fue un elemento substancial para su condición como insurgente.

Con estudios hasta el nivel de educación primaria, Gaeta Jara pudo empaparse de la literatura revolucionaria y de la filosofía. Al respecto, Gaeta comentaba que cuando leyó filosofía por primera vez se enfermó y presentó síntomas de fiebre, estuvo acostado por 2 o 3 días debido a que –según él- no pudo soportar todo lo que aprendió cuando se enfrentó al saber filosófico.

Pero, no fueron sólo los textos de Marx o Lenin los que lo formaron en la clandestinidad y en la guerrilla; más bien, su vida como campesino, la pobreza y las condiciones materiales –diría Marx- se colocaron como elementos determinantes para generar una conciencia de lucha en Gaeta. Con su poca formación académica, pero con muchos anhelos de ayudar a los “jodidos”, Cliserio Gaeta decidió apostar sobre sus hombros el peso de la historia, el peso de transformar la realidad. En la tesis 11 sobre Feuerbach, Karl Marx dice: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” y, si a esto le podemos modificar, a modo que sea pertinente para este texto, diríamos: “Los guerrilleros hasta nuestros días no sólo han interpretado el mundo de diferentes maneras sino que, además, lo han transformado”.

Para un campesino como Gaeta, el ya mencionado ‘Manifiesto del Partido Comunista’ se volvía un texto que se anclaba a su vida, a su pobreza y a su momento histórico. Un hombre que no tenía nada que perder arriesgó su vida para añorar que, alguna vez, se alcanzara la justicia social y se eliminaran los antagonismos de clase. Sin renegar de su pensamiento revolucionario ni de sus influencias ideológicas, Don Gaeta empuña las armas y se une la guerrilla. Bien diría Marx: “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar”. Así, Don Gaeta no perdió nada y sí ganó: encontró un lugar en la historia.

Gaeta aprendió del Manifiesto que el capitalismo moderno no sólo había sustituido las viejas condiciones de opresión sino que, además, también ha producido a ese hombre que tratará de darle muerte a dicho sistema: el guerrillero. Para unos, el camino de éste es equivocado y obsoleto, para otros –como es el caso de nuestro revolucionario tolimense- es un trecho necesario caminar para ser escuchado. ¿Quién puede negar la importancia histórica de la lucha armada de Emiliano Zapata y Francisco Villa? ¿No fueron ellos, a caso, los que combatieron al lado de hombres y mujeres para exigir mejores condiciones vida? ¿No fue la lucha armada la que los hizo ser escuchados? El sonido del rifle y la metralleta, el zumbar de la bala viajando para encontrar su destino y el martilleo de los percutores son las armonías que hicieron a los poderosos prestar atención a la canción que invitaba a bailar la Revolución. Así, Don Gaeta decidió entonar los cantos luctuosos con tableteos de ametralladoras como apuntaría el ‘Che’ años antes.

La lucha revolucionara no nació de la imaginación de Don Gaeta sino fue producto de las condiciones históricas que se amalgamaron en la vida de nuestro rebelde de Jalisco. Ya bien lo dijo Marx en ‘El dieciocho brumario de Luis Bonaparte’: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas del pasado”; siendo así, a Gaeta no le quedó otro camino más que hacer su propia historia.

Encontramos en Don Gaeta un ejemplo de aquel hombre que anhelaba el ‘Che’: el revolucionario; ese escalón al que pocos pueden acceder. De igual manera, Fidel Castro en la introducción de ‘El Diario del Che en Bolivia’ destacaba lo siguiente: “El proceso de formación guerrillera es un incesante llamado a la conciencia y al honor de cada hombre”.

Los que conocimos a Cliserio Gaeta sabemos que fue un hombre con conciencia de clase y que dio muestra de ello en su quehacer dentro y fuera de las filas de la guerrilla. Hombre de trabajo y consiente de las condiciones de vida de su gente, nunca cambió sus ideales a cambio de nada. Su imagen sigue viva como siguen vivas las imágenes de otros revolucionarios.

Un adiós al camarada Gaeta no es pertinente, más bien, es un hasta siempre comandante Gaeta. Seguimos tu ejemplo. A los revolucionarios no se les despide, se les lleva en la memoria y en el corazón para que su recuerdo siga siempre vivo y nos dé el ánimo de seguir luchando. ¡Hasta la victoria siempre camarada Don Gaeta! ¡Aquí vive Gaeta, el Viejo Tonto!

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