“Vives sin vivir”: Brenda Rangel, hermana de Héctor

Brenda Rangel Ortiz es una activista queretana, quien ha estado involucrada en la búsqueda de las personas desaparecidas desde hace casi dieciséis años, después de que su hermano -Héctor Rangel Ortiz- fuera víctima de una desaparición forzada. Su preparación como abogada le brindó las herramientas para ser fundadora de Desaparecidos Justicia A. C. Querétaro: asociación civil que se ha unido a más de sesenta casos y ha logrado la recuperación de los cuerpos de veintitrés víctimas de esta problemática.
Actualmente, la defensora por los derechos humanos también busca recuperarse de un cáncer de mama expandido, el cual ha hecho metástasis en su columna vertebral; condición que la ha llevado a comenzar sesiones de radioterapia desde febrero del presente año. Esta enfermedad crónica llegó hace cuatro años a su vida, en medio del activismo. Sus emociones se aprehendieron tanto de su cuerpo que ella atribuye su condición al cúmulo de afligimiento por no encontrar a Héctor.
Su enfermedad es sólo una de las muchas vulnerabilidades a las cuales se enfrentan las buscadoras en Querétaro. Esta labor tan comprometida es llevada a cabo principalmente por mujeres que se unen y organizan para encontrar a sus seres queridos.
Un compromiso incesante: sin fines de semana, vacaciones ni días de descanso que alivien la incertidumbre sobre el paradero de un hijo, una hermana, un tío, una madre y tantos parientes más. ¿Las consecuencias? Mujeres desbordadas, mas no débiles, por atender aquello que en realidad le corresponde al Estado. La búsqueda implica pensar en maneras de sostenerse emocional y económicamente al estar inmersas en ella, pues las respuestas de la autoridad son exiguas y, en ocasiones, nulas.
El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), base de datos gestionada por el gobierno de México, es una página imprecisa y compleja de navegar para encontrar datos precisos sobre personas víctimas de desaparición forzada en cada entidad federativa. Durante la redacción de este material, aparecieron cifras distintas y fluctuantes en tres ocasiones dentro de una misma categoría, e incluso contradictorias entre una categoría y otra. Además, el registro es una compilación histórica desde el 31 de diciembre de 1952 hasta marzo de 2025.
Sin embargo, hay tres números que sí son claros de acuerdo con el seguimiento histórico que ha realizado esta página: las personas desaparecidas, no localizadas y localizadas por rango de edad y sexo -es decir, quienes en general han estado involucradas como víctimas de lo que constituye el delito de desaparición forzada- encuentran su mayor vulnerabilidad entre los 15 y los 19 años, de los cuales 25,249 son hombres, 50,272 son mujeres y 96 no han sido identificadas con ningún sexo.
A pesar de que el problema sigue explicándose, esto demuestra que la desaparición forzada vulnera la vida de estudiantes de bachillerato y universidad, con una inclinación evidente por privar de su libertad a gente joven.
Contra la omisión y la indiferencia
El 10 de noviembre de 2009, Héctor Rangel Ortiz salió de la ciudad de Querétaro con destino a Monclova, Coahuila, donde fue víctima de desaparición forzada a manos de policías municipales. En aquel entonces, él tenía 27 años. Su paradero sigue siendo desconocido debido a la negligencia de las autoridades federales y estatales.
En ese momento, Brenda Rangel, su hermana, inició una búsqueda inacabable de justicia, no sólo para él, sino para los familiares de muchas otras personas víctimas de desaparición forzada en el país. No obstante, no siempre las respuestas de la sociedad han sido solidarias con la causa, y Rangel apropia esta indiferencia a las mismas acciones que toma el gobierno:
“El mismo gobierno se ha encargado de destruir mucho el tejido social porque te hace sentir que lo que haces no es correcto […] Que sí o sí mucho han tenido que ver los tabúes y las costumbres de mucha gente en cuanto a dejarse llevar por lo que el mismo gobierno hace, porque cuando tenemos unión, vencemos. El mismo gobierno se encarga de dividir para que las causas no puedan prosperar”.
¿De qué manera?
“Te hacen ver que no todos los desaparecidos están desaparecidos porque sí; que muchos de esos desaparecidos están vinculados con el crimen organizado, que las personas que están desaparecidas están vinculadas a gente mala”. Cuando realmente no es así.
¿La idea de ser una víctima perfecta para merecer justicia?
“Exacto. Y si tienes a una persona desaparecida, te empiezan a estigmatizar: no eres una persona bien vista, piden que no se junten contigo, dicen que estás loca. En las marchas, por ejemplo, en todo ese tipo de cosas, no falta quién se acerque y te diga: ‘Ah, es que anda marihuana. Es que anda bien drogada’”.
Pone el acento en lo que comúnmente se asocia con las marchas, lo cual revela una intención del gobierno por desacreditar el movimiento:
“Te mandan gente para que se te infiltre y entonces te hacen quedar mal ante la sociedad, ¿me explico? O pintan carros o se meten y roban, y dicen que era la mamá de un desaparecido; cuando en realidad, las familias que tenemos este dolor, lo menos que hacemos es violentar doblemente a las personas porque sabemos lo que duele sufrir la pérdida de alguien a quien amamos”.
La ausencia: fortaleza para la búsqueda
El duelo es arrasador y confuso cuando lo acontecido carece de claridad; como si las personas desaparecidas fueran sólo un expediente, como si sus historias no existieran. ¿Es prudente llorar cuando el dolor se instala en un limbo, cuando las señales son tan ambiguas?
Como escribió Brenda Navarro en su ópera prima Casas vacías: “¿Por qué les llaman desaparecidos y no se atreven a llamarles muertos? Porque los muertos somos los que los buscamos, ellos siempre, siempre seguirán vivos.”
No se puede ceder a la desconfianza ni apartar la justicia cuando Querétaro insiste en olvidar.
En ese sentido, Brenda Rangel también destaca la experiencia de haber conocido a gente que, además de haber sido un acompañamiento, le ha aligerado la frustración, la rabia, el coraje y la impotencia; gracias a la confianza que han depositado en ella para ayudarles con la búsqueda de sus allegados:
“He logrado encontrar a sus seres queridos: algunos con vida, algunos sin vida, pero el hecho de saber ‘ya está en su casa’, ‘ya saben en dónde está, a dónde irle a llorar’, todos esos momentos para mí son algo que fortalece y algo que alivia a mi corazón. Eso es lo máximo. Eso ha sido para mí lo más fortalecedor en que sí se puede, que nunca puedo perder la esperanza, nunca puedo perder la fe y la confianza de que puedo encontrarlo”.
El amor después del dolor
¿Qué sabor te ha dejado la experiencia de ser representante de Desaparecidos Justicia A. C. Querétaro?
Hablando con honestidad, me ha dejado boquiabierta en muchas ocasiones. Me ha dejado con mucha satisfacción poder representar a tantas personas, saber que les he ayudado, que, bien o mal, el dolor, el conocimiento que obtuve de tanto rascar y estar detrás de la autoridad ha ayudado a esas personas […] Yo nunca tuve a una Brenda que me pudiera apoyar, que me pudiera decir ‘Por allá no es, no pierdas el tiempo. Es por acá. Mira, hay que meter este recurso’. Yo sentía que, cada que yo ayudaba a una de estas familias, era como si yo buscara y ayudara a Héctor.
En cuanto a tolerar la incertidumbre, la activista y abogada puntualizó:
“Sí ha sido muy difícil porque hay días que me tumba y no paro de llorar, o me meto a bañar y están corriendo las lágrimas. Siento que es la forma más cruel y vil que podemos tener como seres humanos al desaparecer a una persona, que no volvemos a saber nada de ella. No aprendes a vivir; más bien, vives sin vivir”.



