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Vivir la Paz en tiempos de violencia

La raíz etimológica de la palabra Paz proviene del latín “pax” y “pacis” que significa pacto, entendimiento o acuerdo.

Cuando digo “vivir la Paz” me refiero a lograr un alto grado de conciencia sobre lo que significa en el día a día disfrutar de este valor mediante el cual existe un entendimiento que permite que nuestra vida se desenvuelva armónicamente la mayor parte del tiempo. No sin conflictos, pero sí con los recursos necesarios para afrontarlos y transformarlos constructivamente.

Por ello, vivir la paz en tiempos de violencia suena contradictorio, sin embargo, pretende ser un desafío para realizar un proceso de concientización en el que se pueda reconocer, procurar y conservar lo valioso de dichos entendimientos, pactos o acuerdos que contrarrestan los actos violentos.

Considero, en acuerdo con los y las autores que me preceden, que dicha concientización es posible fundamentalmente a través del proceso de enseñanza-aprendizaje que brinda la educación como lo afirmó Freire, no solo áulica, sino centralmente aquella que recibimos en casa y en los demás espacios donde convivimos.

Desde que nacemos y empezamos a relacionarnos nos desenvolvemos, sin darnos cuenta, dentro de un entorno donde prevalece la Paz o la violencia, tales experiencias influyen en que nuestra forma de ser tienda más a una u otra forma de afrontar los conflictos que se presentan a lo largo de nuestra vida, pero siempre podemos aprender y transformar aquello que nos genera sufrimiento.

Para lograrlo es clave reconocer los actos de violencia directa, estructural y cultural, definidas por Galtung, que hemos aprendido y que llevamos a cabo de distintas formas y en diferentes momentos, así como los actos pacíficos que realizamos cotidianamente sin percatarnos. Habrá que mirar hacia adentro aquello que señalamos en quienes nos rodean y mirar en nuestras relaciones qué tanto hemos podido llegar a un entendimiento en el que los conflictos puedan gestionarse favorablemente cuando se presenten.

Definitivamente, vivir la Paz, requiere esfuerzo, trabajo, disposición y una gran fuerza de voluntad para construir el entendimiento al interior de nuestro ser, entre personas, entre grupos, entre naciones, a través de los diferentes recursos que podemos poner en práctica, tales como el diálogo, la empatía, la reconciliación, la aceptación de las diferencias, la comprensión, el respeto, el reconocimiento, el trato justo, la cooperación, entre otros.

Finalmente, para vivir la Paz en tiempos de violencia habrá que concebirla como propone Muñoz et al, como una Paz imperfecta, es decir, inacabada, en movimiento, en constante cambio, atravesada por la conflictividad humana, que reconoce las debilidades y la fragilidad del ser humano, así mismo, compleja, pues a pesar de coexistir con la violencia genera esperanza, ya que reconoce los actos pacíficos existentes y conjuga los esfuerzos de quienes vislumbran en ella la opción de su vida y de la vida en sociedad.

Maribel Rivera López

Docente de la Facultad de Psicología y Educación, UAQ

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