Opinión

10/01/2016 Los Ángeles Se Han Ido: Hasta Pronto Mayor Tom.

Por: Jorge Miguel Gascón Matamoros

 

David Bowie ha muerto, también han muerto el Mayor Tom, Ziggy Stardust, Aladdin Sane, el Delgado Duque Blanco y Jareth, el Rey Goblin.

En números anteriores de Tribuna de Querétaro (413-414) hice una remembranza de la carrera de Bowie, y es por ello que aterrizo esta elegía en el terreno personal y para ser honestos, siquiera empezar a redactar este texto fue como tener una carga en el pecho que es imposible de quitar.

Enterarme de la muerte de Bowie fue de esos momentos que nunca olvidaré. De esos eventos que siempre recuerdas cuando sale la pregunta “¿Qué estabas haciendo cuando…?” Muchos recuerdan lo que hacían cuando murió Lennon; yo recordaré por siempre qué es lo que hacía y lo que sentí cuando murió el artista que más he admirado en mi vida.

Conocí en forma la obra de David Bowie en 2004, cuando en mis años de bachillerato, un amigo (nieto de un renombrado historiador) pensó que sus álbumes podrían llamar mi atención. Comenzó con algo que pudiera atraerme gracias a mi afición musical adolescente al hip-hop; “Ten, seguramente esto lo podrás remezclar” dijo al tiempo que me entregaba un CD-R con Chant of the Ever Cicling Skeletal Family.

Al haberle mostrado mi interés por la canción, me invitó a su casa a escuchar algo más de Bowie, algo que dijo que me iba a sorprender; entonces sacó de su repisa Low. A medida que el disco corría sentía como mi conocimiento musical hasta ese momento era prácticamente nulo y cómo mi cerebro se expandía como si hubiera estado siendo educado por un sombrero mágico mediante electrochoques.

Cuando terminó el álbum me di cuenta de que necesitaba más, por lo que cada dos días mi amigo me prestaba un álbum distinto. Así como había canciones que conocía a pesar  de no saber quién las cantaba, también había cosas que me sorprendían y me inspiraban a explorar más su obra, tanto musical como plástica y literaria. David Bowie tenía obras para cada estado de ánimo y cada momento de la vida.

Sería muy pretencioso de mi parte decir que tenía una relación con Bowie, porque él era inalcanzable para nosotros. Pero mi relación con su obra es lo que marcó mi vida y lo llevo cargando como tótem cotidiano.

Su pérdida ha representado un fuerte golpe al arte y a la cultura pop ya que si no hubiera existido Bowie, artistas como Jean Michel Basquiat no hubiesen tenido difusión al público general, Hideo Kojima no hubiese encontrado inspiración para sus personajes en Metal Gear Solid, Lady Gaga básicamente no sería ella misma, por lo que me arriesgo a decir que hemos perdido al artista más influyente de nuestra generación.

El mundo es un poco más gris sin David Bowie porque estoy seguro de que no habrá artista con tal impacto, no por falta de talento, sino por una segmentación de gustos culturales producto de la nueva forma de consumir medios por la audiencia. Vivir con la certeza de este hecho duele casi tanto como la pérdida del ídolo.

Don McLean escribió en American Pie “El día que murió la música” refiriéndose a la muerte de Buddy Holly, Ritchie Valens y J.P. Richardson. Si esta canción fuera para Bowie, McLean cantaría “El día que murió el arte”.

David Bowie ha muerto. Larga vida a David Bowie.

 

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