Opinión

15 por ciento

Por Ángel Balderas Puga*

Los dos sindicatos de trabajadores de nuestra Universidad, el sindicato de académicos SUPAUAQ y el sindicato de trabajadores no académicos STEUAQ han emplazado a huelga a la Universidad para el primero de marzo. El primero de los sindicatos mencionados tiene su revisión salarial mientras que el segundo tiene su revisión contractual. Ambos sindicatos han solicitado un aumento salarial del 15 por ciento, lo que parece exagerado a algunas personas, no lo suficientemente informadas. Veamos el porqué.

Deterioro salarial

En 2004, el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Facultad de Economía de la UNAM publicó su reporte de investigación número 64, destinado a un análisis de los salarios del personal académico de la UNAM. A pesar del año de publicación, consideramos que los resultados ahí presentados siguen siendo fiel reflejo de la realidad actual y que, además, reflejan también lo que ha sucedido en todos las Instituciones de Educación Superior del país por lo que vale la pena revisar dicho reporte.

La Figura 1 sintetiza la pérdida de poder adquisitivo de los docentes universitarios con respecto a 1980. Como puede verse dicha pérdida, en términos reales, hasta 2004, había sido de más del 50 por ciento. Es decir, al día de hoy un docente universitario puede comprar menos de la mitad de lo que podía adquirir hace 30 años.


Figura 1: Poder adquisitivo del salario del personal académico de la UNAM (profesor de asignatura “A”)

Esta política de deterioro salarial ha sido impulsada por los gobiernos neoliberales y demuestra su enorme desprecio por la educación pública superior y por la inversión en ciencia y tecnología, con lo que nuestro país paga un altísimo precio en términos de dependencia tecnológica del extranjero.

Esta política perversa ha sido instrumentada por medio de los llamados “topes salariales” cuyo objetivo es contener los aumentos salariales y disminuirlos en términos reales cada vez más. Para 2012, el gobierno de Felipe Calderón ha decidido imponer a los trabajadores universitarios un tope salarial del 3.8 por ciento, lo que a todas luces no resarce en lo absoluto el deterioro de las tres últimas décadas.

Aumento de precios

Al mismo tiempo que se imponen topes salariales, aumentan los precios.

Del 1° de diciembre de 2006 a marzo de 2011 la CAR (Canasta Alimenticia Recomendable) incrementó su costo 106.5 por ciento, al pasar de 80.83 pesos diarios a 171.37 pesos (fuente: estudio “En medio del sexenio, la caída del poder adquisitivo del salario es mayor que en la década perdida”, CAM de la Facultad de Economía de la UNAM, www.economia.unam.mx/cam/pdfs/rep86.pdf (05/10-09/02/11), actualización en La Jornada, 09/06/11). Y es necesario aclarar que la CAR no incluye otros gastos esenciales como son: transporte, educación, esparcimiento, cuidados personales, vivienda, vestido, gastos médicos, etc.

Por otra parte, la canasta básica registró un incremento del ocho por ciento el año pasado. Entre febrero de 2011 y la segunda semana de enero de 2012, el costo del consumo individual de productos básicos pasó de 522.80 pesos a 564.67 pesos (La Jornada, 05/02/12).

El precio de la gasolina Magna en diciembre de 2000 era de $5.27, en febrero de 2012 cuesta $9.91, es decir $4.64 más cara (aumento del 88% en una década).

La doble pinza de contención salarial y aumento de precios ha significado para todos los trabajadores, no sólo universitarios, la renuncia a parte significativa de nuestros ingresos, una disminución evidente de nuestro nivel de vida y una fuerte contracción del mercado interno, lo que a su vez ha repercutido de manera negativa en el desarrollo industrial y empresarial, pues los negocios necesitan que la gente tenga dinero para que ellos puedan vender sus mercancías y servicios. Así que se trata de una espiral perversa de mayor empobrecimiento para la inmensa mayoría de la población.

Juzgar a una profesión

Hay quien pretende justificar que los profesores universitarios tengamos bajos sueldos ya que conocen a algunos profesores que no hacen bien su trabajo. Sin embargo, cabe señalar que no se puede juzgar a toda una profesión por aquellos que no trabajan de manera adecuada. De otra manera ninguna profesión u oficio se salvaría, pues muchos conocemos, por ejemplo, médicos, abogados, plomeros o cocineros que no hacen bien su trabajo, pero no por esto ponemos en duda la valía de la profesión u oficio en la sociedad.

* Secretario general del SUPAUAQ

anbapu05@yahoo.com.mx

 

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