Opinión

¿A dónde se llevaron a Uriel Polo? Crónica negra del 1° de diciembre

Amplia gama de grises

Por: José Luis Álvarez Hidalgo

El video espontáneo que tomó una chica del momento en que uno de los jóvenes manifestantes es reprimido por la policía, estremece, duele e indigna: en un inicio se ve a un grupo de policías que rodea a un ser acorralado, la chica dice algo sobre alguien, la cámara desciende y al ras del piso nos muestra a un joven desplomado y que apenas logra sostenerse, la chica le grita que diga su nombre, él responde “¡Hasta la victoria siempre!” y luego dice un par de veces “¡Uriel Polo! ¡Uriel Polo!”, para luego mencionar un número telefónico y agregar: “¡Es de mi mamá!”. Enseguida la chica le vuelve a exigir que diga su nombre, una, dos, tres veces y Uriel ya no responde más, se desploma totalmente, flácido, inerte, como una marioneta a la que le cortan los hilos y del grupo de policías surgen manos como tenazas que se lo llevan a rastras a un lugar ignoto del que aún no tenemos razón. ¿A dónde se llevaron a Uriel Polo?

Ésta es la historia que se repite una y otra vez en cientos de videos tomados por los mismos jóvenes perseguidos, violentados, aplastados por las fuerzas policíacas en aras de “mantener el orden” a costa de lo que sea. Otro video es impresionante por su crudeza: un joven de 27 años de edad y de nombre Román García, enfrenta a los policías cuando presencia la detención violenta de dos mujeres y les exige su liberación; Román sólo les confronta verbalmente y, repentinamente, una fiera vestida de granadero surge de no sabemos dónde, lo arrolla con toda su corpulencia y lo arroja a las fauces de los demás policías, que se abren y cierran como la gigantesca quijada de un gran depredador y se lo engullen sin dejar rastro. ¿A dónde se llevaron a Román García?

Las detenciones arbitrarias, injustas y violentas fueron la tónica de esa tarde negra. El manto oprobioso del régimen autoritario, recién estrenado en la exhibición de su dureza y criminalidad, se hizo presente y devoró a los que ejercían su legítimo derecho a la protesta. Es el saldo del primer día de gobierno de Enrique Peña Nieto y ya está teñido de sangre, como lo estará todo su sexenio. Es la apuesta del que se sabe débil y acorralado por su propia ilegitimidad. ¿Qué es lo que nos espera en los días por venir?

No es sólo la violencia desproporcionada y ciega, es también la trampa, el engaño y el nivel de asfixia al que han sometido a nuestros jóvenes con el azote de un sistema capitalista criminal y al servicio de los poderosos. El sistema, nuevamente, infiltró el movimiento de protesta y la horda de provocadores hizo de las suyas para criminalizar a los jóvenes del #YoSoy132 y a todos los que protestaban pacíficamente. A los que destrozaron las calles se les dejó hacer para luego culpabilizar a todos los demás de tales agravios. ¿Qué buscaban los instigadores de la violencia y que no fueron los jóvenes pisoteados y agredidos por el poder? Cabe decir que los medios de comunicación alineados sólo señalan a estos últimos… ¿por qué será?

Justamente por eso: para criminalizar la protesta. Ahora que el gran tiranosaurio del PRI vuelve a hacerse del poder fraudulentamente, viene a imponer su ley con todo y contra todos que osen disentir de su mandato. No hay permiso para el disenso, no habrá tolerancia para los adversarios que al interponerse a sus designios, en automático se convierten en enemigos del régimen y, por ende, tienen que ser eliminados acusados de perturbar la “paz pública”, el nuevo delito predilecto en la perversa lógica del poder.

Nos esperan tiempos aciagos, días nublados con amenaza de tormenta en donde los jóvenes al borde de la asfixia social están a punto de estallar y no podemos culparlos por ello. ¡Están hasta la madre! Y aunque no compartimos sus métodos o sus consignas al son de “¡No somos guerrilleros, pero pronto lo seremos!”, los comprendemos en la tremenda injusticia de la que son objeto por un régimen que los excluye, los mancilla, los reprime y los hunde en la ignominia.

¿Éstas son las navidades con sus noches de paz y el año nuevo feliz que está llegando y que el poderoso celebra con júbilo desmesurado? La lucha seguirá por devolverle a este país un rostro humano y con el derecho irrenunciable a la justicia social; es la lucha por echar atrás una reforma laboral que los dueños del capital han diseñado para acabar con el pueblo trabajador y cerrarle la puerta de un trancazo al futuro de los jóvenes. Desde aquí les gritamos que no están solos y que no nos vamos a dejar.

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