Opinión

A dos años de la noche de Iguala

Por: Kevyn Simon Delgado

PARA DESTACAR: Pocos años atrás, en el 2010 y 2011, habíamos conocido masacres como las de San Fernando, Tamaulipas, en las que cientos de migrantes fueron asesinados y enterrados en fosas comunes. Pero en Iguala, ¿por qué empeñarse en desaparecer a tantos estudiantes?

Dos años ya de la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero. Aquella trágica noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, la pesadilla se volvió realidad. Los hechos resultaban tan escalofriantes y tan increíbles que muchos tardaron en creer que fuera cierto. En la Ciudad de México, como cada año desde 1978, se estaba por realizar la marcha conmemorativa de la matanza del 2 de octubre de 1968, que iría de la plaza de Tlatelolco al zócalo capitalino.

Esta marcha se dio 6 días después de la noche de Iguala, sin embargo, la principal bandera que se ondeó durante la manifestación, fue el apoyo solidario a la huelga que mantenían las y los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, contingente que dicho sea de paso, se había negado a participar para no mezclar las luchas. Sobre los compañeros de Ayotzinapa no se dijo realmente mucho; aún no se sabía realmente mucho. Se esperó la confirmación de los medios más creíbles para que entonces la indignación nacional creciera como la espuma.

Estábamos ante uno de los mayores crímenes de lesa humanidad perpetrados en México. El saldo: decenas de heridos, tres normalistas asesinados -uno de ellos quirúrgicamente desollado-, otros tres jóvenes futbolistas de tercera división también asesinados a tiros y, finalmente, los 43 normalistas desaparecidos.

Ciertamente un caso excepcional considerando su magnitud y difícil de comprender. Pocos años atrás, en el 2010 y 2011, habíamos conocido masacres como las de San Fernando, Tamaulipas, en las que cientos de migrantes fueron asesinados y enterrados en fosas comunes. Pero en Iguala, ¿por qué empeñarse en desaparecer a tantos estudiantes? Según la “verdad histórica” que construyó el Gobierno federal, un grupo criminal confundió a los normalistas con el grupo rival con el que se estaba disputando la plaza, versión que no se sostiene ya que los estudiantes no iban armados y por ende, nunca contestaron las agresiones de las que fueron objeto, tanto de civiles armados, la policía y el Ejército, esta última, institución que insiste en negar su responsabilidad en el hecho a pesar de las diversas pruebas presentadas en su contra, que afirman que los elementos de la zona militar, además de conocer lo que les estaba pasando a los normalistas, simplemente los miraron morir.

El informe presentado por el entonces procurador, Jesús Murillo Karam, conocido popularmente como “verdad histórica” se ha caído a pedazos. El mismo lo presencié por televisión mientras estaba en una cocina económica, y recuerdo que todos los presentes dejamos de comer y el mesero y las dos cocineras dejaron de trabajar para escucharlo. Punto a punto, grupos de expertos independientes, nacionales y extranjeros, refutan las posibilidades con las que la PGR quiso dar carpetazo al crimen, sobre quiénes estuvieron implicados, sobre la supuesta responsabilidad de los normalistas, sobre el papel del Ejército, sobre dónde y cómo fueron supuestamente incinerados los cuerpos, sobre las personas inculpadas del hecho.

Siguieron dos meses de movilizaciones a nivel nacional y mundial exigiendo justicia. Varias ciudades de Guerrero ardían, la Ciudad de México salía en inmensas marchas, decenas de universidades hicieron paros solidarios –incluyendo la UAQ-, embajadas de México eran puntos protesta en muchos países… pero, llegó la navidad y con ella las vacaciones de diciembre y el reflujo fue evidente. El Gobierno logró aguantar y desgastar a la sociedad civil. A dos años de la terrible noche de Iguala, la administración de Enrique Peña Nieto va en picada, la desaprobación hacia su actuar es contundente, pero parece que la misma sociedad también dio su carpetazo a los normalistas de Ayotzinapa, entrando en la etapa de duelo ¿Hay esperanza de que haya justicia? Parece difícil, ya que la tragedia parece infinita y la tristeza es muy profunda.

 

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba