Opinión

¿A quién sirve la democracia electoral?

Por: Martagloria Morales Garza[1]

PARA DESTACAR: El problema de la democracia electoral es que puede, y de hecho lo está, dominada por el dinero y el poder de control de los medios de comunicación.

Hace algunos meses, a finales de 2015, nadie aceptaba la idea de que fuera posible siquiera que Donald Trump fuera el candidato del Partido Republicano en los          Estados Unidos, y mucho menos que tuviera alguna posibilidad de ganar.

Hoy, ambas cosas son posibles; el lunes 2 de mayo la firma encuestadora Rasmussen Report, publicó los resultados de un sondeo telefónico y por primera vez encontró que D. Trump obtendría 41% de los votos contra el 39% de H. Clinton. Ciertamente la propia empresa reconoce que en promedio sus sondeos telefónicos hasta hoy conceden una ventaja a H. Clinton sobre Trump de 7.3 por ciento.

Además, ayer Trump se impuso prácticamente como candidato del Partido Republicano, pues después de ganar Indiana, los otros dos candidatos republicanos se retiraron: primero el senador Ted Cruz y luego el gobernador de Ohio, John Kasich. Con esto, la contienda republicana se quedó solo con D. Trump, o sea, prácticamente es el candidato del Partido Republicano.

Es decir, por una vía democrática, como son las elecciones primarias en los EEUU, existe la posibilidad de elegir a un candidato a la Presidencia no democrático. Esto no es una novedad, habría que recordar que así sucedió en Alemania con la elección de Adolfo Hitler, y en Italia con Benito Mussolini. Es decir ganaron las elecciones y luego disolvieron la democracia.

Se podría decir, como hacen muchos, que la democracia no es un sistema perfecto, pero no se ha encontrado uno mejor. Posiblemente sea cierto, pero tengo algunas dudas, por qué habría que preguntarse ¿qué propicia que los norteamericanos ahora, y otros países antes, voten democráticamente por este tipo de personas que en esencia no son democráticos?

El problema de la democracia electoral es que puede, y de hecho lo está, dominada por el dinero y el poder de control de los medios de comunicación. En el caso de EEUU, aún más que en otros países pues el dinero que se usa en las campañas no es fiscalizado, pues no es público, así que cualquier millonario puede ganar las elecciones presidenciales, como es el caso de D. Trump.

Se dice, que un grupo de los más ricos empresarios norteamericanos se oponen a Trump gane, entonces, ¿quién está detrás de D. Trump, pues su propio dinero y un discurso descaradamente racista, discriminatorio, intolerante, antidemocrática y populista, quizá esta última parte, es la que ha atraído a la mayoría de los electores que están con este candidato.

El discurso económico de Trump, es sin embargo un enigma, pues por un lado, es sin duda un candidato de derecha, pero por otro lado, habla en contra del tratado de Libre Comercio con México y con Canadá, habla de regresar empleos a los EEUU y de tener, en síntesis una política proteccionista, lo cual resulta extraño, para un país, que ha impulsado,  en el mundo, con diversos matices y tonalidades, el neoliberalismo durante los últimos 20 años. Y a esto se opone D. Trump o dice oponerse, porque no ha beneficiado a los Estados Unidos.

Curiosamente los discursos populistas en los últimos años, siempre los ha tenido la izquierda, pero tanto Hitler como Mussolini los usaron. Dicen los analistas políticos norteamericanos, que este mismo descontento con el neoliberalismo también domina el discurso del candidato demócrata y Senador B. Sanders, quien se mantiene en la contienda, a pesar de tener pocas posibilidades de ganarle a H. Clinton, con la idea de obligar al Partido Demócrata a sostener una postura más progresista y socialmente responsable.

Quizás comparten discurso pero no soluciones, eso es claro, mientras D. Trump propone muros divisorios entre México y EEUU y barreras arancelarias altas con China, y dejar de apoyar a la OTAN a nivel internacional, Sanders propone programas de ahorros gubernamentales para  generar empleos en los EEUU y de programas de  asistencia, más amplios, con los más pobres.

Lo cierto es que los electores están molestos, el dinero funciona muy bien para manipular la molestia, en contra de los “otros”, y quizá esto propicie un gobierno republicano que no servirá para generar empleos en los EEUU, salvo que ellos estén dispuestos a hacer los trabajos mal pagados que realizan nuestros migrantes mexicanos y centroamericanos. La política de Trump podrá encarecer los productos chinos, pero no podrá producirlos a mejor precio, porque hace rato que la industria manufacturera se hizo trasnacional, justamente para hacerlos más baratos, pues la mano de obra en los EEUU es muy cara.

Así que la solución habrá que buscarla en otros lados, quizá ahorrar dinero que se gasta en la guerra, como propone Trump, pero eso dejará a miles de soldados norteamericanos sin empleo, lo cual en el corto plazo no necesariamente mejorará la situación de los ciudadanos norteamericanos.

Donald Trump representa un riesgo para la democracia norteamericana, y lo paradójico es que será electo por la propia democracia, en este contexto es que me pregunto ¿a quien sirve la democracia hoy? ¿Al poder del dinero, o al pueblo?


[1] Profesora investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro. garza@uaq.mx

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