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“Acompañar hasta el final: lo que los cuidados paliativos nos enseñan sobre vivir”

Hay momentos en la vida en los que el cuerpo se vuelve frágil , el tiempo cambia de ritmo y las certezas se debilitan. En esos momentos, más que curar, lo verdaderamente importante es cómo somos acompañados. De eso hablan los cuidados paliativos: de sostener la vida cuando duele, cuando se transforma, cuando se vuelve vulnerable. Durante años se ha pensado que los cuidados paliativos solo son proporcionados a pacientes que padecen cáncer o al final de la vida. Sin embargo, la vida es un proceso continuo de adaptación. Envejecer o vivir con insuficiencia renal, con enfermedades cardíacas, pulmonares o con demencias implica aprender a habitar un cuerpo distinto. Los cuidados paliativos existen para acompañar ese tránsito, no para apagar la vida, sino para proteger su calidad, su dignidad y su sentido vital. Todos, en algún momento, necesitaremos ser cuidados y casi todos tendremos que cuidar a alguien que amamos. Nadie nos enseña a hacerlo. Nadie nos prepara para el cansancio, la incertidumbre, el miedo o la tristeza que acompañan al rol del cuidador. Por eso, los cuidados paliativos no solo miran al paciente: también sostienen a quien cuida, porque cuidar sin apoyo termina por quebrarnos.

Desde este lugar ejerzo mi práctica, mi nombre es AteneaSisy Domínguez López. Soy egresada de la Universidad Autónoma de Querétaro, la primer radio oncóloga en México en estudiar un Alta Especialidad en Cuidados Paliativos.Este camino no nació solo del estudio, sino del contacto profundo con personas reales, con historias, con pérdidas y con esperanza, surge desde un profundo anhelo de integrar la ciencia con el cuidado holístico y con ese sentido humano que habita en cada uno de nuestros corazones. Hablar de la muerte no es rendirse. Nombrarla no la adelanta, pero sí nos permite vivir con mayor conciencia, tomar decisiones con dignidad y afrontar nuestros miedos. En cuidados paliativos entendemos a la persona como un todo: cuerpo, emociones, vínculos, historia y espiritualidad. El valor de una vida no se mide por su duración, sino por la forma en que es vivida yacompañada.

Desde una mirada holística he aprendido que aliviar no siempre implica intervenir y que, a veces, el acto más terapéutico en la enfermedad es la presencia. Incluso en la Unidad de Cuidados Intensivos en la que actualmente me desempeño, este enfoque transforma profundamente la manera de mirar: el paciente deja de ser un diagnóstico y vuelve a ser alguien con nombre y sentido de vida. No se trata de rendirse, sino de cuidar con conciencia, presencia y respeto. Reconocer los cuidados paliativos es también reconocer nuestra vulnerabilidad compartida como sociedad y la responsabilidad ética de acompañar con humanidad en cada etapa de la vida. Los cuidados paliativos no son un final. Son una forma profundamente humana de estar en la vida. Cuidar también es un acto de amor consciente, y, aprender a hacerlo, quizá, uno de los gestos más profundos y valiosos de nuestra condición humana.

draateneasy@gmail.com

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