Opinión

Adiós a Don Luis Ugalde Monroy: Un gigante queretano

El pasado día jueves, dos de enero de 2025, a las 9 de la noche, recibí una llamada del teléfono celular de Don Luis Ugalde Monroy. No le pude contestar de inmediato y le devolví la llamada, esa misma noche, media hora después. En esta ocasión, seguramente ya se había acostado e intentaba conciliar su sueño, por lo que no cruzamos palabras.

Al día siguiente, el 3 de enero, le marqué nuevamente, a eso de las 8:30 de la noche. Me dio mucho gusto que, en el tercer intento para ambos, logramos tener una conversación. Le expliqué a Don Luis que me daba mucho gusto saludarlo y que le ofrecía disculpas por no haber contestado a su llamada.

Me dijo, con voz entrecortada y rasposa:

“Mira Paco, solo te llamaba para desearte un Feliz Año Nuevo y pedirte una oración por mi salud, pues traigo una gripe muy fuerte. También te comento que ya le estoy pegando al centenario de vida y ya no es lo mismo que cuando estaba joven”.

Yo le respondí que me parecía un ejemplo de consecuencia el hecho de que aún le quedaba cuerda para seguir realizando actividades y que, tan pronto regresara a la Ciudad de Querétaro, me gustaría saludarlo en persona y platicar sobre sus proyectos para el 2025.

Pero lamentablemente, no supe entender su llamada como la despedida de un compañero que, sin el mérito de ser queretano más que por adopción, me brindó su amistad y la de su esposa, Doña Esther Durán Ortega. Ella me pidió un prólogo para su libro “Rompiendo el Silencio” que titulé “Y la madre Chole bailó Flamenco…” (Durán, 2010: XXVII-XXXV), sin duda por sugerencia del propio Luis Ugalde.

Efraín Mendoza Zaragoza también prologó ese mismo texto. Menciono esta circunstancia pues, casualmente, fue el amigo común de Don Luis y mío, Efraín, quien me comunicó que la madrugada fría del 4 de enero de 2025 nos había dejado Don Luis Ugalde Monroy. También me enteró, paralelamente de la triste noticia, nuestro editor de Tribuna de Querétaro, Víctor López Jaramillo, compañero desde la publicación de “El Nuevo Amanecer de Querétaro”.

Sin duda, la trascendencia de la obra de Don Luis, como sacerdote comprometido, como promotor y fundador del movimiento de las Cajas Populares en Querétaro y el Bajío, como activista consecuente con las causas populares y como amigo afectuoso, deja un hueco que cala profundamente entre quienes tuvimos una cercanía con su actividad social y cooperativista.

Me apena sinceramente no haber podido estar físicamente en Querétaro para acompañar las honras fúnebres de Don Luis en la catedral queretana. Pero sé que su reivindicación, el 7 de febrero de 2022, como persona y como sacerdote por parte de Don Fidencio López, Obispo de la Diócesis de Querétaro, también conocido personalmente como sacerdote progresista y solidario desde la parroquia de Menchaca, le confortó sobremanera y le permitió, a sus casi 100 años (1925-2025), hacer un cierre de oro en su ciclo vital.

Verdaderamente Don Luis Ugalde Monroy fue un “buen hombre” y UN GIGANTE QUERETANO. Descanse en paz este Quijote de gran impacto e influencia, tanto en el ámbito eclesial como en la perspectiva de la construcción de una sociedad más igualitaria.

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