Opinión

Adiós a lasana distancia

Por: Sólo para nostálgicos

Por: Salvador Rangel

El 1 de diciembre de 1994, en la toma de posesión como presidente de la República, Ernesto Zedillo Ponce de León decía: Como presidente de la República, procuraré, con todos los partidos por igual, un trato fundado en el diálogo, el respeto y la verdad. Esa será la norma en mi relación con sus dirigencias y con sus representantes populares, cumpliré estrictamente con la ley, gobernando para todos, sin distinción ni favoritismos de ninguna especie… no intervendré, bajo ninguna forma, en los procesos ni en las decisiones que corresponden únicamente al partido al que pertenezco.

Estas declaraciones no fueron del agrado de los jerarcas priistas con quienes mantuvo unasana distancia.

Estas palabras son opuestas a lo expresado por Enrique Peña Nieto en el 85 aniversario del PRI, al declararse orgullosamente priista, por dentro y por fuera, y así refrendó ser el número uno en el partido.

A la ceremonia de aniversario no asistieron los expresidentes priistas Luis Echeverría Álvarez, Ernesto Zedillo ni Carlos Salinas; tal vez es regla no escrita, pero cumplida, no hacer sombra al Jefe del Ejecutivo en turno.

Y el líder nacional del PRI, César Camacho Quiroz, hizo referencia a lo expresado en su día por Zedillo, pero en sentido contrario, al declarar que el priismo aprecia a Peña Nieto por su firme decisión de mantener unasana cercaníacon el partido.

Si a 85 años, 4 de marzo de 1929, de la fundación —en el Teatro de la República— del Partido Nacional Revolucionario (PNR), se estrenó en las elecciones presidenciales con su candidato Pascual Ortiz Rubio, que competía contra José Vasconcelos, tal parece que en ese proceso se inventó laalquimiaelectoral y Ortiz Rubio gana con el 93.55% de los votos, mientras que Vasconcelos apenas alcanza el 5.32%; es decir, un triunfo claro, rotundo e inobjetable.

Pero(siempre hay un pero) Pascual Ortiz Rubio, el claro vencedor de las elecciones presidenciales, no aguantó las presiones del fundador del PNR, Plutarco Elías Calles, y renuncia el viernes 2 de septiembre de 1932; en su lugar se nombra a Abelardo L. Rodríguez.

El 30de marzo de 1938, el Partido Nacional Revolucionario cambia de nombre a Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y Manuel Ávila Camacho es su candidato presidencial, pero tiene de contrincante a Juan Andrew Almazán, del Partido Revolucionario de Unificación Nacional.

La campaña fue violenta: el 7 de julio de 1940, grupos de empistolados recorrieron las casillas para intimidar a los votantes y robar las urnas en las que el apoyo a Almazán era notorio, y si en el escrutinio no era favorecido candidato oficial(Ávila Camacho), se alteraban las actas.

El resultado fue obvio, ganó Manuel Ávila Camacho con el 93.89% y Almazán únicamente logró el 5.72%. Otro triunfo claro, rotundo e inobjetable.

El 18 de enero de 1946, el PNR cambia de piel y se transforma en el PRI y su primer candidato civil es Miguel Alemán Valdés, quien triunfa con el 77.90%. Triunfo claro, rotundo e inobjetable.

Y para 1952, el PRI enfrenta un fuerte dilema: Alemán trató de reelegirse, pero el partido se lo impidió; trató de imponer a su primo hermano Fernando Casas Alemán y el partido se lo impidió. Este periodo de confrontaciones favoreció al candidato Miguel Henríquez Guzmán, quien buscaba la nominación del partido; al no obtenerla, se incorporó a la Federación de Partidos del Pueblo, que agrupaba un frente amplio de organizaciones políticas, agraristas y sociales que fueron un verdadero contrincante al candidato oficial, Adolfo Ruiz Cortines.

Y el día de las elecciones no fue distinto al del 7 de julio de 1940: autos recorrían las casillas y sus pasajeros intimidaban a los posibles votantes a favor de Henríquez Guzmán.

Y un triunfo claro, rotundo e inobjetable obtuvo Adolfo Ruiz Cortines, con el 74.31% y Henríquez Guzmán el 15.87%; las protestas no se hicieron esperar y fueron reprimidas con violencia por el gobierno de Miguel Alemán.

En las elecciones presidenciales de 1976, el candidato presidencial del PRI, José López Portillo, no tuvo contrincante, ganó pordefault.Sin opositor político, otro triunfo claro, rotundo e inobjetable.

En 1988, el triunfo de su candidato presidencial, Carlos Salinas de Gortari, fue cuestionado, ya que el sistema del conteo de votos se cayó cuando Cuauhtémoc Cárdenas llevaba ventaja; al reanudarse, ya lo aventajaba el candidato oficial. Ese ya no fue un triunfo claro, rotundo e inobjetable.

Y los nostálgicos ven que regresa el “dedo divino”, el del palomeo para seleccionar gobernadores, diputados, senadores, etc. Nada de sana distancia.

rangel_salvador@hotmail.com

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