Opinión

Agua ¿pura?

Sólo para nostálgicos…

Por: Salvador Rangel

El ser humano requiere de agua para sobrevivir. Los nutriólogos recomiendan la ingesta de dos a cuatro litros diarios, y es difícil cumplir con la meta mientras uno trabaja o estudia, por lo que la solución parece estar en la compra de agua embotellada, que se puede llevar a cualquier parte y, también, olvidarla o tirarla, aún con producto.

A partir del terremoto de 1985, en la Ciudad de México, el consumo de agua embotellada se generalizó; el riesgo de que las tuberías de agua potable estuvieran contaminadas aumentó la demanda. Pero no nada más en la Ciudad de México estaba el problema, en muchas ciudades del país la gente dudó del manejo higiénico del agua potable. La falta de cultura de mantener limpias las cisternas y depósitos de agua potable en las casas generó también la duda de beber agua directamente del grifo.

Este mercado de consumidores resulta un atractivo nicho para los embotelladores de agua. Marcas hay muchas; dudas de su calidad, también. El negocio es redondo, según datos de la organización no gubernamental “El Poder del Consumidor”; ésta señala que las empresas obtienen el 5,000 por ciento de ganancias por la venta de agua embotellada. Al menos en la ciudad de Querétaro, el costo de un metro cúbico de agua potable es de aproximadamente 17 pesos. Y el precio promedio de una botella de un cuarto de litro es de 10 pesos.

La demanda de agua embotellada en muchas ocasiones no es un lujo, es una necesidad, colonias marginales carecen de servicio potable de agua. Este aspecto no es nada más es un problema de salud, sino también político. Hay partidos políticos que lucran con esta necesidad: el agua potable. “Gestionan” el envío de agua en pipas y líderes de colonos la venden, o bien, los obligan a participar en actos electorales o afiliarse a determinado partido.

Y no falta candidato a puesto de gobierno que haga gala de compromiso político de “llevar agua” a colonias que la han solicitado desde hace años. Como si fuera una concesión personal, foto de por medio, abre una llave de agua frente a decenas de personas que le aplauden “el favor”. O bien, sólo existe una llave de agua comunal, que hace que las personas deban llenar sus depósitos y llevarlos a sus casas.

Se calcula que las ventas anuales de agua embotellada son de 26 mil 32 millones de litros al año, entre garrafones y botellas individuales. En cuanto al consumo de botellas individuales, se calcula que al día son desechadas 21.3 millones, lo que genera contaminación, la mayoría de las ocasiones en la vía pública, y obstrucción de coladeras. No pocas son arrojadas como proyectiles desde vehículos en movimiento.

Se debe buscar la cultura del reciclaje, no nada más de los envases sino rellenar las botellas con agua confiable. Sea por necesidad o por asegurar la salud, el consumo de agua embotellada, representa, en promedio, entre seis y doce pesos diarios para algunas personas.

Algunas marcas de agua saben a cloro, otras se anuncian bajas en sales y utilizan, según la publicidad, tecnología de punta en el proceso de purificación. Pero el público es quien decide y tiene sus marcas preferidas. En México, se calcula que el consumo anual per cápita de agua embotellada es de 234 litros; en Estados Unidos, 110; y España, 119.

Pero no nada más el consumo de agua potable es el problema, sino también el de refrescos, pues en no pocas poblaciones del país, es más seguro y está más a la mano encontrar un refresco que agua potable confiable. Este consumo genera obesidad, caries y, sobre todo, una carga económica familiar.

El otro lado del agua potable queda en manos del gobierno: cada día es más difícil encontrar mantos acuíferos. El crecimiento de población, ordenado y desordenado, es un problema urbano, la contaminación de fuentes naturales de agua es grave y la falta de plantas de tratamiento es un verdadero problema para las autoridades municipales y estatales.

Las tuberías de agua potable tienen años de no ser cambiadas y el deterioro por el uso y el paso de vehículos hace que se rompan o quede contaminada el agua. Otro problema es la cantidad de enfermedades gastrointestinales que de esto se produce, y que provocan ausentismo laboral y hasta la muerte.

Y los nostálgicos recuerdan sus ya lejanos años de infancia (no había agua embotellada) y cuando salen a la calle llevan su cantimplora de aluminio, previamente rellenada con agua hervida.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba