Opinión

Ahí te dejo 2 pesos

Alcázar 10-20

Por: Omar Árcega E.

twiter.com/Luz_Azul

«Ninguna familia se enriquece de ganar el salario mínimo.

De hecho, el salario mínimo actual ni siquiera saca a

una familia de la pobreza.»

Jon Corzine

La propuesta para realizar un referéndum nacional con la finalidad de exigir un aumento del salario mínimo abrió un debate sobre la injusticia de los actuales tabuladores y las formas en que esto podrían revertirse. El gobierno de Distrito Federal ya ha presentado líneas de acción medianamente claras para afrontar la situación.

Importa discutir temas como productividad, reglas laborales indignas y un concepto justo de “flexibilidad laboral”. Dada la amplitud del tema, en esta ocasión conviene analizar algunos datos para, a partir de ahí, poder mostrar nuestras fortalezas y debilidades.

 

Salario familiar

El Observatorio del Salario Justo, un organismo académico que radica en Puebla, compuesto principalmente por economistas, ha realizado un estudio sobre cuánto es lo que necesitaría una familia de cuatro personas para vivir dignamente en el entorno mexicano. Dividen las necesidades de la familia en cuatro grandes rubros: satisfactores sociales, materiales, culturales y de educación. A su vez, éstas se catalogan en Canasta Básica Alimentaria (CBA) y Canasta Básica no Alimentaria (CBNA).

La CBA tiene un costo de $6,563.14 mensuales, mientras que la CBNA implica $9881.62, en ésta se incluyen temas como: vivienda, servicios, educación, recreación, transporte, prendas de vestir, calzado, cuidados de la salud; por citar algunos de los gastos más representativos. En otras palabras, un ingreso justo para una familia de cuatro miembros debería rondar los $16,444 pesos.

Un monto que a millones de mexicanos les queda muy lejos de sus percepciones reales. Nuestro salario mínimo es de los más bajos del mundo; abajo incluso del sueldo existente en países como Honduras, el Salvador, Guatemala, Ecuador y Perú. El salario en México se puede comparar al existente en países como Bielorrusia, República Kirguiz, Kazajstán, Rusia, Tayikistán, Uzbekistán, Gabón, Uganda y Laos, que han padecido severos desastres económicos, políticos y sociales en las últimas décadas.

México tiene dos salarios mínimos según el área geográfica: en la primera zona es de 2,018.70 pesos mensuales y en la segunda de $1,913.11. Con estos sueldos, una familia debería tener ingresos equivalentes a ocho salarios mínimos para poder cumplir las necesidades de sus miembros. Privilegio que sólo un pequeño porcentaje de la población tiene: sólo una de cada catorce personas percibe un sueldo de cinco salarios mínimos o más.

De acuerdo con la Constitución federal mexicana, en el Artículo 123, apartado VI, se señala que los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos. Es claro que con el salario mínimo esa existencia se convierte en una utopía. El salario mínimo se calcula sólo pensando en la canasta alimentaria, como si el ser humano no tuviera otras dimensiones que son, precisamente, las que nos distancian de los animales. Educación, transporte y aspectos lúdicos son algunos de los muchos rubros que no contemplan nuestras autoridades.

Casi una de cada dos mujeres percibe dos o menos salarios mínimos; en esta situación están uno de cada tres hombres. Mientras que uno de cada doce hombres recibe cinco salarios o más, en mujeres la proporción es de una de cada dieciséis. Datos que nos muestran que aún existe una inequidad en la percepción derivada del sexo.

En la tan cacaraqueada tierra de oportunidades que dicen se llama Querétaro, las cifras no son halagüeñas, el 48% de los trabajadores recibe un sueldo de 2.99 salarios o menos. Mientras que sólo el 9% recibe cinco salarios o más. Un dato más que nos muestra la inequidad de nuestro estado.

Estos datos nos muestran que estamos en un país inequitativo, donde la mayor parte de la población carece de las condiciones materiales para llevar una vida digna. Por lo que urge una revisión no sólo de los salarios mínimos, sino del modelo económico que impulsamos, pues éste sólo privilegia a unos pocos a costo de la miseria de muchos.

A nivel nacional, el tener salarios tan bajos genera un débil mercado interno y mercancías invendibles, pues la población no tiene dinero suficiente para consumir y, por otro lado, en los hogares aumenta la incertidumbre, la pobreza y se deteriora el nivel de vida de las personas. A la par de temas como la inseguridad y la corrupción, el tema de los sueldos raquíticos es el otro gran tema nacional, pues de ello dependen las oportunidades sociales y de bienestar de las próximas generaciones.

La discusión es muy amplia y tiene muchas aristas, pero el punto central es que somos parte de un modelo económico anclado en el individualismo, el egoísmo y el consumismo, donde las personas están al servicio del interés económico y no al revés; éste sólo privilegia a unos pocos a costo de la miseria de muchos.

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