Ajedrez: enseñar al cerebro a pensar

Cada vez con mayor frecuencia llegan a mis dispositivos invitaciones y anuncios relacionados con la llamada “inteligencia artificial”, nombre que no corresponde con la realidad cuando realmente son “modelos de lenguaje”.
Los anuncios me prometen “aprender la IA desde lo básico”: ChatGPT, Grok, Gemini, Canva para hacer tareas antes lentas y complejas que estarán listas en unos cuantos minutos con el “prompt” adecuado. Aprendamos a que la “IA” trabaje para nosotros.
Sin embargo, esta es mi enorme preocupación. ¿Somos capaces de delegar una inmensa cantidad de tareas a la IA? El politólogo Juan Carlos Monedero ha hecho una analogía muy pertinente, trayendo a la palestra la obra de teatro de Edmond Rostand, “Cyrano de Bergerac”, que trata de un tipo inteligente y articulado, aunque fallido físicamente y perdidamente enamorado de Roxanne, a su vez enamorada de Christian, la antítesis física y sobre todo intelectual de Cyrano. Para ganar el amor de la dama, Cyrano presta su inteligencia a Christian. Con un poco de inteligencia y experiencia de vida, ya sabemos cómo termina el drama. Sí, hacia allá nos encaminamos como humanidad.
¿Cómo salvar este enorme problema actual y que parece empeorará en el futuro? Una de las soluciones radica en un viejo juego de mesa, del que nadie sabe su origen pero que a través de los siglos ha sido reconocido como una de las principales actividades intelectuales. El ajedrez no es para personas inteligentes: el ajedrez hace a las personas inteligentes, en el sentido del saber plantear un problema, buscar una solución y aplicarla. Materia obligada en el currículum educativo en muchos países, el ajedrez realmente enseña a pensar. A confiar en las capacidades propias además de desarrollar muchas otras habilidades necesarias para la vida.
¿Qué materia escolar nos enseña a tratar con las emociones de derrota y también de victoria? ¿A dónde acudir para ganar coraje en la toma de decisiones y aceptar las consecuencias? En las competiciones deportivas se aprende, aunque tales eventos no son para todas y todos: hay que formar parte de un equipo, en muchas ocasiones de alto rendimiento. Sin embargo, una tabla con 64 casillas y 32 piezas lo enseña tanto a la persona principiante como al gran maestro. Es difícil hallar una materia, una disciplina que nos enseñe a pensar de manera estructurada, secuencial y con un fomento a la creatividad y la imaginación, y para conseguirlo precisamos un diplomado en “comunicación y pensamiento estratégico”, de difícil acceso para la mayoría en coste y disponibilidad.
No importa nuestro grado de habilidad en el ajedrez, su práctica nos enseña a mirar hacia el futuro y conocer de la lógica, pero también de la suerte, a lidiar con las emociones que provocan tanto la proximidad de la victoria y de la derrota. Y por si todo lo anterior no fuese suficiente, el aprendizaje es prácticamente gratis. A un juego de ajedrez no se le acaba la batería, ni requiere conexión a internet.
En nuestra época incierta, practicar nuestras habilidades cognitivas es imprescindible. Y que mejor hacerlo con un juego. ¿Le damos la oportunidad al ajedrez?



