Opinión

Alfabetización política en operación hormiga

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

A Emiliano, para festejar su primera credencial de elector.

En diversos medios y de muy diversas fuentes, incluso oficiales (o del mismísimo Papa), escuchamos insistentemente que la situación de nuestro país se ha descompuesto como nunca antes. Nuestra propia experiencia parece indicar que basta con señalar un punto en cualquier lugar en el espacio, para que brote pus.

En todos los niveles de la estructura social mexicana y de modo constante, surgen graves escándalos cuyos protagonistas siguen y seguirán impunes: el presidente de la república y su bella esposa, el cansado titular de la PGR, diversos miembros del ejército (multi-señalados como agresores de los derechos humanos y multi-defendidos por el ejecutivo y los empresarios), los inauditos magistrados del TEPJF (que dan carpetazo al Monexgate), diversos secretarios, legisladores, presidentes de los partidos políticos (como Gutiérrez de la Torre y su red de prostitución), gobernadores (como Murat o Moreno Valle), alcaldes (como Abarca), regidores, o consejeros del INE (cuyo primer “servicio a la nación” es aumentarse el sueldo), policías municipales, candidatos a puestos de elección (como el junior Aguirre), pudientes empresarios tras el erario público (como el duopolio televisivo o el Grupo Higa), líderes sindicales podridos en dinero (como Romero Deschamps), o en fatuo narcisismo (como Gamboa Pascoe, que acaba de autoerigirse una estatua)…

Surgen además, por todos lados, notas rojas relativas al desastre que vivimos: No sólo sobre la violencia o el avance de la delincuencia organizada, ni el injusto encarcelamiento de quienes intentan defenderse, sino también sobre la súbita caída del precio del petróleo, la del peso frente al dólar; la pérdida del fondo de pensiones del ISSSTE; el extravío de 396 millones de pesos de la campaña contra el hambre; el faltante en la Secretaría de Salud de 2 mil millones; el desfalco de las afores en contra de los trabajadores (quienes perdieron, “por las fluctuaciones de la bolsa”, en un solo mes, 80 mil 492 millones); el fraude millonario de Ficrea y, en Querétaro, el de la caja “30 de Agosto” (soterrada por el Estado en donde no pasa nada); la agresión jurídica, salarial y mediática contra maestros y enfermeros de instituciones públicas; las leyes incompletas o procesos jurídicos laberínticos, que pierden expedientes, mandan al limbo los casos graves y dejan impunes a los responsables o mantienen presos por años a muchos inocentes; la desesperación que vuelve vándalos a los afectados…

Y cual cerezas del pastel, las últimas iniciativas del jefe del ejecutivo, como la de crear una comisión anticorrupción que empiece por investigarlo a él mismo, o la de reformar la ley para permitir que agentes extranjeros porten y operen armas en nuestro país (¡!), así como las declaraciones del magistrado Galván, del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, señalando que “ante la falta de credibilidad en las instituciones nacionales, está en manos de la ciudadanía dar confiabilidad al proceso electoral”. Es decir, como las elecciones seguirán siendo un fraude y los responsables no pueden evitarlo (a pesar del dineral que reciben), que los ciudadanos se hagan cargo del buen funcionamiento (en el tiempo que les quede libre, si les es posible, además de bregar por conseguir el sustento. ¡!).

Frente a esta situación, ¿quién duda aún de la necesidad urgente de refundar a la nación? La respuesta es muy diversa.

Muchos estarán de acuerdo con esta idea, pero muchos otros están tan ocupados en sobrevivir y tan abrumados por lo que sucede, que ni siquiera logran plantearse el problema. Para otros la refundación del país se muestra como una tarea tan formidable, tan enredada y tan lejana, que más vale no emprenderla, dejar todo como está y adaptarse, cual avestruces, intentando ser felices con lo que hay.

En concreto, quienes buscan la refundación, se debaten entre tres opciones frente a las próximas elecciones (presentadas con frecuencia como dogmas): la abstención, la anulación o el voto contra los principales partidos (PRI, PAN, PRD). Lástima que los menores, el verde, el turquesa, el naranja o el humanista no representen alternativas reales. ¿Qué onda con Morena?

Falta algo fundamental, en este complejo proceso, para refundar la nación: La alfabetización política de la ciudadanía, que trasciende los procesos electorales y la lucha partidista. ¿A quién le corresponde emprenderla?

Los ciudadanos comunes requieren intensos y sistemáticos encuentros reflexivos, para comprender mínimamente algo tan complejo como las causas y consecuencias, no sólo de las opciones arriba planteadas sino, sobre todo, de otras formas de democracia (¿acaso lo que tenemos es una?), en las que el dinero no juegue un papel preponderante y que urge conocer y ensayar.

Como no podemos esperar tal alfabetización de los partidos políticos, pues andan demasiado ocupados consiguiendo nuestro voto, a los ciudadanos comunes nos queda emprender una intensa operación hormiga.

Muchos ya contribuyen a dicha alfabetización, con pequeñas acciones en diversos espacios: canta autores, periodistas, maestros, escritores, científicos sociales, catedráticos, jóvenes activistas, padres y madres de familia o incluso amigos en gozosas tertulias o conversaciones informales.

Falta que se integren muchos otros, para abrir las ventanas a quienes aún no logran ver ni escuchar.

¿Cómo contribuye usted, amable lector, para aumentar su propia comprensión sobre este tema, y la de quienes lo rodean?

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