Opinión

Algo de corazón, carajo

Por:Rafael Vázquez

No son las declaraciones cínicas como las hechas por Enrique Peña Nieto: “México lleva más de ochenta años de estabilidad política con relevos estables en el gobierno federal”, no es su comitiva de más de 200 personas en Londres, no son los vestidos de miles de pesos de la primera dama y sus hijas, no es el papel –varias veces interpretado- de un presidente sin la mínima cultura básica.

No es tampoco, el escaparate virtual de los medios de comunicación, que insisten en describir un país rico que está progresando, en el que el futuro florido está lleno de éxito y días claros. No son los excesos de la clase política a la que estamos ya tan acostumbrados, no son los millones de pesos invertidos en spots de televisión y radio recordándonos la miseria cotidiana, pero prometiendo un paraíso a cambio del voto. No es la misma promesa de todas las elecciones.

No es la discusión en las cámaras legislativas por la modificación a la ley de transparencia, no es el hecho de que quieran eliminar los pocos mecanismos de rendición de cuentas para que la ciudadanía pueda exigir documentos oficiales, presupuestos, contratos. No es que pretendan regresar a la época de la “partida secreta” que el presidente podía usar sin tener que rendir cuentas.

Tampoco es  -aunque es gravísima- la iniciativa de ley que pretende darle nuestros pozos de agua  a compañías privadas para que puedan dar prioridad a las grandes empresas (refresqueras, cerveceras, etc) y que el  usuario promedio acabe pagando por lo que las grandes empresas hacen. Es más, ya nos acostumbramos y con beneplácito sabemos que cuatro millones de “informales” ahora contribuyen al erario público con tres pesos miserables que se esfuerzan por dar para evitar el aparato fiscal abusivo, mientras que a los consorcios trasnacionales se les condonan millones de pesos.

No son tampoco ya las redes de prostitución el tema, nuestros policías y políticos –desde el poli panzón del crucero hasta el Presidente de la República- son cómplices de un gran pacto de impunidad que protege el tráfico de armas, la trata de personas, la desaparición por miles de las personas, el narcotráfico y la desaparición de activistas y defensores de derechos humanos.

Me encantaría decir, como en otras épocas en Latinoamérica, que es sólo el ejército y sus generales golpistas, pero no es así. El ejército ha jugado un papel de comparsa de una clase política que los detesta, obvio, la élite es clasista y el moreno soldado raso que muere en enfrentamiento con el moreno narcotraficante es sólo una ficha más en un juego en la que la familia del rico no peligra, disfrutan de la buena vida en Miami y Europa. Mientras tanto jóvenes normalistas desaparecen en cuarteles. El Status Quo defendido a punta de bayoneta.

¿Es acaso el sistema electoral? Las multas simbólicas al Partido Verde Ecologista por su campaña electoral anticipada, aprovechando los llamados “cineminutos” (horas y horas de publicidad casi regalada) y la compra de votos con tarjetas que ofrecen descuentos en las grandes tiendas de los compadres, a cambio de unos cuántos millones que se pagan con el mismo bolsillo ciudadano. ¿Quitarles el registro? ¡Para nada! En esta democracia ficción, necesitamos simular “transición”, por lo cual permitir que un presidente de otro partido (¿Soy el único mal pensado que cree que se perfila una campaña para el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco?), sería excelente para los intereses del PRI, tan cuidadosos del qué dirán afuera del país.

Pero no, tampoco es eso, ni la designación del compadre Eduardo Medina Mora aun a pesar de la oposición de la sociedad civil, la opinión pública y unos cuántos legisladores que aun sordos de la percepción popular, creían un exceso tener a un amigo del presidente en la Suprema Corte de Justicia.

Mis preocupaciones no son esas, al contrario, no espero ya nada positivo de un gobierno alejado del pueblo, cuya frivolidad hubiera criticado la misma corte francesa del siglo XVIII. No son los champanes, ni los aviones, ni los viajes, ni las prerrogativas millonarias, ni las acusaciones de malversación de fondos de todos los ejecutivos en los estados, no es nada de eso.

Lo que realmente me preocupa, lo que me quita el sueño por las noches, lo que me arremolina las tripas  en el estómago y me genera una rabia, una ira que trasciende mis posibilidades descriptivas, es el beneplácito, el consentimiento generalizado, la justificación y hasta la defensa de la clase media a éste sistema podrido. Lo que me preocupa son los muchos hombres y mujeres defendiendo al opresor.  Me revienta el conformista idiota que mientras pueda pagar cuentas en restaurantes  y expresar su consumo y superficialidad en centros comerciales una vez por mes, no se queja. Lo que me preocupa, es usted querido lector, si es que el país hecho pedazos no lo moviliza a la acción.

Por cierto, no votaré estas elecciones, me voy a manifestar en mi correspondiente casilla. No les voy a dar mi voto para validar su confort, pero tampoco me quedaré en casa viendo cómo destruyen hasta las cenizas este gran país.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba