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AMLO, el mejor presidente de México en 50 años… caminando

Los problemas del país no son pocos ni son poca cosa. Eso es bien sabido y ni el peor de los “pejezombis” o “amlovers” los podría negar, ni minimizar. Muchos de esos problemas, como bien refirió AMLO, son una herencia del pasado, pero su claudicación ante la corrupción, el narcotráfico y la poca transparencia ni se nos olvidan ni dejan de decepcionarnos. Francamente, en esos y otros temas, su mandato ha dejado mucho que desear.

Sin embargo, esta semana nos amaneció con una noticia tan buena como histórica, sin exagerar y que, en mi opinión, hacen del personaje, el mejor presidente de los últimos cincuenta años, a saber, la dramática reducción de la pobreza y unano despreciable reducción de la desigualdad. Entre 2018 y 2024, la cantidad de personas en pobreza por ingresos pasó de 61.8 millones a 46 millones -una disminución de 15.8 millones- reduciendo la tasa del 49.9 por ciento al 35.4 por ciento. La pobreza multidimensional (que incluye carencias en salud, educación, vivienda, etc.) también disminuyó de 51.9 millones a 38.5 millones, restando 13.4 millones de personas.

La brecha salarial entre los más ricos y los más pobres se redujo significativamente, pues pasó de que los ricos ganaran 35.6 veces más que los pobres en 2010 a 15 veces en 2022. Según Inegi, los hogares con menos recursos aumentaron sus ingresos en 36 por ciento, mientras que los más ricos vieron caer sus ingresos en 7.6 por ciento en el periodo. Esto indica un avance hacia una distribución más equitativa de los ingresos.

Los datos son contundentes porque son muchas personas las beneficiadas y cambian la terrible tendencia histórica de las últimas cuatro décadas, el aumento de la pobreza y la desigualdad. El dato es tremendo porque revela que AMLO es el mejor presidente de los últimos 50 años, casi sin despeinarse (“caminando”…como se dice en el argot futbolero) y con la mitad de su sexenio en pandemia.

La fórmula de la hazaña del gobierno de AMLO no es para intelectuales ni sesudas reflexiones. Se trata de algo muy sencillo, la combinación afortunada de cercanía y valentía. AMLO fue un presidente cercano básicamente porque decidió no vivir en la burbuja de los neoliberales, que nunca se enteraron qué significa vivir con un salario mínimo o algo cercano a ello. Cientos de miles de trabajadores por años vieron cómo su salario mínimo cada vez alcanzaba para menos y cada vez más el estatuto del trabajo de poco servía para situarse dignamente en la sociedad. Valentía para desafiar paradigmas económicos que mostraron ser verdaderos gigantes con pies de barro. Sus visiones catastrofistas, según las cuales, si subía el salario mínimo, la inflación y la economía colapsarían, mostraron ser modelos econométricos con una fuerte base ideológica. El problema no es la ideología, sino el engaño que prodigaron por décadas, se les cayó el disfraz y también el teatrito.

Como ha quedado mostrado, la reducción de la pobreza se explica en buena medida por algunos sencillos ajustes a la política laboral, que anteriormente se dictaba soberanamente desde las cámaras empresariales. No es que uno quiera ser marxista, pero que razón tenía Marx cuando señaló que los Estados no eran más que los gestores y garantes de los intereses del gran capital. En México, nada más cierto.

Se implementaron aumentos anuales al salario mínimo muy por encima de la inflación. Pasó de 88.36 pesos diarios en 2018 a 248.93 pesos diarios en 2024 (y en la zona fronteriza del norte hasta más de 375 pesos). La meta era recuperar el poder adquisitivo perdido desde la década de 1980. En términos reales, se recuperó el poder adquisitivo más 110 por ciento en seis años.

La llamada reforma “anti-outsourcing” del presidente Andrés Manuel López Obrador se aprobó en abril de 2021 y significó un cambio profundo en la regulación de la subcontratación en México. En términos simples, el objetivo fue acabar con el uso abusivo de la subcontratación laboral, que servía a muchas empresas para evadir impuestos, reducir costos de seguridad social y evitar obligaciones con los trabajadores.

No hay que regatear el logro. Esta hazaña, llena de simpleza, pone a López Obrador muy bien situado en la historia nacional. Pero, tampoco seamos complacientes ni con él ni con la 4T porque muchos y no menores son los problemas que dejó pendientes y que aquejan al país.

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