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¿Aprender con manuales a pensar críticamente? Educación alternativa: ¿acierto o error?

Proliferan los discursos que señalan que la tarea fundamental de la educación escolar consiste, no solamente en “transmitir” conocimientos básicos de las materias oficiales, sino formar el pensamiento crítico. Por eso esta consigna es nodal en la Nueva Escuela Mexicana y por eso la SEP entregó al profesorado mexicano un Manual de pensamiento crítico, diseñado por UNICEF; así no habrá pretexto de no saber cómo hacerlo.

Sin embargo, este documento despierta ciertas sospechas, entre quienes desconfían de dicha organización, alineada al capitalismo, por pretender desarrollar tal facultad, dictando paso a paso lo que hay que hacer (según el criterio “SAFE” por sus siglas en inglés: secuencial, activa, focalizada, explícita). El manual inicia no problematizando la realidad, sino con definiciones y respuestas por anticipado a la pregunta ¿por qué es importante desarrollar el pensamiento crítico?

Aunque la mayoría de las-los profesores reconozca el valor central de la crítica, no deja de haber serios debates, sobre: ¿por qué seguir modelos del imperio, cuando la educación popular alternativa mexicana y latinoamericana tiene importantes experiencias didácticas?; sobre si los manuales apoyan o limitan la libertad de cátedra; sobre la falta de congruencia entre este valor y lo que enseñan las normales alineadas; sobre la contradicción implicada en exigir pensamiento crítico, cuando los propios sistemas de enseñanza, supervisión y evaluación institucional son altamente burocráticos y se cierran al cuestionamiento o al disenso; sobre por qué ciertos funcionarios se doblegan ante madres y padres de familia “críticos”, que alegan “violación de sus derechos” ante las exigencias docentes, pero no asumen ningún compromiso con la educación de sus retoños; sobre el papel que juegan ciertas secciones sindicales, protegiendo a profesores autonombrados “críticos” que violan normas, son ausentistas o no cumplen con lo que les toca…, y tantos otros.

Para colmo, mientras esto sucede en la escuela, niñas, niños y adolescentes aprenden con múltiples ejemplos de un ambiente polarizado en la familia, en la calle y en los gobiernos, que ser “críticos” consiste en denostar a quien piensa distinto, en rebelarse contra toda norma, en “no dejarse” … Si anteriormente las pedagogías críticas pugnaban por dar la palabra a las-los niños, el desafío hoy consiste en limitar el exceso de expresiones que se lanzan visceralmente, sin reflexión alguna.

Como he señalado, las-los profesores que practican la educación popular alternativa en escuelas públicas de nivel básico, en zonas rurales y urbanas desde hace varias décadas, tienen mucho que compartir sobre este tema, pues si alguien conoce bien las precarias condiciones, viejas costumbres y modos de comprensión de las familias, son ellos.

El contraste entre lo mal o bien que aprendieron en la normal, con lo que observan en sus comunidades, con la caótica y ruidosa información de la calle y las redes…, podríamos decir que el desarrollo de la conciencia crítica frente a los discursos dominantes, ya sean oficiales o comerciales, parece consecuencia lógica.

Sin embargo, el contraste no basta. Dichos profesores se han venido formando más que con manuales, en una intensa conversación teórico-experiencial, con colegas, que siguen el ejemplo de grandes maestras-os, que han enseñado en condiciones francamente adversas.

Cuando las-los profesores tienen como base la Pedagogía de la Comunicación y la pregunta y la perspectiva de clase, mucho pueden aprender y enseñar, con sólo recorrer las calles y observar con otros ojos lo que antes pasaba desapercibido, así como generando en el aula un ambiente de escucha activa mutua, ya que esta pedagogía inicia con mostrar un auténtico interés en comprender cómo están viviendo los alumnos su realidad, dentro y fuera de la escuela. ¿Por qué habría de atraerles aprender definiciones de pensamiento crítico, cuando están en modo naufragio o supervivencia?

Con dicha Pedagogía, los manuales pueden ser herramientas útiles cuando falta tiempo para diseñar algo adecuado a cada condición particular; sin ella, se corre el riesgo de convertir el proceso en otro trámite más.

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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